Coronavirus: Golpe de Estado Mundial

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Alfredo J Ramos, amigo nuestro, editor y periodista, creó en 2009 su blog La posada del Sol de Medianoche, donde hasta la fecha ha publicado 2243 entradas.

Alfredo nos envió recientemente un artículo que le había llamado la atención. Nos pedía si podíamos darle nuestra opinión sobre su contenido. El artículo se titula Covid 19: Operación acordeón. Su autor es Jorge Sánchez de Castro @elunicparaiso.

A continuación, reproducimos la opinión que nos ha merecido este interesante trabajo. Creemos que, ambos -el artículo de Sánchez de Castro y nuestra opinión sobre su contenido- pueden merecer la atención de nuestros seguidores. Este es el texto, en estilo telegráfico, que le hicimos llegar a Alfredo.

  1. El artículo es, simplemente, brillante, en fondo y forma, más allá de que se comparta el punto de vista del autor o se disienta de él como nos ocurre a nosotros, en parte.
  2. Se trata, pues, de un artículo para guardar, como hemos hecho, junto con el agradecimiento a ti por habernos puesto en la pista de este trabajo.
  3. ¿En qué estamos de acuerdo con el autor y en qué discrepamos de él? Estamos de acuerdo en que “las grandes corporaciones internacionales, China, EE.UU. …” serán las grandes beneficiadas. Vamos, es que tinto y en el frasco, o como se diga para enfatizar una evidencia.
  4. Estamos en desacuerdo en que el “golpe de Estado mundial” sea el resultado de: 1 la voluntad (querer), 2 los medios (poder) y 3 la capacidad estratégica (saber) de alguien(es) concreto(s), con nombres y apellidos, reunidos durante un tiempo en un lugar determinado.
  5. Precisamente este punto es el que el autor -muestra de su honestidad intelectual- comienza por aclarar: “No pretendo expresar ni siquiera una hipótesis sobre las causas”.
  6. Para ilustrar nuestra opinión sobre las causas que han originado la situación en que nos encontramos, recurrimos a dos pasajes que transcribimos para ti en lo que sigue.
  7. Primer pasaje: “Muchos grandes problemas de la ciencia de hoy parecen estar a la espera de que cierta pregunta obtenga respuesta (…) La pregunta es ésta: ¿Es el azar un producto de nuestra ignorancia o un derecho intrínseco de la naturaleza?” [Wagensberg, Jorge. Ideas sobre la complejidad del Mundo. Barcelona: Tusquets Editores. Marzo 1985, pág. 22].
  8. El Propio Jorge responde algo más adelante: “Sentenciemos solemnemente: sea el azar epistemológico (el azar con minúscula) el nombre que damos a nuestra ignorancia (…) y sea el azar ontológico (el Azar con mayúscula) una entidad metafísica que representa la contingencia pura que actúa ciegamente en el universo. El azar es concepto del conocimiento y el Azar lo es de las cosas y de lo sucesos en sí”. [Ibídem, pág. 67] (Las negritas son nuestras).
  9. Lo anterior apareció editado en marzo de 1985. Un año y nueve meses después, en diciembre de 1986, la misma editorial publicó la obra colectiva Proceso al azar de la que fue editor el propio Jorge Wagensberg. En ella se recoge lo que aconteció en un encuentro celebrado en el Teatro-Museo Dalí de Figueres. El pasaje que sigue -el segundo de los prometidos- contiene la respuesta de Ilya Prigogine a la cuestión que nos ocupa.
  10. Acorralado, primero, por el propio Wagensberg (“¿Debemos, por el contrario, seguir buscando teorías más finas que destierren el azar incluso en tales situaciones?”); después por Salvador Pániker (“¿… admitiría usted que estos puntos de inestabilidad representan una ausencia total de cualquier tipo de ley natural?”) y, por último, por Jordi Flos (“… la emergencia de las innovaciones tiene lugar cuando la información finita no es suficiente para la predicción. Pero ¿por qué no hablar de azar?”), después de tamaño interrogatorio, decimos, el genial Prigogine acaba por confesarlo todo: “… puedo contestar abiertamente a su pregunta. Sí se puede hablar de azar (Azar, con mayúscula, diría Wagensberg); el azar se ha convertido en un elemento fundamental de la dinámica” [AA. VV. Proceso al azar. Barcelona: Tusquets Editores. Diciembre 1986, pp. 190-192].
  11. Primer resumen: ¿Que los chinos se van a quedar con el mundo?: de alguna forma, creemos que será así. ¿Que lo han, imaginado (pensamiento), anunciado (palabra) y ejecutado (obra)? Lo ponemos en duda. Porque la humanidad se comporta como un organismo vivo sujeto a las leyes inexorables de la termodinámica.
  12. Otra forma de concluir, de resumir lo que hemos venido a decir, es esta: Cuando las leyes por las que nos regíamos han quedado arrumbadas en un segundo plano, las sociedades humanas (que son una parte del Universo) pueden comportarse de forma autónoma, impredecible, y no por falta de conocimiento de los analistas, sino porque la naturaleza puede comportase de forma Azarosa.
  13. La gran pregunta ahora es esta: Si los procesos en curso son los que son (escribimos estas ideas confinados en una casa-refugio, como todo bicho viviente), si cuando amaine el temporal nos veremos regidos por un conjunto de leyes (económicas, políticas, sociales) que aún están en el horno, en fin, si esto está siendo y va a resolverse así, entonces, ¿qué importancia tiene que sepamos a ciencia cierta, o no sepamos con certeza, cómo se originó este pandemónium?
  14. Una primera respuesta que se nos alcanza es esta: Si sospechamos o creemos conocer con certeza cómo, cuándo, dónde y quiénes formaron el tornado en cuyo vórtice nos hallamos, entonces, actuaremos de un modo: mirando al pasado.
  15. Si, por el contrario, damos por cierto que ha sido una conjunción de fluctuaciones las que, autónomamente agigantadas, han dado al traste con la Tierra hasta hoy conocida, entonces, actuaremos de otra forma: mirando al futuro.
  16. Lo más probable -conjeturamos nosotros- es que actuemos en lo sucesivo mirando al pasado, es decir, buscando a los ‘culpables’ de nuestros males. Porque los seres humanos somos lo suficientemente orgullosos como para aceptar que no podemos comprender todo cuanto acontece hasta en el último rincón del mundo. Y es que, en verdad, nos seguimos creyendo no una parte de él, sino el mismísimo centro del universo.
  17. Opinamos, en suma, que deberíamos conducir mirando a través del parabrisas, y no por el retrovisor. Sí, deberíamos actuar de este modo, y hacerlo aceptando que el futuro será fruto no solo de nuestras ideas o de nuestras peroratas sino, sobre todo, de nuestros actos. Solo la congruencia entre pensamiento, palabra y obra nos llevará a buen puerto: una sociedad nunca perfecta y siempre en busca de un orden más equitativo.

Un saludo muy cordial.

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net

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Coronavirus: doblemente convencidos

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Cambio de paradigma o cambio de época; época de cambios o época de guerras. Llamémoslo como queramos. El caso es que el tsunami poliédrico que nos arrasa (sanitario, político, cultural, social, económico y, por tanto, mediático) puede interpretarse desde muy diferentes ángulos. He aquí dos posibles puntos de vista.

INTERPRETACIÓN 1: UNA TEORÍA EVOLUTIVA (dedicado a Daniel Innerarity)

Estamos instalados en el ojo de un huracán del que no sabemos a ciencia cierta ni cómo se desencadenó ni cómo ni cuándo acabará. El azar (agazapado en épocas deterministas) hoy se ha agigantado. Ha tomado momentáneamente el control de la situación. Ha postergado, mejor: ha arrumbado, a un segundo plano las leyes por las que nos regíamos. Y, en su lugar, ha abierto un abanico de oportunidades en el que cada varilla apunta hacia un posible horizonte nuevamente estable. Esto es todo; ahora no disponemos de otra cosa. Un conjunto de nuevos órdenes mundiales que, en el mejor de los casos, podremos inventariar, algo que hasta ahora nadie ha hecho, que nosotros sepamos. Podremos enumerarlos, eso sí, pero no determinar de antemano cuál de entre ellos acabará por imponerse ni cuándo. Pero de una cosa estamos convencidos: llegaremos a un nuevo puerto -sea este el que fuere- en el que habremos aprendido a navegar por la complejidad. Tal es la situación en que nos hallamos: una época crítica o caótica entre dos épocas estables, la que hemos dejado atrás y la que aún no nos han presentado.

Lecturas sugeridas:

  • Prigogine, Ilya (1983). ¿Tan solo una ilusión? Una exploración del caos al orden. Barcelona: Tusquets Ed.
  • Laszlo, Ervin (1988). Evolución. La gran síntesis. Madrid: Espasa Calpe
  • Wagensberg, Jorge (1985). Ideas sobre la complejidad del mundo. Barcelona: Tusquets Editores
  • Gómez-Pallete, Felipe (1995). La evolución de las organizaciones. Madrid: Editorial Noesis
  • Innerarity, Daniel (2020). Una teoría de la democracia compleja. Barcelona: Galaxia Gutenberg

 

INTERPRETACIÓN 2: FICCIÓN DISTÓPICA (dedicado a Juan G. Tenorio)

En una reciente entrevista, Timothy Garton Ash responde con un “No” tajante a la primera pregunta: “¿Estamos en una guerra?”. El prestigioso historiador y periodista británico, “desborda un ‘cauto optimismo’ en medio de la pandemia al elogiar el enfoque de Ángela Merkel” de la que acaba por decir que “dejó claro que es una situación muy seria, pero sin adoptar una retórica churchiliana”. Pese a todo lo cual añadimos, aquí y ahora, el siguiente pensamiento del que es difícil zafarse. Veamos. Cambiemos en nuestra mente a millones de muertos por miles de fallecidos, refugios antiaéreos por confinamientos domiciliarios, hambruna y estraperlo por desabastecimiento ocasional y picaresca. Reemplacemos la imagen de las fosas comunes en los campos de batalla por morgues improvisadas en las ciudades, hospitales de campaña por hoteles reconvertidos, bombas por coronavirus. Sustituyamos la escena de los cirujanos en las trincheras por la del personal sanitario en UCI desbordadas, los vítores a las tropas vencedoras por los aplausos a las 20:00, la correspondencia escrita, franqueada y censurada por millones de mensajes a la hora. Todo sucede como si los españoles nacidos a partir de los años cuarenta del siglo pasado estuviéramos participando, por primera vez en nuestras vidas, en una situación bélica en toda regla. Es como si los seres humanos interpretáramos cada mañana, sobre el escenario del planeta Tierra, una obra dramática de ficción distópica. También de esto estamos convencidos: cuando hayamos ganado esta III Guerra Mundial, dejaremos de escuchar el silencio ensordecedor que hoy se apodera de aldeas y ciudades.

Lecturas sugeridas:

  • Orwell, George (2009). 1984. Barcelona: Ediciones Destino
  • Huxley, Aldous (2013). Un mundo feliz. Madrid: Editorial Cátedra
  • Bradbury, Ray (1967). Farenheit 451. Barcelona: Plaza & Janés
  • Kafka, Franz (2013). El proceso. Madrid: Alianza Editorial
  • Saramago, José (1996). Ensayo sobre la ceguera. Madrid: Alfaguara

 

Un saludo muy cordial.

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

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Coronavirus. Consejos y advertencias

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La Organización Mundial de la Salud ha difundido recientemente un breve documento sobre el COVID-19. Creo que merece la pena ponerlo a disposición de nuestros seguidores. Contiene 14 advertencias y consejos expuestos de forma muy didáctica, que considero de mucha utilidad en estos momentos.

Si estás interesado, aquí puedes descargarte la versión en español que he realizado pro bono.

Un saludo muy cordial.

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net

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Nuevas fuentes de credibilidad

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Acaba de aparecer el número 10 de la Revista Española de la Transparencia que “cuenta con nueve artículos y dos recensiones de libros. Los temas que se abordan en este número están relacionados con las infracciones del derecho de acceso, la transparencia en los parlamentos, la participación ciudadana, la prevención de la corrupción y la protección de datos”.

Nos satisface compartir con nuestros seguidores unos de los artículos incluidos en este número: Nuevas fuentes de credibilidad. Se trata de nuestro más reciente ensayo del que ofrecemos el siguiente extracto:

RESUMEN

La confianza que las instituciones de un país inspiran en la ciudadanía se ha visto dañada en los últimos años, dentro y fuera de España. En el diagnóstico de las causas que nos han llevado a esta situación se abre paso una pregunta: Las fuentes de prestigio y reputación a las que se ha recurrido hasta ahora, ¿siguen siendo las únicas posibles?

En este trabajo se ofrecen nuevas posibilidades, otras fuentes de credibilidad para recuperar el terreno perdido. Estas propuestas vienen a sumarse a los mecanismos generadores de confianza tradicionalmente utilizados y que permanecen vigentes.

Para la adopción de los planteamientos y métodos de trabajo aquí recomendados, resulta imprescindible establecer puentes poco transitados en España: la combinación de categorías -teóricas y prácticas- de las organizaciones de carácter privado con las categorías propias de las organizaciones de carácter público, tanto en su esfera política como en la administrativa.

CONTENIDO

1. Dos estados de ánimo – 2. Confianza, transparencia y credibilidad – 3. Ampliar la mirada – 4. Desarrollo cultural y metodologías mixtas – 5. Conclusiones – Bibliografía.

PALABRAS CLAVE: Transparencia, confianza, credibilidad, cultura organizacional, pensamiento institucional.

CONCLUSIONES

En este trabajo se propone una nueva forma de entender y practicar la transparencia cuando el objetivo de los dirigentes es fortalecer la credibilidad de sus organizaciones y, con ello, la confianza que los diferentes grupos de interés pueden depositar en ellas.

En primer lugar, se ofrece el significado de las tres categorías básicas utilizadas, a saber, confianza, transparencia y credibilidad. Aportamos este esquema por considerarlo necesario para evitar los frecuentes equívocos que produce el uso simplista de los conceptos involucrados.

A continuación, se plantean los dos pilares necesarios para adoptar la nueva forma de entender y practicar la transparencia:

  1. Complementar la disciplina del cumplimiento normativo con la práctica de la mejora institucional permanente. Este primer pilar (no limitarse a cumplir, sino además proponerse mejorar) comporta la necesidad del segundo
  2. Ampliar los contenidos de la comunicación transparente. Además de comunicar los hechos pasados y las situaciones presentes a que obligan las leyes y las normativas vigentes, las organizaciones deberían comunicar, con igual rigor y transparencia, los compromisos de mejora institucional que hayan sido elegidos (qué, cuándo y quién) para el próximo ejercicio.

En tercer lugar, y como consecuencia de lo anterior, se recomienda como imprescindible la adopción de metodologías mixtas basadas en las sinergias entre (a) el pensamiento y las prácticas de las organizaciones de carácter privado (con y sin ánimo de lucro) y (b) el pensamiento y las prácticas de las organizaciones de carácter público (tanto en su esfera política como en la administrativa).

Por último, y con el fin de complementar la argumentación conceptual sobre la que descansa esta propuesta, se ofrece la reseña de un caso de éxito recientemente llevado a cabo por los autores en Colombia.

Deseamos que su contenido sea de vuestro interés. Permanecemos atentos a cuantos comentarios, dudas y sugerencias queráis enviarnos.

Un saludo muy cordial.

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net

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Ética empresarial y motivación moral

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Desde su fundación en 2012, la Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas (ACCD) elabora diversos documentos (artículos, libros, etc.) que difundimos entre nuestros seguidores. Es nuestra modesta contribución en favor de una ciudadanía crecientemente ilustrada. También compartimos, con el permiso de sus autores, otros trabajos que, por su interés, creemos sirven a la causa que nos anima.

Los retos a los que se enfrenta la democracia en este cambio de época en que nos encontramos, la credibilidad y reputación de las instituciones, integridad, accountability y transparencia, calidad y cultura organizativa, y la ética de la mejora continua como complemento necesario del mero cumplimiento de leyes y normativas son algunas de las áreas que configuran nuestro campo de preocupaciones.

En esta ocasión me complace dar a conocer la traducción al español que he realizado de un trabajo del profesor Joseph Heath de la Universidad de Toronto. Se trata del artículo Ética empresarial y motivación moral: una perspectiva criminológica, publicado en el Journal of Business Ethics, y cuyo resumen anticipamos aquí:

RESUMEN: La elevada tasa de delitos de cuello blanco genera un clima sombrío en todos los debates sobre ética empresarial. Una importante consecuencia de ello es la creciente relevancia que han adquirido en este ámbito las cuestiones relacionadas con la motivación moral. Por lo general, los temas de ética empresarial que suscitan mayor polémica no giran en torno al contenido de nuestras obligaciones morales, sino más bien en torno a cómo se puede motivar a las personas a hacer lo debido. Este asunto ha sido estudiado en profundidad por los criminólogos, pero los resultados de sus investigaciones han tenido una escasa incidencia en el pensamiento de los expertos en ética empresarial. En este artículo, me propongo demostrar de qué forma la perspectiva criminológica puede ayudar a esclarecer algunos interrogantes habituales en el campo de la ética empresarial. Con ese fin, en primer lugar, explicaré por qué los criminólogos rechazan las tres teorías más extendidas de la psicología intuitiva (folk theories). A continuación, examinaré una teoría más adecuada que toma en cuenta las denominadas «técnicas de neutralización», así como sus implicaciones para la ética empresarial.

Por el indudable interés de su contenido, el rigor y claridad con que está tratado, amén de por su extensión, lo hemos elegido para inaugurar esta nueva iniciativa de la ACCD: poner a disposición de los lectores hispanohablantes textos originales, publicados tanto en inglés como francés, sobre diferentes materias como las anteriormente enumeradas.

Deseamos que esta nueva propuesta de nuestra Asociación merezca su interés.

Un saludo muy cordial,

Paz de Torres

 

Politics by doing

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En el marco del proyecto Acción Democrática para la Paz del Netherlands Institute for Multiparty Democracy de Colombia, proyecto financiado por la UE, tuvimos ocasión de trabajar para los principales partidos y movimientos políticos del país y aplicar la metodología que, de inspiración público/privada, nos fue requerida; una metodología que consta de tres tiempos, a saber:

  • Un tiempo para comprender la realidad de las organizaciones participantes en materia de Transparencia (1800 – 3600)
  • Un segundo tiempo para enriquecer la inteligencia colectiva de los equipos humanos participantes
  • Y, por último, un tiempo para pasar a la acción y resolver colaborativamente los retos estratégicos planteados

Una operación de esta índole implica conjugar los principios y las prácticas de ambos campos de actividad, el público y el privado, para así incidir sobre los tres ámbitos de la cultura organizacional:

  • Sobre su núcleo: las presunciones básicas
  • Sobre los valores que de él emanan
  • Y sobre la parte más visible, los sistemas de dirección

En el trabajo “Metodología para el fortalecimiento de la credibilidad de las organizaciones mediante la gestión de la Transparencia 3600, ahora editado por NIMD | Colombia, ofrecemos una amplia descripción de esta metodología.

Al haberse alcanzado los objetivos que perseguía este proyecto, la idoneidad y eficacia de los planteamientos y métodos aquí ofrecidos quedan avaladas. Un final feliz que descansa sobre la complementariedad de categorías y herramientas público-privadas, con la que nuestra Asociación, una organización de la sociedad civil española, llegó a Colombia a través de la UE.

Estos métodos son un claro ejemplo de lo que nosotros denominamos Politics by doing: la estrategia para evitar reinventarnos cada poco tiempo, tal como se ven abocados a proponer quienes ignoran la necesidad de mejorar día a día, permanentemente, las instituciones de un país.

Un saludo muy cordial,

Paz de Torres

Felipe Gómez-Pallete

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Predeterminar el resultado

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En El ‘procés’ y la defensa de la complejidad política, Daniel Innerarity –uno de los autores de referencia de esta Asociación– defiende que “todo lo que sea imponer uno de los dos modelos de decisión implica predeterminar el resultado”. Se refiere a estos dos modelos: el de quienes “quisieran en principio poder decidir ellos mismos y [el de los que] quieren que sus decisiones sean integradas en un marco español de decisión”.

Sucede que imponer uno de estos dos modelos no es la única vía para predeterminar el resultado; como vamos a ver, hay otras. Inspirados por este artículo (versión para Cataluña de recientes entrevistas y trabajos dedicados a Euskadi), proponemos tres formas de predeterminar el resultado de los debates. Helas aquí:

 

1. Simplificar el núcleo de la discusión. Esta es la primera, más evidente y eficaz maniobra para predeterminar los resultados: empezar por declarar que “el núcleo de la discusión viene dado por el concepto de derecho a decidir”. A nuestro entender, tomar como punto de partida el así llamado derecho a decidir –como hace Innerarity– supone:

  •  Limitarse a debatir sobre el sujeto de la acción (quienes son los que deciden) y omitir el objeto de la decisión (sobre qué deciden los sujetos). Esta simplificación no es solo gramatical (el verbo decidir es transitivo); es también conceptual pues implica…
  •  …otorgar carta de naturaleza, fundamento, reconocimiento o entidad jurídica al así llamado derecho a decidir en abstracto, desprovisto del objeto de la decisión o, si se prefiere, del complemento directo. A nuestro entender, lo único que por ahora puede asegurarse, sin temor a la equivocación, es que el derecho a decidir es una afortunadísima fórmula de marketing político.

En suma, el asunto que nos ocupa no se merece tan endeble y simplona peana de barro: el derecho a decidir. Pues al apoyarnos sobre este “derecho” se predetermina el resultado de los debates. Y se predetermina, precisa y paradójicamente, por las razones que el propio Innerarity señala: por simplificar la complejidad. Derecho a decidir ¿qué? Dejar en el aire esta pequeña pregunta equivale a someter a la gramática y a la razón a un ingenuo e imposible intento de poda.

 

2. Otra forma de predeterminar los resultados consiste en circunscribir la cuestión catalana a un perímetro y a unas reglas de juego que, a nuestro juicio, constriñen injustificadamente los debates.

  • El ‘procés’ es una partida que no se está jugando únicamente en Cataluña. Pues aceptar este perímetro equivaldría a confundir el campo de juego con los jugadores en el campo o, si se prefiere, supondría confundir el origen de la discusión con los afectados por la misma. Para nuestro autor de referencia el problema viene delimitado del siguiente modo: “En Cataluña [la negrita es nuestra] hay un amplio grupo de ciudadanos que se consideran nación y otro no menos amplio que se identifican también en el marco de España, es decir, unos quisieran en principio poder decidir ellos mismos y otros quieren que sus decisiones sean integradas en un marco español de decisión”. ¿Dónde quedamos en este planteamiento los ciudadanos de otras partes de España que hemos contribuido a la prosperidad de Cataluña trabajando no “en”, pero sí “para” Cataluña? Repetimos: los ciudadanos que sin ser catalanes ni residir en Cataluña hemos hecho también Cataluña, ¿formamos parte o no formamos parte de la discusión?
  • Además, ¿por qué se circunscriben los debates al terreno de la legalidad, el orden público, la democracia, el patriotismo, los sentimientos identitarios, y demás categorías, cuando lo que está también en juego son los derechos económicos, políticos, sociales de todos: catalanes independentistas, catalanes no independentistas, extremeños de Badajoz o cántabros de Santander, sean detractores o defensores de dicho derecho en general o para sus propias comunidades en particular. Que lo que está en cuestión quepa o no quepa en la Constitución de 1978; que determinados episodios constituyan o no un problema de orden público o que las legítimas aspiraciones de unos y otros sean respetuosas o irrespetuosas con los principios democráticos, el sentimiento de identidad o la noción de patriotismo son cuestiones determinantes. Todas ellas lo son, por supuesto. Mas con igual rotundidad hemos de aceptar que olvidarse de los derechos y obligaciones de todos los ciudadanos es una nueva forma de predeterminar el resultado de los debates. Porque la cuestión catalana nunca fue un juego exclusivamente catalán. Aceptar este punto de partida es como quedarse mirando la mano izquierda con la que el prestidigitador nos engatusa mientras hace el truco con su mano derecha.

Simplificar el núcleo de la cuestión (error de formulación) y constreñir su perímetro territorial y temático (error de foco o de contorno) no son las únicas vías para, intencionada o inadvertidamente, predeterminar el resultado de los debates. A estas dos vías se le suma una tercera que podemos formular como error categorial. Consiste en lo siguiente.

 

3. Equiparar categorías que no son equiparables. Innerarity insiste, e insiste bien, en la necesidad de afrontar la complejidad del mundo evitando argumentos simples. Veremos cómo equiparando categorías que no son equiparables se incurre, precisamente, en la simpleza.

  • Innerarity nos habla del conflicto político “que se vive en Cataluña y en relación con España…” [las negritas son nuestras]: He aquí el primer intento de equiparación entre dos entidades que no son equiparables, sobre todo, si nos anima el propósito de diagnosticar dicho conflicto “con toda su complejidad”. Pues incluso la complejidad tiene sus reglas básicas o elementales: entre una parte y el todo que la contiene no pueden establecerse relaciones de equiparación ni de bilateralidad. ¿Deben establecerse relaciones entre una parte y el todo? Por supuesto que sí, pero conceptualmente no cabe hablar de entidades equiparables, ni en la práctica caben establecerse relaciones bilaterales. Cuando, a pesar de todo, se trata la realidad a martillazos (no se hace otra cosa cuando se ignora esta disimilitud básica), lo que se está proponiendo es empezar (o continuar) las relaciones por el lugar a donde se quiere llegar a parar. Por eso, la equiparación entre Cataluña y España, entre Govern de la Generalitat y Gobierno central, es una forma de predeterminar el resultado del procés o, si se prefiere, es una forma de dar continuidad a la estrategia que Jordi Pujol comenzó a dibujar desde el mismo día 8 de mayo de 1980. Es, también, una práctica narrativa que, por boca de analistas y líderes de opinión, deteriora el lenguaje. Igualmente, es una vía populista o hueca de restablecer cauces de comunicación institucional o una fórmula necia, es decir, ignorante de inaugurar una nueva época. Lo que no es, a nuestro juicio, en modo alguno, es un avance. Se trata de una simpleza. Se trata, sí, de un error categorial. Pero no el único. Porque si no es correcto este tipo de equiparación entre elementos de entidad dispar, menos aún lo es la equiparación entre procesos históricos de muy diferente naturaleza. Los elementos ocupan lugar; los procesos, tiempo. Ni unos ni otros admiten atajos si queremos comprender sus respectivas complejidades.
  • Innerarity sitúa el conflicto político catalán en el contexto de los “procesos de integración en Europa, es decir, elaborando un nuevo modelo de co-decisión con el resto de los europeos”. Pero lo cierto es que el proceso de construcción de la UE responde a modelos por completo ajenos a los que han conducido históricamente a la construcción de lo que hoy es España. Quienes (historiadores, expertos comunitarios, etcétera) conocen en profundidad las entrañas de esta disimilitud saben que este intento de equiparación carece de base bien fundada. Y, en cualquier caso, puestos a evocar el proceso de formación de la UE y los modelos de co-decisión como marco de lo que sucede hoy en España, no estaría de más recuperar lo que Jean Monnet no se cansaba de repetir: “Estamos aquí para culminar una obra común (…) no para negociar ventajas, sino para buscar nuestra ventaja en la ventaja común”. En la Ponencia de autogobierno del País Vasco o en la mente de los impulsores del procés, ¿qué obra común se pretende culminar? Hasta el momento, se trata de una pregunta sin respuesta. La realidad histórica que hoy conocemos como Cataluña ni nació en el vacío ni se ha desarrollado aisladamente a lo largo de los siglos. España tampoco. Tanto Cataluña como España (Cataluña incluida) son construcciones históricas que han co-evolucionado. Además, “dentro de 3.000 años España no existirá. Cataluña tampoco”. Pero hay diferentes formas de hacer el camino.

Para comprender la complejidad política es menester dominar las claves de esa categoría –la complejidad– que lucha por abrirse paso entre los estudiosos tanto de las ciencias naturales como de las ciencias sociales. Y comprender la complejidad se reduce a dos cosas: 1) comprender las relaciones entre las partes y el todo que las comprende y 2) comprender los procesos de cambio. Para lo primero es útil acudir a la teoría general de sistemas; para lo segundo, acercarse a las teorías de la evolución y de los cambios sociales. Violar los fundamentos de uno y otro dominio equivale a establecer comparaciones que predeterminan el resultado de los debates.

Es el momento de pedir al mundo del pensamiento y de la acción, a filósofos y analistas, a responsables de la cosa pública y de la economía, que piensen en nosotros, los ciudadanos, deseosos de adquirir conocimientos y sabedores de que esta es la mejor vía para hacer frente a la complejidad y perplejidad cotidianas en que estamos inmersos; a nuestra complejidad y a nuestra perplejidad. Es el momento y el lugar de pedirles que antepongan nuestra suerte a la defensa de sus intereses partidistas y a la de las finalidades de sus grupos académicos, económicos y políticos. Porque los discursos al uso, por boca de los líderes de opinión, de uno y otro campo, parecen construidos, en su fondo y su forma, para consumo propio, antes que para elevar la cultura ciudadana y, así, poder aspirar a una sociedad más equitativa.

“Siempre he sospechado –nos confiesa Innerarity– de quien plantea los problemas y, sobre todo, las soluciones, con excesiva simplicidad”. Compartimos sin reparo este recelo. Un recelo que aquí hacemos extensivo hacia quienes emplean cualquier tipo de simplicidad como vía para predeterminar el resultado: las fórmulas denunciadas por el propio Daniel Innerarity y las tres que hemos expuesto. Por más que el conjunto –su argumentación y la nuestra– pueda constituir una gran y sorprendente paradoja.

El lector que haya llegado hasta aquí y, aun así, mantenga vivo su interés, puede ahora comprobar el tamaño de esta descomunal paradoja. Para ello, basta con leer el artículo que nos ha insprirado esta entrada, El ‘procés’ y la defensa de la complejidad política, a cuyo autor le agradecemos una vez más desde este blog su magisterio y apoyo.

Un saludo muy cordial,

Paz de Torres

Felipe Gómez-Pallete

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

Ilustración: http://agendapublica.elperiodico.com/el-proces-y-la-defensa-de-la-complejidad-politica/

 

Respuesta de Daniel Innerarity

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Nos complace mucho compartir con nuestros seguidores la respuesta que nos envía Daniel Innerarity a la carta abierta recientemente publicada en este mismo blog, con motivo de un artículo suyo publicado en La Vanguardia.

En tiempos como los que corren, de tanta prisa y tanto silencio por respuesta, el sentido de la amistad y la honestidad intelectual del profesor Innerarity destacan sobremanera.

Atentamente,

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas

 

Queridos amigos,

Como bien me conocéis, sabéis que eso de que a uno le contradigan es una manera de tomárselo en serio y os estoy muy agradecido.

Dejadme que os diga de entrada algo sobre el sentido del artículo: era destinado principalmente a mis amigos soberanistas, de quienes deseo que hagan una profunda reflexión y que reconsideren si todo lo hecho ha valido la pena. A algunos de ellos ya les desaconsejé este camino cuando empezó. Esto es clave para entender por qué el artículo subraya unas cosas y pasa de largo por otras, que sea una llamada de atención y no un tratado equilibrado, en cuyo caso hubiera escrito, desde las mismas convicciones, con un enfoque diferente.

He explicado más mi punto de vista en el capítulo titulado “¿Qué hacemos con las naciones?” de mi último libro Política para perplejos y dejadme que me remita a esas páginas para no repetir los argumentos que allí están tratados con más extensión.

Me centraré en vuestras objeciones:

  • Creo que todo este asunto es un fracaso COLECTIVO y en este fracaso hay muchas personas, partidos e instituciones que tienen la responsabilidad.
  • Podríamos discutir de porcentajes (tal vez el criterio de que quien tiene más poder tiene también más responsabilidad) pero tal vez eso no nos lleve muy lejos.
  • En el campo soberanista, como digo en ese artículo, el hecho mismo de meterse en ese proceso me pareció desde el comienzo un error y los actos del 6/7 de septiembre una exclusión injustificable democráticamente.
  • A esa práctica antidemocrática no se le puede justificar apelando a la reiterada negativa del Gobierno español a negociar con lo que, muy erróneamente, consideraron un suflé, pero que no la justifique no quiere decir que no la explique.
  • Por supuesto que esa definición de populismo de Víctor [Lapuente] cuadra bien con ciertos usos del nacionalismo: sin esa simplificación el nacionalismo catalán no hubiera movilizado tanto, pero tampoco C’s hubiera experimentado una subida tan espectacular en las encuestas si no hubiera hecho uso de una simplificación análoga.

Respecto al derecho a decidir (expresión que me gusta poco, por cierto), permitidme que remita a un artículo que publiqué en El Correo hace unos meses. Ahí encontraréis mi planteamiento de reciprocidad y mi principio de que todos los afectados por una decisión deben intervenir en las decisiones (lo que desarrollé con más extensión en el capítulo sobre “autodeterminación transnacional” en mi libro La democracia en Europa). Nada más ajeno a mi pensamiento que un planteamiento sin matices, antagonista. Esto, créeme, me causa no pocos inconvenientes, también entre los que están más cercanos y, en un ambiente ahora enrarecido, desearían planteamientos más rotundos. Como decía Paul Valery, no digo que tengo razón, digo simplemente que soy así…

Gracias por haberme dado esta oportunidad para explicarme mejor, espero.

Un abrazo, Daniel

Recibido: 28 marzo 2018

Ilustración: ‘Collage’ ACCD, a partir de ‘header’ en biografía del autor y “Letras sueltas” (colección particular FGP #20150322)

 

Carta abierta a Daniel Innerarity

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Querido Daniel,

Nos dirigimos a ti con motivo de la reciente publicación en La Vanguardia de tu artículo “Tiempo de reflexión”. Un artículo que situamos en la senda de la entrevista que, hace unas semanas, concediste a Ainhoa Muñoz para El Diario Vasco.

Con la mirada puesta en Cataluña y Euskadi vienes exponiendo tus opiniones sobre la causa nacionalista. Y lo haces –así te defines–  como “ciudadano de una nación sin Estado”. Para nosotros, tus seguidores, eres un reconocido catedrático de filosofía política y social con quien unas veces coincidimos y otras no.

Sucede que, en esta ocasión, las valoraciones que haces sobre la cuestión nacionalista –enmarcadas entre cómo tú te defines y nosotros te vemos– nos han dejado sumidos en un mar de dudas, situación que te pedimos nos ayudes a esclarecer. Una ayuda que valoramos especialmente ahora, cuando la detención del expresidente Carles Puigdemont en Alemania ha elevado de forma considerable la temperatura política.

Hemos resumido en las siguientes tres cuestiones las dudas que tus últimos escritos nos han causado. Esta carta no es para rebatir tus ideas sino para que tus respuestas nos ayuden a averiguar lo que desconocemos. Al respondernos, lo estás haciendo a nuestros seguidores, personas comunes y corrientes que quieren saber y formarse criterio, necesitadas de un lenguaje llano, compatible con el rigor conceptual.

  1. Del procés destacas sus “equivocaciones tácticas y errores estratégicos”, mientras que de los que se oponen a él enfatizas sus “errores y comportamientos antidemocráticos”. ¿Puedes explicarnos por qué asignas los procedimientos antidemocráticos sólo a uno de los dos bloques con que articulas tu razonamiento?
  1. Opinas que “la mayor responsabilidad le corresponde al Estado, que se ha cerrado al diálogo, ha empujado a la mayoría soberanista del Parlament a una carrera desesperada y ha actuado finalmente con una arbitrariedad injustificada”. ¿En qué te basas para establecer, asertiva e inequívocamente, esta relación de causa (Estado) à efecto (mayoría soberanista del Parlament)?
  1. Recientemente, Víctor Lapuente ha definido el populismo en los siguientes términos: “El populismo es un truco. Sencillo, pero de efectos mágicos. El populismo consiste en simplificar una discusión compleja en dos posturas antagónicas”. Y pone como ejemplos los debates que están teniendo lugar sobre estas dos cuestiones: La prisión permanente revisable y las pensiones. La cuestión nacionalista, planteada como enfrentamiento entre dos adversarios, el Estado español y el soberanismo (catalán o vasco, es lo de menos), ¿crees que cabe dentro de esta definición de populismo?

Quizá te ayudemos a responder esta carta si nos permites recordarte dos de los argumentos que te expusimos en nuestra anterior interpelación:

  • Derechos a decidir
  • Bilateralidad y confederalismo

Estos dos argumentos vienen a corresponderse, respectivamente, con las dos miradas que se necesitan para contemplar en relieve la complejidad del mundo actual, a saber: 1) el análisis de los cambios históricos y 2) la consideración del todo y sus partes. Al no encontrar estas dimensiones en tu artículo (que reproducimos íntegramente a continuación) interpretamos tus argumentos como proyectados en una pantalla de cine, en dos dimensiones –el bueno y el malo–, sin perspectiva ni escorzo: argumentos planos.

Claro que la reflexión sobre la cuestión nacionalista es “tan necesaria como difícil”. No te falta razón. En estas estamos. Pensando en nuestros seguidores, intentamos despejar las dudas que tus últimas reflexiones nos han provocado.

Como sabes, esta Asociación –que te considera uno de sus autores de cabecera– es una iniciativa con más 5 años de vida, apartidista y de carácter no lucrativo. Desde el primer momento has elogiado y apoyado nuestro ideario.

Tu respuesta nos ayudará a cumplir con nuestro compromiso con la sociedad: fortalecer a diario –no una vez cada cien años– el tejido institucional (normas y organizaciones) que los ciudadanos hemos ido construyendo a lo largo de la historia con el fin de regular nuestras aspiraciones y conductas. De esta forma podremos conseguir que la necesidad de una estructura institucional robusta, pública y privada, sea una aspiración social compartida e ilusionante.

A la espera de tu respuesta, recibe nuestro más cordial abrazo,

Paz de Torres

Felipe Gómez-Pallete

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

Ilustración: “Otoño familiar”. Colección particular FGP #20101106.

 

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Tiempo de reflexión

Daniel Innerarity

17/03/2018 00:34 | Actualizado a 17/03/2018 04:01

Fuente: http://bit.ly/2HMGMZ6

Escribo este artículo desde mi simpatía con la causa nacional catalana y mi desacuerdo estratégico con el procés. Siempre he pensado que había en él no sólo equivocaciones tácticas, sino también errores de diagnóstico. Desde la perspectiva de quienes lo han liderado (prescindiendo ahora, por tanto, de los errores y comportamientos antidemocráticos de quienes se han opuesto a él), creo que el soberanismo catalán en su conjunto tiene que hacer una profunda reflexión. La mayor responsabilidad le corresponde al Estado, que se ha cerrado al diálogo, ha empujado a la mayoría soberanista del Parlament a una carrera desesperada y ha actuado finalmente con una arbitrariedad injustificada. Pero el nacionalismo catalán tenía que haber ­jugado otras bazas. Después de lo que ha pasado, ¿a quién ha fortalecido y a quién ha debi­litado?

El soberanismo ha cometido un error similar al del Estado: minusvalorar al adversario. El Estado no tiene legitimidad suficiente para imponerse y los nacionalistas no tenían el respaldo necesario (interno e internacional) para llevar a cabo un proceso de estas características. El efecto colateral de la irresponsabilidad del Gobierno español es la desconexión práctica de muchos catalanes que, sin haber conseguido la independencia, han desconectado completamente del proyecto de España, y el efecto colateral del soberanismo es que ha fortalecido las tendencias más reaccionarias del Estado y la sociedad española.

Cuando hablo de renovación conceptual lo digo con un cierto tono pesimista respecto del presente inmediato. Los ciudadanos de una nación sin Estado no tenemos otro remedio que indagar en los huecos que se abren en los sistemas en crisis, adivinar qué juegos sustituirán al viejo sistema de estados soberanos y abrirnos a esas nuevas lógicas. Podemos ser más que un Estado, debemos ir hacia una mayor “no dependencia”, dejar en un segundo plano la batalla por la soberanía formal y darla por una soberanía real, hacia lo que podríamos llamar una independencia de hecho ya que la de derecho no resulta posible, mientras ampliamos el campo de la propia base electoral (sabiendo que esto nos exigirá una formulación un tanto más laxa de nuestra idea de nación), distinguir siempre entre aspiraciones, derechos y oportunidades… En este momento veo que nos vamos enredando en el lenguaje de los héroes y las traiciones, los programas de máximos y los lamentos acerca de lo malo que es el adversario, una batalla que ahora está dominada por los guardianes de las esencias y los melancólicos.

Para las fuerzas soberanistas se abre un tiempo de reflexión en el que tendrán que repensar muchas cosas, no solamente las relativas a su estrategia, sino también al marco conceptual. Me permito sugerirles que piensen menos en el Estado y más en la sociedad. Si partimos de la convicción democrática de que nada puede hacerse en política sin contar con la ­libre adhesión de la gente, examinemos con sinceridad lo que dice la gente. Las pasadas elecciones desinflaron la expectativa de que las fuerzas unionistas despertaran y se configurara una nueva mayoría, pero la mayoría nacionalista resultante sigue siendo exigua para una independencia, pese a que algunos habían puesto sus esperanzas en que la torpe acción del Estado les diera un salto cuantitativo. La realidad sociológica de Catalunya nos ofrece un resultado muy per­sistente cuando se plantean los términos del problema en clave de confrontación. Y al mismo tiempo sigue habiendo una gran mayoría (huérfana en estos momentos) que desearía un avance sustancial en el autogobierno pero sin unilate­ralidad. No soy un ingenuo y comprendo las dificul­tades existentes. No estoy seguro de que una for­mulación ampliamente respaldada en Catalunya fuera a encontrar en España un interlocutor con mejor receptividad que la que tuvo el Estatut, ahora menos que antes. Hemos de reconocer que uno de los efectos colaterales del procés ha sido precisamente la destrucción de la confianza recíproca, el fortalecimiento de las posturas que prefieren la confrontación al diálogo. Pero el nacionalismo haría bien en reflexionar acerca de las opciones que tiene delante y que se han reducido tras el fracaso de la estrategia uni­lateral.

Que algo sea inverosímil en las circunstancias actuales no me impide afirmar que terminaremos tarde o temprano en un proceso de negociación. Tiene que pasar un tiempo para que unos y otros comprendan que tanto la imposición como la unilateralidad son estrategias que no dan más de sí. Ese estancamiento juega a favor del statu quo, por supuesto, pero ahora sabemos que determinadas maneras de ejercer el contrapoder democrático pueden servir incluso de coartada para la regresión.

La única salida del soberanismo es salvaguardar la pluralidad de la ­sociedad, no para que una parte venza a la otra, además de por convicciones democráticas, por un cálculo de utilidad: en una confrontación de mayorías siempre salimos perdiendo. En este sentido me identifico con la tradición republicana en filosofía política: la democracia no es un sistema para permitir el poder de la mayoría sino para impedir la dominación de la mayoría. Y en política conviene no olvidar que nadie tiene asegurado que nunca se convertirá en minoría.

Lo que enseña la teoría de juegos

La teoría de juegos explica cuáles son las intrincadas lógicas que funcionan cuando interactúan diversos agentes en un contexto dinámico. Lo principal es aumentar siempre las propias opciones. En el caso concreto que nos ocupa, los dos grandes actores han ido reduciendo esas opciones; cada paso disminuía el campo de sus posibilidades, hasta el punto de que finalmente ninguno podía hacer otra cosa que lo que hicieron (convocar el referéndum o aplicar el 155). Era un caso típico del célebre “juego del gallina”, en el que gana quien frena más tarde cuando dos coches se dirigen hacia un precipicio. El resultado final es que ambos han perdido, aunque Catalunya en mayor medida.

El resultado de todo ello es que ahora estamos peor que en el punto de partida. El Estado no va a abrir ese cauce y el tensionamiento político tampoco tiene la posibilidad de hacerle desistir. A quienes justificaban continuar el procés en virtud de que el Estado no se avenía a negociar, les preguntaría si ahora consideran más factible una negociación de ningún tipo. La política tiene que tomar siempre en consideración los efectos secundarios de las decisiones, en este caso, el resurgimiento de un nacionalismo español que lo hará todo más difícil y en relación con el cual la simple recuperación de la autonomía parecerá una gran conquista. Esto debía haberse calculado. El hecho de que la represión del Estado me parezca absolutamente injustificable no me impide considerarla como algo que cualquiera podía haber previsto. Una vez más, la teoría de juegos puede enseñarnos hasta qué punto seguir avanzando en la dirección equivocada puede dar lugar a que el adversario se fortalezca.

 

Polonia. Ley de memoria histórica

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Recientemente, los medios españoles y de otros países han atacado con énfasis la aprobación de una ley de memoria histórica en Polonia, que amenaza con multas y cárcel a quienes nieguen la supuesta versión oficial de la historia de las persecuciones contra los judíos durante la segunda guerra mundial. En palabras de un artículo de El País:

El relato oficial de los hechos sostiene que los polacos no tuvieron nada que ver con la persecución de los judíos y se volcaron en intentar salvar el mayor número posible. Los principales historiadores del Holocausto en Polonia aceptan que muchos polacos se jugaron la vida al tratar de ocultarles, pero mantienen que un número terriblemente alto denunciaron o asesinaron a sus vecinos judíos y participaron en pogromos durante y después del conflicto. Sostener esto último se ha convertido en delito en Polonia, penado hasta con tres años de cárcel.

Otros medios españoles, como La Vanguardia y El Mundo han coincidido más o menos con este análisis. Para intentar sacar una imagen más completa de la realidad, me he tomado la molestia de consultar también medios polacos. Lo que he averiguado es esto:

  1. No se trata de una ley nueva, sino de una enmienda a una ley anterior, con un único punto. Las acusaciones de precipitación que se han hecho al parlamento polaco no pueden sostenerse.
  2. La enmienda en cuestión dice que cualquier persona que públicamente y en contra de los hechos atribuya responsabilidad o corresponsabilidad a la nación o al estado polaco por crímenes cometidos por el Tercer Reich alemán, u otros crímenes de lesa humanidad, o crímenes de guerra, estará sujeto a una multa o encarcelamiento de hasta tres años. El mismo castigo afectará a quien “reduzca groseramente la responsabilidad de los verdaderos perpetradores de estos crímenes.”
  3. Después de la aprobación de la enmienda por las dos cámaras del parlamento polaco, la ha firmado el presidente Duda, quien lo ha justificado diciendo que lo que se castiga en dicha enmienda es la atribución de los crímenes de guerra nazis a la nación o al estado polaco. La nación polaca difícilmente puede ser acusada de nada, como cualquier otra nación. En cuanto al estado polaco, durante la segunda guerra mundial no existía, porque Polonia estaba conquistada y dividida territorialmente entre Alemania y la Unión Soviética. Lo que se castiga, por tanto, es que se mienta.
  4. A pesar de todo, el presidente ha enviado la enmienda al tribunal constitucional polaco para que decida si con ella se ha producido una transgresión de la libertad de expresión.

No es verdad, por tanto, lo que dice El País en el párrafo citado más arriba, que se intenta negar que muchos polacos denunciaron a judíos ante el Tercer Reich, lo que los llevó a la muerte. De hecho, el presidente Duda lo ha reconocido. Pero eso es muy diferente a la atribución de la responsabilidad a un estado polaco que entonces no existía, que es lo que prohíbe la enmienda.

Otra cosa es que esta enmienda pueda utilizarse abusivamente. Pero me temo que eso puede ocurrir con cualquier ley de memoria histórica, que no es difícil que se convierta en Ley Mordaza. Polonia no es el primer país que ha hecho una ley semejante.

Manuel Alfonseca

Profesor. Novelista. Divulgador. Dr. Ingeniero de Telecomunicación.

 

Recibido: 8 febrero 2018

Ilustración: Letras sueltas. Colección particular FGP #20150322

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NOTA de la ACCD. De acuerdo con las normas de participación en esta Sección de Perspectiva Críticas, los derechos y la responsabilidad de los contenidos son del autor. La Asociación se honra con dar difusión a las piezas (texto, voz, imagen) que recibimos.

Medios, encuestas y semáforos rojos

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Con el auge de las versiones digitales de los periódicos y las emisoras de radio y televisión en Internet, las encuestas a los lectores han proliferado mucho, pero eso no significa que antes no las hubiera. Simplemente, el número de encuestados era mucho menor. Si ahora los participantes en una encuesta se miden por miles, en los años noventa solían ser cinco o seis, como en esas encuestas que las emisoras siguen haciendo a pie de calle.

El problema con muchas de estas encuestas es que las preguntas que se hacen no siempre tienen sentido, o si lo tienen es más bien como datos para un análisis sociológico sobre los encuestados, que sobre la realidad. Mucha gente confunde lo que realmente pasa con lo que la gente piensa que pasa, cuando las dos cosas no tienen por qué coincidir, y en muchos casos no coinciden.

Normalmente son poco de fiar las encuestas cuyo objetivo consiste en predecir el futuro. Su resultado es en sí poco fiable. Su única utilidad sería analizar qué cree la gente y por qué lo cree, pero ese tipo de análisis rara vez se hace. Veamos algunos ejemplos de preguntas de este tipo:

  • ¿Cree usted que el Barça ganará la Liga de Campeones de este año?
  • ¿Cree usted que Puigdemont volverá a España?
  • ¿Cree usted que la economía mejorará el año que viene?
  • ¿Cree usted que la inteligencia artificial hará perder muchos puestos de trabajo?

Otras veces la encuesta hace preguntas que sí tienen sentido, pero cuya solución no está al alcance de cualquiera. Recuerdo, por ejemplo, que un periódico importante hizo esta pregunta en los años noventa:

  • ¿Qué haría usted para acabar con la guerra civil en Yugoslavia?

La verdad es que, si me hubiesen hecho a mí esa pregunta, habría tenido que contestar no tengo ni idea. Pero los encuestados, que eran gente de la calle, siempre contestaban, siempre tenían algo que decir. Sea cual sea la dificultad de la pregunta, parece que tenemos muchas dificultades para decir no sé.

Creo que el único objetivo de estas encuestas es dar la sensación de que el medio interacciona con la gente, aunque esa interacción no sea casi nunca estadísticamente significativa. Y, claro, es difícil idear una pregunta que tenga sentido para cada día del año.

Una cuestión diferente es la costumbre que han tomado algunos medios de poner nota a personas más o menos famosas, en función de lo que han dicho o hecho. En La Vanguardia, por ejemplo, les ponen un semáforo rojo o verde (lo primero para criticarles, lo segundo para alabarles). Otros medios asignan una mano con el dedo hacia abajo o hacia arriba, para indicar lo mismo. Como estas calificaciones no suelen estar firmadas, deben considerarse parte de la línea editorial del medio.

El problema es el siguiente: especialmente en las calificaciones negativas se nota una tendencia muy preocupante a confundir “no está de acuerdo con mi ideología” con “es digno de crítica”. Así, por ejemplo, en las últimas semanas La Vanguardia ha asignado el semáforo rojo a las siguientes personas:

  • El 27/1/2018 a Milos Zeman, por haber sido reelegido presidente de la República Checa con el 52% de los votos. Usualmente, cuando alguien gana unas elecciones, más aún por mayoría absoluta de votos, se le suele felicitar. Aquí se le critica. ¿Por qué? Porque no piensa de acuerdo con la ideología dominante en Europa. Viene a ser el mismo motivo por el que a Donald Trump le asestan el semáforo rojo cada dos por tres, sólo que en este caso se ha notado más, porque lo que critican, en realidad, no es a él, sino que haya ganado.
  • El 1/2/2018 a Francisco Rubio, presidente del Comité de Competición de fútbol, por abrir expediente a dos jugadores del Barça, cuyo comportamiento fue denunciado por el Espanyol ante la Comisión Antiviolencia. Parece que los jugadores del Barça son intocables para La Vanguardia, pero lo más curioso es que el semáforo sea, no para quien les denuncia, sino para quien acepta la denuncia.

Y, por supuesto, cada vez que alguien dice algo contrario a la ideología dominante (sea contra el aborto, el matrimonio homosexual o los demás temas de moda) se le asigna el semáforo rojo. Parece que, para los medios, cualquier desviación respecto al pensamiento único debe ser criticada. Es extraño, pues se suponía que los medios de comunicación habían sido tradicionalmente los máximos defensores de la libertad de expresión. Pero parece que les domina más, al menos en esta época, la fidelidad a la ideología.

Manuel Alfonseca

Profesor. Novelista. Divulgador. Dr. Ingeniero de Telecomunicación.

Recibido: 2 febrero 2018

Ilustración: Colección particular FGP #4574

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NOTA de la ACCD. De acuerdo con las normas de participación en esta Sección de Perspectiva Críticas, los derechos y la responsabilidad de los contenidos son del autor. La Asociación se honra con dar difusión a las piezas (texto, voz, imagen) que recibimos.

Contradecimos a Daniel Innerarity

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 Estar de acuerdo y discrepar

  • De Daniel Innerarity –uno de los autores de cabecera de esta Asociación– hemos reseñado aquí su visión del cambio (Interpretar bien el mundo) y el error que supone intentar medirlo todo (Una sociedad a la medida). En estos dos asuntos, coincidimos ampliamente con Innerarity.
  • Hoy, no. Hoy le contradecimos; hoy recogemos el guante que nos lanza en El gozo de la curiosidad, una gozada de artículo que, con su permiso, reproducimos íntegramente más abajo.

Tomárselo en serio

  • Daniel Innerarity propone “tomarse el derecho a decidir radicalmente en serio
  • Para nosotros, tomarse esta cuestión en serio exige superar la deliberada confusión que crea el eslogan de marketing político “derecho a decidir”, un eslogan que no responde a la estructura de sujeto, verbo y predicado. ¿Quién decide qué? Decir que los riojanos (sujeto) tenemos derecho a decidir (verbo) sobre el río Ebro (predicado), no es lo mismo que hablar del derecho a decidir de los riojanos. Bien mirado, no es que contradigamos a Innerarity; hablamos de cosas diferentes, al margen del reconocimiento o entidad jurídica que pudiera considerarse de un derecho a decidir en abstracto, asunto este que va más allá de los límites de este post.

Dos derechos a decidir

  • El filósofo Innerarity habla de dos derechos a decidir, el de los nacionalistas y el de los constitucionalistas: “En Euskadi hay ciudadanos que quisieran decidir solos, y también personas que quisieran decidir de acuerdo con un espacio más amplio que coincide con el Estado español”. [La negrita es nuestra].
  • La ACCD entiende que existen asimismo dos derechos a decidir. La discrepancia viene ahora. Para nosotros los dos derechos a decidir son: el de los nacionalistas, sean ciudadanos residentes en Euskadi o no, y el de los constitucionalistas, sean personas residentes en Euskadi o no. Porque la realidad histórica que hoy conocemos como Euskadi ni nació en el vacío ni se ha desarrollado aisladamente a lo largo de los siglos. ¿Dónde quedan los que han trabajado no “en”, pero sí “para” Euskadi? Tanto Euskadi como España (Euskadi incluida) son construcciones históricas que han coevolucionado. Además, “dentro de 3.000 años España no existirá”. Euskadi tampoco. Pero hay diferentes formas de hacer el camino.

Bilateralidad, confederalismo, etc.

  • Daniel Innerarity sostiene que en el fondo “se trata de respetar la voluntad de los vascos en su integridad (la de los soberanistas y la de los unionistas; la de quienes quieren decidir solos y la de quienes quieren hacerlo con otros)”.
  • A nuestro entender se trata de respetar la voluntad de todos los implicados en los procesos de negociación en curso. Pues cualquier modificación del estatus de Euskadi supone una modificación de esa otra construcción histórica que hoy conocemos como España. Todo hace pensar que Innerarity sugiere que una parte pueda decidir sobre el todo. En cualquier proceso de negociación, lo primero es ponerse de acuerdo en el objeto sobre el que se negocia. En los orígenes de lo que hoy es la UE, Jean Monnet no se cansaba de repetirlo: “Estamos aquí para culminar una obra común, les dije [a los sesenta delegados presentes], no para negociar ventajas, sino para buscar nuestra ventaja en la ventaja común”. En la Ponencia de autogobierno del País Vasco ¿qué obra común se pretende culminar?

Filósofos y personas de acción

  • Si puede entenderse que el trabajo de los filósofos consiste en reflexionar sobre lo que los demás damos por sabido, el cometido de las personas de acción es realizar o llevar a efecto lo que los demás dan por hecho.
  • Para llevar a la práctica asuntos tales como codecisión o soberanías compartidas, esta Asociación considera que la Teoría General de Sistemas, la Teoría de la negociación y la Teoría de la decisión son, amén de otros, tres ingredientes imprescindibles que deben entenderse y practicarse con soltura. Pues es lema de esta Asociación “evitar por igual tanto las acciones sin sólido fundamento teórico como las ideas de valor exclusivamente académico”. En esta misma línea, y sobre estos mismos asuntos, le pedimos en su día a Víctor Lapuente que nos ayudara a comprender su propuesta de un Referéndum dual en El orden de los factores.

En definitiva, los puntos de vista que aquí proponemos facilitarían la “cuadratura del círculo”, callejón al que llega el propio Daniel Innerarity siguiendo sus propios pasos. Esperamos que cumpla su parte del trato: “…quería recordar a mis contradictores que sigo contando con vosotros, aunque ya os anuncio que, como de costumbre, no me dejaré vencer sin ofrecer resistencia”.

Un saludo muy cordial,

Paz de Torres

Felipe Gómez-Pallete

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

Ilustración: “Kilometroak, Zubieta 1978”. Colección particular FGP #3501.

 

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El gozo de la curiosidad

Daniel Innerarity

El País Semanal, 17 ENE 2018 – 13:38 CET

http://bit.ly/2Ez5f64

MI QUERIDO CONTRADICTOR: Me dirijo a ti de manera genérica porque no eres alguien concreto sino el representante de ese grupo de personas que me han llevado la contraria a lo largo de mi vida y que me contradirán en el futuro; solo sé que a ti debo la mayor parte de las cosas que conozco pero, sobre todo, que la confianza propia no sea excesiva y esa distancia de seguridad respecto de uno mismo sin la cual nuestra vida sería un tedioso ejercicio de autorratificación.

Los seres humanos necesitamos entornos reconfortantes, no podríamos vivir sin rutinas incuestionadas y tenemos una escasa capacidad para las sorpresas. Ahora bien, más allá de un determinado grado de conformidad, la vida se convierte en una insoportable coreografía de aprobación de lo que somos y de cuanto sabemos. Sería terrible que Nietzsche tuviera razón cuando sostenía que los humanos no hacemos otra cosa que sorprendernos al encontrar cosas que previamente habíamos escondido. La prueba de que es posible hacer verdaderos descubrimientos, de que hay novedad en la historia, sois vosotros y vosotras, quienes nos contradicen.

Los seres humanos necesitamos entornos reconfortantes, no podríamos vivir sin rutinas incuestionadas y tenemos una escasa capacidad para las sorpresas

Si uno es filósofo tiene además, por oficio, una especial adicción a la contrariedad. Por deformación profesional podemos entender bien a qué extraño mecanismo mental se estaba refiriendo Unamuno cuando afirmaba: “No estoy siempre conforme conmigo mismo y suelo estarlo con los que no se conforman conmigo”. Pensar es una estrategia para ir más allá de lo pensado, por otros y por uno mismo, impugnar los prejuicios (sobre todo los propios), imaginar situaciones insólitas, suponer que algo podría ser de otra manera. Para eso necesitamos un interlocutor que nos contradiga y, si no lo tenemos, lo inventamos: la ciencia cultiva la controversia, la refutación y la crítica, el derecho ha establecido procesos contradictorios previos a la determinación de la verdad jurídica y a la democracia le debemos ese hallazgo político prodigioso de que a todo gobierno le corresponde una oposición. Son estrategias que nos salvan de la locura en la que caeríamos, individual y colectivamente, si no tuviéramos nadie alrededor sistemáticamente empeñado en quitarnos la razón.

Si nos fijamos en cómo configuramos nuestros entornos obtendremos mucha información acerca de cómo somos. Hay quien prefiere el coro de aduladores y quien elige la primera línea de combate con el adversario. El equilibrio entre la seguridad y el riesgo, entre la comodidad de la rutina y el gozo de la curiosidad es algo que cada uno debe aprender a orquestar. No existe una fórmula universal para determinar el justo medio entre la convicción y la duda, pero yo he encontrado un remedio casero que no falla nunca: si en un momento dado descubres que eres el más listo del grupo, debes salir corriendo. Lo peor que puede pasarle a uno es tener discípulos dedicados a glosarte, hijos dóciles o seguidores entusiastas. Es mucho más interesante buscar la compañía de alguien diferente, procurar el contraste, dejarse arrastrar por la atracción de la controversia, generar algo que adquiera vida propia.

Aprendemos gracias a quienes nos contradecís y, en el terreno de la convivencia, aprendemos incluso a no irritarnos demasiado por las manías de los demás. El pensamiento, la vida y la democracia os necesitan para mantenerse en pie. Por eso, si uno anda escaso de contradictores es aconsejable que se los vaya procurando. Yo los he tenido y espero seguir teniéndolos en abundancia, en parte por razones estratégicas y en parte por haber dicho y hecho no pocas cosas que merecían la crítica y el reproche.

Mientras preparo mi próxima equivocación, quería recordar a mis contradictores que sigo contando con vosotros, aunque ya os anuncio que, como de costumbre, no me dejaré vencer sin ofrecer resistencia. Forma parte del trato.

 

La huella de José Luis Sampedro

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El pasado 1 de febrero de 2018, José Luis Sampedro habría cumplido 101 años. Con este motivo, encuentros complutense organizó la clausura de los actos que, durante los últimos 12 meses, se han venido celebrando para conmemorar el centenario de su nacimiento.

Nuestro presidente, Felipe Gómez-Pallete, amigo personal del profesor Sampedro desde principios de la década de los ochenta, fue invitado a participar en este encuentro por mediación de Sofía de Roa, periodista, asesora política y, casualmente, investigadora de esta Asociación.

Como se recoge en Tribuna Complutense,  a Sofía de Roa, como activista participante en el movimiento 15M, lo primero que le sorprendió de Sampedro fue su juventud. Así, recordó, entre otras muchas cosas, cómo le había definido Iñaki Gabilondo en una entrevista: “la mente lúcida más joven de España”, o los ánimos que Sampedro dirigía a los congregados en la Puerta del Sol: “Me habéis dado la alegría de mi vida”.

Gómez-Pallete, por su parte, se valió de tres imágenes (fronteras, puentes y cometas) para ilustrar diferentes aspectos de la vida y la obra de José Luis Sampedro y cómo la amistad que les unió influyó de forma decisiva en su corazón y en su mente. Especial mención merece en este post la huella –hoy desvelada– que dejó Sampedro en esta Asociación: el interés por imaginar nuevas y mejores instituciones que nos permitan convivir de forma “más armoniosa, más relacionada con la naturaleza, en una palabra, más humana”.

Nuestros seguidores pueden visionar aquí el desarrollo completo del acto y, en particular, las intervenciones de Gómez-Pallete (34:09 – 45:52) y Sofía de Roa (49:15 – 59:55).

Un saludo muy cordial,

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

 

El error de intentar medirlo todo

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En este artículo, Daniel Innerarity nos advierte sobre el error que supone interpretar el mundo a través de un termómetro, una regla, o un cronómetro. Las razones son varias, tanto nos refiramos al observador como al sistema observado. Pues, en el propio proceso de medir, se altera el estado de lo medido y, al mismo tiempo, quien permanece atento a la lectura (grados, centímetros o segundos) corre el riesgo de confundir la contundencia de los números con la realidad.

A nuestro modo IMAGENde ver, la advertencia de Innerarity es especialmente oportuna en el ámbito de la corrupción, entendida como problema, y de la transparencia, presentada como antídoto ideal contra esta lacra social, no solo política.

Damos la bienvenida a iniciativas que, como la del acuerdo entre la CNMC y Transparencia Internacional España, vienen a sumarse a otras ya operativas, y con notable éxito, como, por ejemplo, la plataforma Dyntra.

Desde esta Asociación hacemos votos para que estas herramientas alcancen sus objetivos y ayuden a evitar los peligros sobre los que nos advierte nuestro autor de referencia: “La mentalidad cuantitativa nos sitúa inmediatamente en términos de competitividad, y eso dispara una determinada astucia para mejorar la apariencia. No pocas veces ocurre que las instituciones se dedican más al cuidado de la propia imagen que a mejorar su funcionamiento”.

Un saludo muy cordial,

Paz de Torres

Felipe Gómez-Pallete

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

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En VIII – LAB Decidim

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La ACCD participó el pasado viernes, día 19 de enero, en LAB Metadecidim, un espacio de investigación abierta y colaborativa orientado a abordar el desarrollo de la plataforma Decidim. En este encuentro, que celebraba su VIII Sesión, el reto era abordar qué tipo de  indicadores pueden ayudar a evaluar la calidad de los procesos que se inician desde la plataforma. La intervención, a cargo de Sofía de Roa, investigadora de la Asociación, estuvo dedicada a exponer los requisitos necesarios para que una organización establezca un Sistema de Indicadores de Calidad democrática (SIC).

Con tal fin, Sofía de Roa expuso el salto conceptual que la ACCD ha introducido en el campo de la transparencia como punto de partida para iniciar cualquier proceso de mejora permanente. Un recorrrido conceptual y metodológico que ha sido posible a partir de la propuesta SIC que la Asociación lanzó en 2015. En el gráfico que acompaña esta líneas se presenta una síntesis de la propuesta ACCD.

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El laboratorio, que contó con el expertise de Miram Sol y Carla Cordoncillo (Spora sinergies), Juan Romero (Openkratio) , Marc Parés (IGOP), Ismael Peña (UOC), Rosa Borge (UOC), y Jaume Puigpinós (UCLG) ,  terminó con una segunda sesión de trabajo para pensar sobre las formas de operacionalizar conceptos como Deliberación, Diversidad, Inclusividad, Igualdad, Autonomía social o Transparencia.

 

Saludos cordiales,

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas

 

 

Interpretar bien el mundo

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Nos satisface sobremanera comunicar a nuestros seguidores que Daniel Innerarity nos ha autorizado a reseñar y reproducir en este blog sus artículos de opinión.

A nuestro modo de ver, la obra del profesor Innerarity se caracteriza por la selección de temas que abarca –buena parte de ellos coincide con los asuntos de que se ocupa esta Asociación–, por el equilibrio entre teoría y práctica de sus argumentaciones –algo que consideramos poco habitual en la disertación filosófica– y por su capacidad didáctica.

Hoy recomendamos la lectura de la tribuna titulada “Deseos de año nuevo”, aparecida en El País, martes 2 de enero de 2018. El autor reflexiona aquí sobre el cambio, uno de los dos pilares sobre los que ha de situarse cualquier persona que desee interpretar bien el mundo que le circunda.

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