Respuesta de Daniel Innerarity

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Nos complace mucho compartir con nuestros seguidores la respuesta que nos envía Daniel Innerarity a la carta abierta recientemente publicada en este mismo blog, con motivo de un artículo suyo publicado en La Vanguardia.

En tiempos como los que corren, de tanta prisa y tanto silencio por respuesta, el sentido de la amistad y la honestidad intelectual del profesor Innerarity destacan sobremanera.

Atentamente,

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas

 

Queridos amigos,

Como bien me conocéis, sabéis que eso de que a uno le contradigan es una manera de tomárselo en serio y os estoy muy agradecido.

Dejadme que os diga de entrada algo sobre el sentido del artículo: era destinado principalmente a mis amigos soberanistas, de quienes deseo que hagan una profunda reflexión y que reconsideren si todo lo hecho ha valido la pena. A algunos de ellos ya les desaconsejé este camino cuando empezó. Esto es clave para entender por qué el artículo subraya unas cosas y pasa de largo por otras, que sea una llamada de atención y no un tratado equilibrado, en cuyo caso hubiera escrito, desde las mismas convicciones, con un enfoque diferente.

He explicado más mi punto de vista en el capítulo titulado “¿Qué hacemos con las naciones?” de mi último libro Política para perplejos y dejadme que me remita a esas páginas para no repetir los argumentos que allí están tratados con más extensión.

Me centraré en vuestras objeciones:

  • Creo que todo este asunto es un fracaso COLECTIVO y en este fracaso hay muchas personas, partidos e instituciones que tienen la responsabilidad.
  • Podríamos discutir de porcentajes (tal vez el criterio de que quien tiene más poder tiene también más responsabilidad) pero tal vez eso no nos lleve muy lejos.
  • En el campo soberanista, como digo en ese artículo, el hecho mismo de meterse en ese proceso me pareció desde el comienzo un error y los actos del 6/7 de septiembre una exclusión injustificable democráticamente.
  • A esa práctica antidemocrática no se le puede justificar apelando a la reiterada negativa del Gobierno español a negociar con lo que, muy erróneamente, consideraron un suflé, pero que no la justifique no quiere decir que no la explique.
  • Por supuesto que esa definición de populismo de Víctor [Lapuente] cuadra bien con ciertos usos del nacionalismo: sin esa simplificación el nacionalismo catalán no hubiera movilizado tanto, pero tampoco C’s hubiera experimentado una subida tan espectacular en las encuestas si no hubiera hecho uso de una simplificación análoga.

Respecto al derecho a decidir (expresión que me gusta poco, por cierto), permitidme que remita a un artículo que publiqué en El Correo hace unos meses. Ahí encontraréis mi planteamiento de reciprocidad y mi principio de que todos los afectados por una decisión deben intervenir en las decisiones (lo que desarrollé con más extensión en el capítulo sobre “autodeterminación transnacional” en mi libro La democracia en Europa). Nada más ajeno a mi pensamiento que un planteamiento sin matices, antagonista. Esto, créeme, me causa no pocos inconvenientes, también entre los que están más cercanos y, en un ambiente ahora enrarecido, desearían planteamientos más rotundos. Como decía Paul Valery, no digo que tengo razón, digo simplemente que soy así…

Gracias por haberme dado esta oportunidad para explicarme mejor, espero.

Un abrazo, Daniel

Recibido: 28 marzo 2018

Ilustración: ‘Collage’ ACCD, a partir de ‘header’ en biografía del autor y “Letras sueltas” (colección particular FGP #20150322)

 

Carta abierta a Daniel Innerarity

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Querido Daniel,

Nos dirigimos a ti con motivo de la reciente publicación en La Vanguardia de tu artículo “Tiempo de reflexión”. Un artículo que situamos en la senda de la entrevista que, hace unas semanas, concediste a Ainhoa Muñoz para El Diario Vasco.

Con la mirada puesta en Cataluña y Euskadi vienes exponiendo tus opiniones sobre la causa nacionalista. Y lo haces –así te defines–  como “ciudadano de una nación sin Estado”. Para nosotros, tus seguidores, eres un reconocido catedrático de filosofía política y social con quien unas veces coincidimos y otras no.

Sucede que, en esta ocasión, las valoraciones que haces sobre la cuestión nacionalista –enmarcadas entre cómo tú te defines y nosotros te vemos– nos han dejado sumidos en un mar de dudas, situación que te pedimos nos ayudes a esclarecer. Una ayuda que valoramos especialmente ahora, cuando la detención del expresidente Carles Puigdemont en Alemania ha elevado de forma considerable la temperatura política.

Hemos resumido en las siguientes tres cuestiones las dudas que tus últimos escritos nos han causado. Esta carta no es para rebatir tus ideas sino para que tus respuestas nos ayuden a averiguar lo que desconocemos. Al respondernos, lo estás haciendo a nuestros seguidores, personas comunes y corrientes que quieren saber y formarse criterio, necesitadas de un lenguaje llano, compatible con el rigor conceptual.

  1. Del procés destacas sus “equivocaciones tácticas y errores estratégicos”, mientras que de los que se oponen a él enfatizas sus “errores y comportamientos antidemocráticos”. ¿Puedes explicarnos por qué asignas los procedimientos antidemocráticos sólo a uno de los dos bloques con que articulas tu razonamiento?
  1. Opinas que “la mayor responsabilidad le corresponde al Estado, que se ha cerrado al diálogo, ha empujado a la mayoría soberanista del Parlament a una carrera desesperada y ha actuado finalmente con una arbitrariedad injustificada”. ¿En qué te basas para establecer, asertiva e inequívocamente, esta relación de causa (Estado) à efecto (mayoría soberanista del Parlament)?
  1. Recientemente, Víctor Lapuente ha definido el populismo en los siguientes términos: “El populismo es un truco. Sencillo, pero de efectos mágicos. El populismo consiste en simplificar una discusión compleja en dos posturas antagónicas”. Y pone como ejemplos los debates que están teniendo lugar sobre estas dos cuestiones: La prisión permanente revisable y las pensiones. La cuestión nacionalista, planteada como enfrentamiento entre dos adversarios, el Estado español y el soberanismo (catalán o vasco, es lo de menos), ¿crees que cabe dentro de esta definición de populismo?

Quizá te ayudemos a responder esta carta si nos permites recordarte dos de los argumentos que te expusimos en nuestra anterior interpelación:

  • Derechos a decidir
  • Bilateralidad y confederalismo

Estos dos argumentos vienen a corresponderse, respectivamente, con las dos miradas que se necesitan para contemplar en relieve la complejidad del mundo actual, a saber: 1) el análisis de los cambios históricos y 2) la consideración del todo y sus partes. Al no encontrar estas dimensiones en tu artículo (que reproducimos íntegramente a continuación) interpretamos tus argumentos como proyectados en una pantalla de cine, en dos dimensiones –el bueno y el malo–, sin perspectiva ni escorzo: argumentos planos.

Claro que la reflexión sobre la cuestión nacionalista es “tan necesaria como difícil”. No te falta razón. En estas estamos. Pensando en nuestros seguidores, intentamos despejar las dudas que tus últimas reflexiones nos han provocado.

Como sabes, esta Asociación –que te considera uno de sus autores de cabecera– es una iniciativa con más 5 años de vida, apartidista y de carácter no lucrativo. Desde el primer momento has elogiado y apoyado nuestro ideario.

Tu respuesta nos ayudará a cumplir con nuestro compromiso con la sociedad: fortalecer a diario –no una vez cada cien años– el tejido institucional (normas y organizaciones) que los ciudadanos hemos ido construyendo a lo largo de la historia con el fin de regular nuestras aspiraciones y conductas. De esta forma podremos conseguir que la necesidad de una estructura institucional robusta, pública y privada, sea una aspiración social compartida e ilusionante.

A la espera de tu respuesta, recibe nuestro más cordial abrazo,

Paz de Torres

Felipe Gómez-Pallete

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

Ilustración: “Otoño familiar”. Colección particular FGP #20101106.

 

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Tiempo de reflexión

Daniel Innerarity

17/03/2018 00:34 | Actualizado a 17/03/2018 04:01

Fuente: http://bit.ly/2HMGMZ6

Escribo este artículo desde mi simpatía con la causa nacional catalana y mi desacuerdo estratégico con el procés. Siempre he pensado que había en él no sólo equivocaciones tácticas, sino también errores de diagnóstico. Desde la perspectiva de quienes lo han liderado (prescindiendo ahora, por tanto, de los errores y comportamientos antidemocráticos de quienes se han opuesto a él), creo que el soberanismo catalán en su conjunto tiene que hacer una profunda reflexión. La mayor responsabilidad le corresponde al Estado, que se ha cerrado al diálogo, ha empujado a la mayoría soberanista del Parlament a una carrera desesperada y ha actuado finalmente con una arbitrariedad injustificada. Pero el nacionalismo catalán tenía que haber ­jugado otras bazas. Después de lo que ha pasado, ¿a quién ha fortalecido y a quién ha debi­litado?

El soberanismo ha cometido un error similar al del Estado: minusvalorar al adversario. El Estado no tiene legitimidad suficiente para imponerse y los nacionalistas no tenían el respaldo necesario (interno e internacional) para llevar a cabo un proceso de estas características. El efecto colateral de la irresponsabilidad del Gobierno español es la desconexión práctica de muchos catalanes que, sin haber conseguido la independencia, han desconectado completamente del proyecto de España, y el efecto colateral del soberanismo es que ha fortalecido las tendencias más reaccionarias del Estado y la sociedad española.

Cuando hablo de renovación conceptual lo digo con un cierto tono pesimista respecto del presente inmediato. Los ciudadanos de una nación sin Estado no tenemos otro remedio que indagar en los huecos que se abren en los sistemas en crisis, adivinar qué juegos sustituirán al viejo sistema de estados soberanos y abrirnos a esas nuevas lógicas. Podemos ser más que un Estado, debemos ir hacia una mayor “no dependencia”, dejar en un segundo plano la batalla por la soberanía formal y darla por una soberanía real, hacia lo que podríamos llamar una independencia de hecho ya que la de derecho no resulta posible, mientras ampliamos el campo de la propia base electoral (sabiendo que esto nos exigirá una formulación un tanto más laxa de nuestra idea de nación), distinguir siempre entre aspiraciones, derechos y oportunidades… En este momento veo que nos vamos enredando en el lenguaje de los héroes y las traiciones, los programas de máximos y los lamentos acerca de lo malo que es el adversario, una batalla que ahora está dominada por los guardianes de las esencias y los melancólicos.

Para las fuerzas soberanistas se abre un tiempo de reflexión en el que tendrán que repensar muchas cosas, no solamente las relativas a su estrategia, sino también al marco conceptual. Me permito sugerirles que piensen menos en el Estado y más en la sociedad. Si partimos de la convicción democrática de que nada puede hacerse en política sin contar con la ­libre adhesión de la gente, examinemos con sinceridad lo que dice la gente. Las pasadas elecciones desinflaron la expectativa de que las fuerzas unionistas despertaran y se configurara una nueva mayoría, pero la mayoría nacionalista resultante sigue siendo exigua para una independencia, pese a que algunos habían puesto sus esperanzas en que la torpe acción del Estado les diera un salto cuantitativo. La realidad sociológica de Catalunya nos ofrece un resultado muy per­sistente cuando se plantean los términos del problema en clave de confrontación. Y al mismo tiempo sigue habiendo una gran mayoría (huérfana en estos momentos) que desearía un avance sustancial en el autogobierno pero sin unilate­ralidad. No soy un ingenuo y comprendo las dificul­tades existentes. No estoy seguro de que una for­mulación ampliamente respaldada en Catalunya fuera a encontrar en España un interlocutor con mejor receptividad que la que tuvo el Estatut, ahora menos que antes. Hemos de reconocer que uno de los efectos colaterales del procés ha sido precisamente la destrucción de la confianza recíproca, el fortalecimiento de las posturas que prefieren la confrontación al diálogo. Pero el nacionalismo haría bien en reflexionar acerca de las opciones que tiene delante y que se han reducido tras el fracaso de la estrategia uni­lateral.

Que algo sea inverosímil en las circunstancias actuales no me impide afirmar que terminaremos tarde o temprano en un proceso de negociación. Tiene que pasar un tiempo para que unos y otros comprendan que tanto la imposición como la unilateralidad son estrategias que no dan más de sí. Ese estancamiento juega a favor del statu quo, por supuesto, pero ahora sabemos que determinadas maneras de ejercer el contrapoder democrático pueden servir incluso de coartada para la regresión.

La única salida del soberanismo es salvaguardar la pluralidad de la ­sociedad, no para que una parte venza a la otra, además de por convicciones democráticas, por un cálculo de utilidad: en una confrontación de mayorías siempre salimos perdiendo. En este sentido me identifico con la tradición republicana en filosofía política: la democracia no es un sistema para permitir el poder de la mayoría sino para impedir la dominación de la mayoría. Y en política conviene no olvidar que nadie tiene asegurado que nunca se convertirá en minoría.

Lo que enseña la teoría de juegos

La teoría de juegos explica cuáles son las intrincadas lógicas que funcionan cuando interactúan diversos agentes en un contexto dinámico. Lo principal es aumentar siempre las propias opciones. En el caso concreto que nos ocupa, los dos grandes actores han ido reduciendo esas opciones; cada paso disminuía el campo de sus posibilidades, hasta el punto de que finalmente ninguno podía hacer otra cosa que lo que hicieron (convocar el referéndum o aplicar el 155). Era un caso típico del célebre “juego del gallina”, en el que gana quien frena más tarde cuando dos coches se dirigen hacia un precipicio. El resultado final es que ambos han perdido, aunque Catalunya en mayor medida.

El resultado de todo ello es que ahora estamos peor que en el punto de partida. El Estado no va a abrir ese cauce y el tensionamiento político tampoco tiene la posibilidad de hacerle desistir. A quienes justificaban continuar el procés en virtud de que el Estado no se avenía a negociar, les preguntaría si ahora consideran más factible una negociación de ningún tipo. La política tiene que tomar siempre en consideración los efectos secundarios de las decisiones, en este caso, el resurgimiento de un nacionalismo español que lo hará todo más difícil y en relación con el cual la simple recuperación de la autonomía parecerá una gran conquista. Esto debía haberse calculado. El hecho de que la represión del Estado me parezca absolutamente injustificable no me impide considerarla como algo que cualquiera podía haber previsto. Una vez más, la teoría de juegos puede enseñarnos hasta qué punto seguir avanzando en la dirección equivocada puede dar lugar a que el adversario se fortalezca.

 

Polonia. Ley de memoria histórica

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Recientemente, los medios españoles y de otros países han atacado con énfasis la aprobación de una ley de memoria histórica en Polonia, que amenaza con multas y cárcel a quienes nieguen la supuesta versión oficial de la historia de las persecuciones contra los judíos durante la segunda guerra mundial. En palabras de un artículo de El País:

El relato oficial de los hechos sostiene que los polacos no tuvieron nada que ver con la persecución de los judíos y se volcaron en intentar salvar el mayor número posible. Los principales historiadores del Holocausto en Polonia aceptan que muchos polacos se jugaron la vida al tratar de ocultarles, pero mantienen que un número terriblemente alto denunciaron o asesinaron a sus vecinos judíos y participaron en pogromos durante y después del conflicto. Sostener esto último se ha convertido en delito en Polonia, penado hasta con tres años de cárcel.

Otros medios españoles, como La Vanguardia y El Mundo han coincidido más o menos con este análisis. Para intentar sacar una imagen más completa de la realidad, me he tomado la molestia de consultar también medios polacos. Lo que he averiguado es esto:

  1. No se trata de una ley nueva, sino de una enmienda a una ley anterior, con un único punto. Las acusaciones de precipitación que se han hecho al parlamento polaco no pueden sostenerse.
  2. La enmienda en cuestión dice que cualquier persona que públicamente y en contra de los hechos atribuya responsabilidad o corresponsabilidad a la nación o al estado polaco por crímenes cometidos por el Tercer Reich alemán, u otros crímenes de lesa humanidad, o crímenes de guerra, estará sujeto a una multa o encarcelamiento de hasta tres años. El mismo castigo afectará a quien “reduzca groseramente la responsabilidad de los verdaderos perpetradores de estos crímenes.”
  3. Después de la aprobación de la enmienda por las dos cámaras del parlamento polaco, la ha firmado el presidente Duda, quien lo ha justificado diciendo que lo que se castiga en dicha enmienda es la atribución de los crímenes de guerra nazis a la nación o al estado polaco. La nación polaca difícilmente puede ser acusada de nada, como cualquier otra nación. En cuanto al estado polaco, durante la segunda guerra mundial no existía, porque Polonia estaba conquistada y dividida territorialmente entre Alemania y la Unión Soviética. Lo que se castiga, por tanto, es que se mienta.
  4. A pesar de todo, el presidente ha enviado la enmienda al tribunal constitucional polaco para que decida si con ella se ha producido una transgresión de la libertad de expresión.

No es verdad, por tanto, lo que dice El País en el párrafo citado más arriba, que se intenta negar que muchos polacos denunciaron a judíos ante el Tercer Reich, lo que los llevó a la muerte. De hecho, el presidente Duda lo ha reconocido. Pero eso es muy diferente a la atribución de la responsabilidad a un estado polaco que entonces no existía, que es lo que prohíbe la enmienda.

Otra cosa es que esta enmienda pueda utilizarse abusivamente. Pero me temo que eso puede ocurrir con cualquier ley de memoria histórica, que no es difícil que se convierta en Ley Mordaza. Polonia no es el primer país que ha hecho una ley semejante.

Manuel Alfonseca

Profesor. Novelista. Divulgador. Dr. Ingeniero de Telecomunicación.

 

Recibido: 8 febrero 2018

Ilustración: Letras sueltas. Colección particular FGP #20150322

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NOTA de la ACCD. De acuerdo con las normas de participación en esta Sección de Perspectiva Críticas, los derechos y la responsabilidad de los contenidos son del autor. La Asociación se honra con dar difusión a las piezas (texto, voz, imagen) que recibimos.

Medios, encuestas y semáforos rojos

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Con el auge de las versiones digitales de los periódicos y las emisoras de radio y televisión en Internet, las encuestas a los lectores han proliferado mucho, pero eso no significa que antes no las hubiera. Simplemente, el número de encuestados era mucho menor. Si ahora los participantes en una encuesta se miden por miles, en los años noventa solían ser cinco o seis, como en esas encuestas que las emisoras siguen haciendo a pie de calle.

El problema con muchas de estas encuestas es que las preguntas que se hacen no siempre tienen sentido, o si lo tienen es más bien como datos para un análisis sociológico sobre los encuestados, que sobre la realidad. Mucha gente confunde lo que realmente pasa con lo que la gente piensa que pasa, cuando las dos cosas no tienen por qué coincidir, y en muchos casos no coinciden.

Normalmente son poco de fiar las encuestas cuyo objetivo consiste en predecir el futuro. Su resultado es en sí poco fiable. Su única utilidad sería analizar qué cree la gente y por qué lo cree, pero ese tipo de análisis rara vez se hace. Veamos algunos ejemplos de preguntas de este tipo:

  • ¿Cree usted que el Barça ganará la Liga de Campeones de este año?
  • ¿Cree usted que Puigdemont volverá a España?
  • ¿Cree usted que la economía mejorará el año que viene?
  • ¿Cree usted que la inteligencia artificial hará perder muchos puestos de trabajo?

Otras veces la encuesta hace preguntas que sí tienen sentido, pero cuya solución no está al alcance de cualquiera. Recuerdo, por ejemplo, que un periódico importante hizo esta pregunta en los años noventa:

  • ¿Qué haría usted para acabar con la guerra civil en Yugoslavia?

La verdad es que, si me hubiesen hecho a mí esa pregunta, habría tenido que contestar no tengo ni idea. Pero los encuestados, que eran gente de la calle, siempre contestaban, siempre tenían algo que decir. Sea cual sea la dificultad de la pregunta, parece que tenemos muchas dificultades para decir no sé.

Creo que el único objetivo de estas encuestas es dar la sensación de que el medio interacciona con la gente, aunque esa interacción no sea casi nunca estadísticamente significativa. Y, claro, es difícil idear una pregunta que tenga sentido para cada día del año.

Una cuestión diferente es la costumbre que han tomado algunos medios de poner nota a personas más o menos famosas, en función de lo que han dicho o hecho. En La Vanguardia, por ejemplo, les ponen un semáforo rojo o verde (lo primero para criticarles, lo segundo para alabarles). Otros medios asignan una mano con el dedo hacia abajo o hacia arriba, para indicar lo mismo. Como estas calificaciones no suelen estar firmadas, deben considerarse parte de la línea editorial del medio.

El problema es el siguiente: especialmente en las calificaciones negativas se nota una tendencia muy preocupante a confundir “no está de acuerdo con mi ideología” con “es digno de crítica”. Así, por ejemplo, en las últimas semanas La Vanguardia ha asignado el semáforo rojo a las siguientes personas:

  • El 27/1/2018 a Milos Zeman, por haber sido reelegido presidente de la República Checa con el 52% de los votos. Usualmente, cuando alguien gana unas elecciones, más aún por mayoría absoluta de votos, se le suele felicitar. Aquí se le critica. ¿Por qué? Porque no piensa de acuerdo con la ideología dominante en Europa. Viene a ser el mismo motivo por el que a Donald Trump le asestan el semáforo rojo cada dos por tres, sólo que en este caso se ha notado más, porque lo que critican, en realidad, no es a él, sino que haya ganado.
  • El 1/2/2018 a Francisco Rubio, presidente del Comité de Competición de fútbol, por abrir expediente a dos jugadores del Barça, cuyo comportamiento fue denunciado por el Espanyol ante la Comisión Antiviolencia. Parece que los jugadores del Barça son intocables para La Vanguardia, pero lo más curioso es que el semáforo sea, no para quien les denuncia, sino para quien acepta la denuncia.

Y, por supuesto, cada vez que alguien dice algo contrario a la ideología dominante (sea contra el aborto, el matrimonio homosexual o los demás temas de moda) se le asigna el semáforo rojo. Parece que, para los medios, cualquier desviación respecto al pensamiento único debe ser criticada. Es extraño, pues se suponía que los medios de comunicación habían sido tradicionalmente los máximos defensores de la libertad de expresión. Pero parece que les domina más, al menos en esta época, la fidelidad a la ideología.

Manuel Alfonseca

Profesor. Novelista. Divulgador. Dr. Ingeniero de Telecomunicación.

Recibido: 2 febrero 2018

Ilustración: Colección particular FGP #4574

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NOTA de la ACCD. De acuerdo con las normas de participación en esta Sección de Perspectiva Críticas, los derechos y la responsabilidad de los contenidos son del autor. La Asociación se honra con dar difusión a las piezas (texto, voz, imagen) que recibimos.

Contradecimos a Daniel Innerarity

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 Estar de acuerdo y discrepar

  • De Daniel Innerarity –uno de los autores de cabecera de esta Asociación– hemos reseñado aquí su visión del cambio (Interpretar bien el mundo) y el error que supone intentar medirlo todo (Una sociedad a la medida). En estos dos asuntos, coincidimos ampliamente con Innerarity.
  • Hoy, no. Hoy le contradecimos; hoy recogemos el guante que nos lanza en El gozo de la curiosidad, una gozada de artículo que, con su permiso, reproducimos íntegramente más abajo.

Tomárselo en serio

  • Daniel Innerarity propone “tomarse el derecho a decidir radicalmente en serio
  • Para nosotros, tomarse esta cuestión en serio exige superar la deliberada confusión que crea el eslogan de marketing político “derecho a decidir”, un eslogan que no responde a la estructura de sujeto, verbo y predicado. ¿Quién decide qué? Decir que los riojanos (sujeto) tenemos derecho a decidir (verbo) sobre el río Ebro (predicado), no es lo mismo que hablar del derecho a decidir de los riojanos. Bien mirado, no es que contradigamos a Innerarity; hablamos de cosas diferentes, al margen del reconocimiento o entidad jurídica que pudiera considerarse de un derecho a decidir en abstracto, asunto este que va más allá de los límites de este post.

Dos derechos a decidir

  • El filósofo Innerarity habla de dos derechos a decidir, el de los nacionalistas y el de los constitucionalistas: “En Euskadi hay ciudadanos que quisieran decidir solos, y también personas que quisieran decidir de acuerdo con un espacio más amplio que coincide con el Estado español”. [La negrita es nuestra].
  • La ACCD entiende que existen asimismo dos derechos a decidir. La discrepancia viene ahora. Para nosotros los dos derechos a decidir son: el de los nacionalistas, sean ciudadanos residentes en Euskadi o no, y el de los constitucionalistas, sean personas residentes en Euskadi o no. Porque la realidad histórica que hoy conocemos como Euskadi ni nació en el vacío ni se ha desarrollado aisladamente a lo largo de los siglos. ¿Dónde quedan los que han trabajado no “en”, pero sí “para” Euskadi? Tanto Euskadi como España (Euskadi incluida) son construcciones históricas que han coevolucionado. Además, “dentro de 3.000 años España no existirá”. Euskadi tampoco. Pero hay diferentes formas de hacer el camino.

Bilateralidad, confederalismo, etc.

  • Daniel Innerarity sostiene que en el fondo “se trata de respetar la voluntad de los vascos en su integridad (la de los soberanistas y la de los unionistas; la de quienes quieren decidir solos y la de quienes quieren hacerlo con otros)”.
  • A nuestro entender se trata de respetar la voluntad de todos los implicados en los procesos de negociación en curso. Pues cualquier modificación del estatus de Euskadi supone una modificación de esa otra construcción histórica que hoy conocemos como España. Todo hace pensar que Innerarity sugiere que una parte pueda decidir sobre el todo. En cualquier proceso de negociación, lo primero es ponerse de acuerdo en el objeto sobre el que se negocia. En los orígenes de lo que hoy es la UE, Jean Monnet no se cansaba de repetirlo: “Estamos aquí para culminar una obra común, les dije [a los sesenta delegados presentes], no para negociar ventajas, sino para buscar nuestra ventaja en la ventaja común”. En la Ponencia de autogobierno del País Vasco ¿qué obra común se pretende culminar?

Filósofos y personas de acción

  • Si puede entenderse que el trabajo de los filósofos consiste en reflexionar sobre lo que los demás damos por sabido, el cometido de las personas de acción es realizar o llevar a efecto lo que los demás dan por hecho.
  • Para llevar a la práctica asuntos tales como codecisión o soberanías compartidas, esta Asociación considera que la Teoría General de Sistemas, la Teoría de la negociación y la Teoría de la decisión son, amén de otros, tres ingredientes imprescindibles que deben entenderse y practicarse con soltura. Pues es lema de esta Asociación “evitar por igual tanto las acciones sin sólido fundamento teórico como las ideas de valor exclusivamente académico”. En esta misma línea, y sobre estos mismos asuntos, le pedimos en su día a Víctor Lapuente que nos ayudara a comprender su propuesta de un Referéndum dual en El orden de los factores.

En definitiva, los puntos de vista que aquí proponemos facilitarían la “cuadratura del círculo”, callejón al que llega el propio Daniel Innerarity siguiendo sus propios pasos. Esperamos que cumpla su parte del trato: “…quería recordar a mis contradictores que sigo contando con vosotros, aunque ya os anuncio que, como de costumbre, no me dejaré vencer sin ofrecer resistencia”.

Un saludo muy cordial,

Paz de Torres

Felipe Gómez-Pallete

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

Ilustración: “Kilometroak, Zubieta 1978”. Colección particular FGP #3501.

 

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El gozo de la curiosidad

Daniel Innerarity

El País Semanal, 17 ENE 2018 – 13:38 CET

http://bit.ly/2Ez5f64

MI QUERIDO CONTRADICTOR: Me dirijo a ti de manera genérica porque no eres alguien concreto sino el representante de ese grupo de personas que me han llevado la contraria a lo largo de mi vida y que me contradirán en el futuro; solo sé que a ti debo la mayor parte de las cosas que conozco pero, sobre todo, que la confianza propia no sea excesiva y esa distancia de seguridad respecto de uno mismo sin la cual nuestra vida sería un tedioso ejercicio de autorratificación.

Los seres humanos necesitamos entornos reconfortantes, no podríamos vivir sin rutinas incuestionadas y tenemos una escasa capacidad para las sorpresas. Ahora bien, más allá de un determinado grado de conformidad, la vida se convierte en una insoportable coreografía de aprobación de lo que somos y de cuanto sabemos. Sería terrible que Nietzsche tuviera razón cuando sostenía que los humanos no hacemos otra cosa que sorprendernos al encontrar cosas que previamente habíamos escondido. La prueba de que es posible hacer verdaderos descubrimientos, de que hay novedad en la historia, sois vosotros y vosotras, quienes nos contradicen.

Los seres humanos necesitamos entornos reconfortantes, no podríamos vivir sin rutinas incuestionadas y tenemos una escasa capacidad para las sorpresas

Si uno es filósofo tiene además, por oficio, una especial adicción a la contrariedad. Por deformación profesional podemos entender bien a qué extraño mecanismo mental se estaba refiriendo Unamuno cuando afirmaba: “No estoy siempre conforme conmigo mismo y suelo estarlo con los que no se conforman conmigo”. Pensar es una estrategia para ir más allá de lo pensado, por otros y por uno mismo, impugnar los prejuicios (sobre todo los propios), imaginar situaciones insólitas, suponer que algo podría ser de otra manera. Para eso necesitamos un interlocutor que nos contradiga y, si no lo tenemos, lo inventamos: la ciencia cultiva la controversia, la refutación y la crítica, el derecho ha establecido procesos contradictorios previos a la determinación de la verdad jurídica y a la democracia le debemos ese hallazgo político prodigioso de que a todo gobierno le corresponde una oposición. Son estrategias que nos salvan de la locura en la que caeríamos, individual y colectivamente, si no tuviéramos nadie alrededor sistemáticamente empeñado en quitarnos la razón.

Si nos fijamos en cómo configuramos nuestros entornos obtendremos mucha información acerca de cómo somos. Hay quien prefiere el coro de aduladores y quien elige la primera línea de combate con el adversario. El equilibrio entre la seguridad y el riesgo, entre la comodidad de la rutina y el gozo de la curiosidad es algo que cada uno debe aprender a orquestar. No existe una fórmula universal para determinar el justo medio entre la convicción y la duda, pero yo he encontrado un remedio casero que no falla nunca: si en un momento dado descubres que eres el más listo del grupo, debes salir corriendo. Lo peor que puede pasarle a uno es tener discípulos dedicados a glosarte, hijos dóciles o seguidores entusiastas. Es mucho más interesante buscar la compañía de alguien diferente, procurar el contraste, dejarse arrastrar por la atracción de la controversia, generar algo que adquiera vida propia.

Aprendemos gracias a quienes nos contradecís y, en el terreno de la convivencia, aprendemos incluso a no irritarnos demasiado por las manías de los demás. El pensamiento, la vida y la democracia os necesitan para mantenerse en pie. Por eso, si uno anda escaso de contradictores es aconsejable que se los vaya procurando. Yo los he tenido y espero seguir teniéndolos en abundancia, en parte por razones estratégicas y en parte por haber dicho y hecho no pocas cosas que merecían la crítica y el reproche.

Mientras preparo mi próxima equivocación, quería recordar a mis contradictores que sigo contando con vosotros, aunque ya os anuncio que, como de costumbre, no me dejaré vencer sin ofrecer resistencia. Forma parte del trato.

 

La huella de José Luis Sampedro

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El pasado 1 de febrero de 2018, José Luis Sampedro habría cumplido 101 años. Con este motivo, encuentros complutense organizó la clausura de los actos que, durante los últimos 12 meses, se han venido celebrando para conmemorar el centenario de su nacimiento.

Nuestro presidente, Felipe Gómez-Pallete, amigo personal del profesor Sampedro desde principios de la década de los ochenta, fue invitado a participar en este encuentro por mediación de Sofía de Roa, periodista, asesora política y, casualmente, investigadora de esta Asociación.

Como se recoge en Tribuna Complutense,  a Sofía de Roa, como activista participante en el movimiento 15M, lo primero que le sorprendió de Sampedro fue su juventud. Así, recordó, entre otras muchas cosas, cómo le había definido Iñaki Gabilondo en una entrevista: “la mente lúcida más joven de España”, o los ánimos que Sampedro dirigía a los congregados en la Puerta del Sol: “Me habéis dado la alegría de mi vida”.

Gómez-Pallete, por su parte, se valió de tres imágenes (fronteras, puentes y cometas) para ilustrar diferentes aspectos de la vida y la obra de José Luis Sampedro y cómo la amistad que les unió influyó de forma decisiva en su corazón y en su mente. Especial mención merece en este post la huella –hoy desvelada– que dejó Sampedro en esta Asociación: el interés por imaginar nuevas y mejores instituciones que nos permitan convivir de forma “más armoniosa, más relacionada con la naturaleza, en una palabra, más humana”.

Nuestros seguidores pueden visionar aquí el desarrollo completo del acto y, en particular, las intervenciones de Gómez-Pallete (34:09 – 45:52) y Sofía de Roa (49:15 – 59:55).

Un saludo muy cordial,

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

 

El error de intentar medirlo todo

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En este artículo, Daniel Innerarity nos advierte sobre el error que supone interpretar el mundo a través de un termómetro, una regla, o un cronómetro. Las razones son varias, tanto nos refiramos al observador como al sistema observado. Pues, en el propio proceso de medir, se altera el estado de lo medido y, al mismo tiempo, quien permanece atento a la lectura (grados, centímetros o segundos) corre el riesgo de confundir la contundencia de los números con la realidad.

A nuestro modo IMAGENde ver, la advertencia de Innerarity es especialmente oportuna en el ámbito de la corrupción, entendida como problema, y de la transparencia, presentada como antídoto ideal contra esta lacra social, no solo política.

Damos la bienvenida a iniciativas que, como la del acuerdo entre la CNMC y Transparencia Internacional España, vienen a sumarse a otras ya operativas, y con notable éxito, como, por ejemplo, la plataforma Dyntra.

Desde esta Asociación hacemos votos para que estas herramientas alcancen sus objetivos y ayuden a evitar los peligros sobre los que nos advierte nuestro autor de referencia: “La mentalidad cuantitativa nos sitúa inmediatamente en términos de competitividad, y eso dispara una determinada astucia para mejorar la apariencia. No pocas veces ocurre que las instituciones se dedican más al cuidado de la propia imagen que a mejorar su funcionamiento”.

Un saludo muy cordial,

Paz de Torres

Felipe Gómez-Pallete

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

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En VIII – LAB Decidim

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La ACCD participó el pasado viernes, día 19 de enero, en LAB Metadecidim, un espacio de investigación abierta y colaborativa orientado a abordar el desarrollo de la plataforma Decidim. En este encuentro, que celebraba su VIII Sesión, el reto era abordar qué tipo de  indicadores pueden ayudar a evaluar la calidad de los procesos que se inician desde la plataforma. La intervención, a cargo de Sofía de Roa, investigadora de la Asociación, estuvo dedicada a exponer los requisitos necesarios para que una organización establezca un Sistema de Indicadores de Calidad democrática (SIC).

Con tal fin, Sofía de Roa expuso el salto conceptual que la ACCD ha introducido en el campo de la transparencia como punto de partida para iniciar cualquier proceso de mejora permanente. Un recorrrido conceptual y metodológico que ha sido posible a partir de la propuesta SIC que la Asociación lanzó en 2015. En el gráfico que acompaña esta líneas se presenta una síntesis de la propuesta ACCD.

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El laboratorio, que contó con el expertise de Miram Sol y Carla Cordoncillo (Spora sinergies), Juan Romero (Openkratio) , Marc Parés (IGOP), Ismael Peña (UOC), Rosa Borge (UOC), y Jaume Puigpinós (UCLG) ,  terminó con una segunda sesión de trabajo para pensar sobre las formas de operacionalizar conceptos como Deliberación, Diversidad, Inclusividad, Igualdad, Autonomía social o Transparencia.

 

Saludos cordiales,

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas

 

 

Interpretar bien el mundo

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Nos satisface sobremanera comunicar a nuestros seguidores que Daniel Innerarity nos ha autorizado a reseñar y reproducir en este blog sus artículos de opinión.

A nuestro modo de ver, la obra del profesor Innerarity se caracteriza por la selección de temas que abarca –buena parte de ellos coincide con los asuntos de que se ocupa esta Asociación–, por el equilibrio entre teoría y práctica de sus argumentaciones –algo que consideramos poco habitual en la disertación filosófica– y por su capacidad didáctica.

Hoy recomendamos la lectura de la tribuna titulada “Deseos de año nuevo”, aparecida en El País, martes 2 de enero de 2018. El autor reflexiona aquí sobre el cambio, uno de los dos pilares sobre los que ha de situarse cualquier persona que desee interpretar bien el mundo que le circunda.

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El vértigo de la extinción *

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Los periodistas, el ejercicio del periodismo, tienen que adaptarse a los cambios, pero adaptarse no es envilecerse ni desnaturalizarse abandonando los compromisos de servicio público irrenunciables. Pudiera ser que el periodismo que nosotros hemos conocido y en cuya práctica nos hemos esforzado estuviera amenazado por los cambios del entorno y que nos correspondiera recuperar sus raíces, demostrar su utilidad para articular el espacio público en el que se inscribe el debate cívico.

El caso es que los del oficio periodístico parecen afectados del vértigo de la extinción. Se dijo que la guerra es demasiado importante como para dejarla en manos de los militares y así sucede que tampoco el periodismo puede quedar sólo en manos de los periodistas. Su defensa en modo alguno puede quedar encomendada en exclusiva a quienes han encontrado en su práctica una oportunidad de empleo decreciente.

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CE 1978: Por qué voté en blanco

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El 6 de diciembre de 1978 tuvo lugar el Referéndum para la aprobación de la nueva Constitución Española y yo voté en blanco. Antes de tomar esa decisión, me la leí cuidadosamente. No voté en contra, porque consideraba que España necesitaba una Constitución, pero tampoco voté a favor, porque consideraba importante el fallo principal que había detectado.

Ahora que se aproxima el 40 aniversario de la promulgación de la Constitución, se oyen muchas voces pidiendo su reforma. Curiosamente, ni una de esas voces pide cambios en el artículo 87, cuya redacción actual me movió a no votar a favor de la Constitución. Veamos lo que dice ese artículo:

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V Aniversario

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Nos satisface mucho presentaros el documento que hemos elaborado con motivo de nuestro V Aniversario, 2012-2017

En este enlace encontraréis, además, la forma en que hemos diseñado nuestra presencia y actuaciones para los próximos años, 2017-2020. Para acceder a la versión en lengua inglesa, clique aquí.

En tanto que iniciativa de emprendimiento social, como formación apartidista y de carácter no lucrativo, nos sentimos muy orgullosos de nuestro pasado, ilusionados con el futuro que imaginamos y, siempre, agradecidos por el apoyo que recibimos de cuantos nos siguen.

Promovemos la mejora permanente de personas, organizaciones e instituciones en el ámbito tanto de lo privado como de la cosa pública.

Entendemos que el hábito de superación constante en todos los aspectos de la vida, individual y colectiva, es la mejor garantía de prosperidad y fuente de credibilidad ante uno mismo, así como frente al entorno en el que cada cual actúa y con el que se relaciona.

 

En la OPENGOV Leadership Summit 2017

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La Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas participó, en la persona de nuestro presidente, Felipe Gómez-Pallete, en la OpenGOV Leadership SUMMIT 2017, organizada por la Asociación No Gubernamental Transparencia Pública los días 18 y 19 del pasado mes de octubre en La Nuncia, (Alicante).

Se trata del primer congreso que se celebra en España sobre el “liderazgo de la transparencia como elemento transformador de las administraciones públicas hacia modelos más abiertos al ciudadano”.

El congreso congregó a más de 60 líderes nacionales en materia de transparencia y gobierno abierto, de los tres niveles de gobierno: Ayuntamientos, Diputaciones, Gobiernos autonómicos y Gobierno de España, así como de organizaciones de la sociedad civil. Durante los dos días tuvieron lugar nueve mesas redondas de trabajo en l’Auditori de la Mediterrània de La Nucía, en el que se abordaron diferentes temas, como “La transparencia institucional, casos del éxito”, o “La apertura de las organizaciones en la era del gobierno abierto”.  

Dentro de la mesa, “Ciudadanos, y Gobierno Abierto. Los protagonistas del cambio hacia el oGOV” Gómez-Pallete presentó los métodos y las estrategias que propone la ACCD para el perfeccionamiento de la democracia y nuestro ofrecimiento en favor de lo que hoy se conoce como Gobierno Abierto: entender la Transparencia como un proceso de mejora continua, de Colaboración y Participación de la ciudadanía, los partidos políticos, los trabajadores públicos y las empresas en el diseño de políticas de gobierno y la consiguiente producción de riqueza social.

En este enlace puedes descargarte de la ponencia “Organizaciones 180º versus Organizaciones 360º” presentada en la Cumbre: http://bit.ly/2Csognb

En este enlace puedes descargarte el artículo “Por qué fracasan las instituciones” que inspiró la ponencia: http://bit.ly/2lxV4mI

La Asociación en Bogotá

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La Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas participa en el encuentro #Democratic Laboratorio de Innovación Política en Bogotá

De la mano del Instituto Holandés para la Democracia Multipartidista, la Asociación Calidad y Cultura Democráticas ha presentado su propuesta práctica para la regeneración de la actividad política ante representantes de organizaciones de la sociedad civil y partidos políticos colombianos.

Laboratorio DemocraTIC es un espacio para la difusión y creación de instrumentos que impulsan la innovación y modernización en el interior de los partidos. Durante el arranque de las jornadas, bajo un coloquio titulado “La revolución política en el Siglo XXI”, la ACCD presentó las razones y las motivaciones por las que se hace urgente la introducción de mejoras en los procesos organizativos de los partidos que permitan crear una atmósfera en su interior apta para la innovación, mejorar su funcionamiento y ampliar la democracia interna, recoger y procesar grandes volúmenes de información y analizar situaciones complejas, desarrollar redes colaborativas para impulsar iniciativas, plataformas programáticas y propuestas de política, e incrementar los niveles de transparencia y rendición de cuentas.

La primera versión DemocraTic se llevó a cabo los días 19 de octubre y 2 de noviembre de 2017, con la participación de miembros de todos los partidos políticos colombianos, quienes participan en un proceso colectivo de ideación–comprensión–creación que permite el desarrollo de herramientas digitales de utilidad y valor para sus partidos y movimientos políticos.

En este proceso también participó el Ministerio de las TIC de Colombia, Seamos Democracia Digital y Podemos como organizaciones expertas en estrategias digitales. Además, se contó con un Open Show Room de aplicaciones que promueven nuevas formas de organización partidista.

Sofía de Roa – Investigadora de la Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas

Cataluña, padres, hijos y ‘todismos’

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Nadie queda inmune al conflicto catalán. Nos salpica a todos, nos llega a irritar a todos, sea cual sea la posición que adoptemos. Porque son muchos hilos los que van entretejidos y apareciendo a resultas de todo este “procés”.

Uno de ellos es más de carácter sociológico que político: el contexto en el que se produce la rebelión independentista se presenta como una forma de la “revolución de lo ligero”. Así lo señalan Ignacio Gomá y Elisa de la Nuez en “La caja de herramientas del art 155 CE”

Una revolución que -interpretan Gomá y de la Nuez- es propia de la sociedad actual, de “lo efímero o líquido” (citando al filósofo francés Gilles Lipovetsky), y que nos describen como sociedad en donde “la imposición, el castigo, el monólogo jerárquico, la estructura sólida dan paso a la negociación, el diálogo, la relación transversal, la solución pacífica, adecuada a todas las necesidades, evitando soluciones tipo ganadores-perdedores”.

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El error del mimetismo institucional

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¿Y ahora qué? “¿Qué hacer?”. Tal como dice Joaquim Coll, “aprender de los errores” resulta imperativo.

Errores que siempre nos acompañan, por lo que no solo debe examinarse el pasado más reciente, sino extender la mirada, para identificar los principales asuntos sobre los que rectificar. De lo contrario, volveremos a esta situación antes o después, al seguir haciendo siempre lo mismo.

Dice Joaquim Coll que “…sería insensato no construir un potente contrapeso (mediático, cultural, económico, asociativo) a la influencia del infatigable nacionalismo, que rápidamente escribirá un relato heroico de su derrota”.

Consciente o inconscientemente, está hablando de reconstruir y desarrollar instituciones que velen por las finalidades comunes que queremos que nos definan. Pero resulta poco explicable que no se distingan los canales y vías de institucionalización, propias y compartidas, cuando la ciudadanía quiere desarrollar un proyecto común.

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