Daniel Innerarity, más de un mes después

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El sábado 12 de septiembre, dimos a conocer en este blog un resumen de las  reflexiones que nos había sugerido el estudio de la reciente obra de Daniel Innerarity Una teoría de la democracia compleja. Gobernar en el siglo XXI (Galaxia Gutenberg, 2020).

El trabajo completo, titulado Reflexiones sobre una obra seminal, lo distribuimos a través del correo electrónico de la Asociación. Recibimos algo más de medio centenar de respuestas. Hoy publicamos los comentarios que nos remitió David Corominas (Ph. D. en Geografía Económica por Leeds University y experto en Comunicación), quien nos ha autorizado a compartir sus ideas con nuestros seguidores.

Con ello contribuimos a ampliar el conocimiento colectivo del pensamiento del profesor Innerarity, al mismo tiempo que —fieles a nuestra visión— fomentamos el desarrollo de los valores democráticos de los ciudadanos.

En lo que sigue, reproducimos —en cursiva— el texto que recibimos de David Corominas con fecha 29 de octubre, titulado «Daniel Innerarity, más de un mes después». Sus comentarios, desprovistos de citas concretas, no pretenden constituir una nota académica. Están redactados en estilo telegráfico y agrupados en nueve puntos expuestos sin un orden determinado. (En el octavo hemos añadido una breve nota aclaratoria sobre la duda que nos manifiesta). Helos aquí:

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  1. Me ha gustado la propuesta global (Innerarity + la vuestra). Soy firme partidario de romper visiones dogmáticas / fundamentalistas / esquemáticas / maniqueas / dicotómicas de la realidad que vivimos. Sobre todo, de algo que en broma llamo la falacia dialéctica de lo social —público privado— sobre la que se han construido propuestas políticas mutuamente excluyentes. (Lo califico de broma porque sería muy poco riguroso si le diera categoría analítica a mi falacia).

 

  1. Creo, además, que sumar una aproximación histórica ofrecería una interesante evidencia del error común de pensar [Estado = Público] y [Empresa = Privado] y, a su vez, dotar a cada binomio de un valor moral X en función de la posición identitaria del observador
  • Empresa= Privado = Virtud (neoliberalismo)
  • Estado = Público = Virtud (neosocialdemocracia)

 

  1. La gobernanza es un término bien lábil que puede servir para un roto y un descosido, soy muy cauto con su empleo. A primeros 90 me adentré en su estudio por cuestiones doctorales. Llegué a publicar un pequeño texto con el cátedro y amigo Luis Enrique Alonso sobre la “gobernanza glocal” (1994). Mis colegas me criticaron mucho por el uso de ambos términos “gobernanza” y “glocal”. Es verdad que entonces estaba muy influido por la literatura anglosajona, viviendo y trabajando en Inglaterra no podía ser de otra manera. También me influía el teatro de Shakespeare y el rugby de Yorkshire

 

  1. Buscar fórmulas para un orden social crecientemente equitativo no puede ser excusa para ignorar la etiología de nuestro presente, lo que queremos mejorar, aquello que se muestra con fallas en muchos aspectos, la equidad, uno de ellos. La variable tiempo no debe ser coartada de anclajes arcádicos pretéritos. Como siempre dice mi suegro (cátedro de la UCM, un titán de la Hª Antigua en nuestro país: Domingo Plácido se llama) la Historia es un extraño lugar. Entender los procesos sobre la variable tiempo, debe ayudarnos a comprender, incluso para el paradigma sistémico, que las realidades humanas NO están predeterminadas y que las relaciones de interacción social están siempre “re-ordenando el orden social”. Y lo digo sin necesidad de adscribirme a una formulación materialista-histórica, pero sí alejándome de interpretaciones estructuralistas que renuncian a la historia para comprender lo social (Saussure, Levi-Strauss, Althusser…)

 

  1. La realidad humana, afortunadamente es plural, polivariable, archidiversa, y por qué no decirlo: proto azarosa. La complejidad nos ha acompañado a lo largo del devenir humano. Si bien es cierto que ahora, desde hace varias décadas, el planeta tierra o mejor dicho sus habitantes: nosotros, funcionamos como una gran tribu, un gran sistema hiperconectado donde lo que queda fuera es pura anécdota. Por primera vez en términos históricos nos vemos obligados a gestionar la información que nos rodea con mecanismos altamente sofisticados (y no hablo de tecnología necesariamente). La resolución de problemas micro y macro así nos compele.

 

  1. En ningún caso creo que el dilema que tenemos frente a nosotros sea dicotómico: Libertad vs Seguridad (¿Occidente vs Oriente?) o Casta/1% vs subalternos/99%. Negar estas dicotomías, a mi entender, no excluye la existencia de estas problemáticas en lo concreto: cómo la libertad, cómo la seguridad, cómo las oligarquías (quién, dónde, cuánto) cómo los subalterno (ídem)

 

  1. El ejemplo de Nueva Zelanda es harto interesante. Es una nación estado   muy aislada del “mundanal ruido” (su éxito en la gestión de la covid da muestras de ello). Son pocos habitantes sobre un territorio amplio. Juegan al rugby que asustan (es chiste…pero cierto). El orden social crecientemente equitativo que están construyendo se ha beneficiado también, según palabras de un investigador de Auckland, de la ausencia o mejor dicho han sabido evitar la influencia de ciertos venenos epocales: “en mi país hemos logrado que los negocios mediáticos de R. Murdoch no hayan entrado y cuajado, Esto ha facilitado mucho que tengamos un debate político sereno de ideas, sin populismos y estridencias extremas de diferente signo”. Importante reflexión que leí en algún medio, tras el éxito del partido laborista neozelandés. No es anecdótico, me parece.

 

  1. Hay una cosa que no termino de comprender en vuestro texto. ¿Por qué subrayáis a Innerarity que sus referencias son del ámbito de las ciencias sociales y no de las ciencias naturales? La democracia es un hecho social (político, institucional, económico) es lógico que tire de referencias de ese territorio siendo él filósofo, ¿no? Y lo dice un geógrafo de formación, una disciplina intelectual cuyo ADN es el diálogo constante entre las ciencias naturales (geología, geomorfología, climatología, edafología, etc.) y las ciencias sociales (sociología, economía, demografía, etc.) (*)

 

  1. En resumen, opino que vuestro trabajo es una excelente reflexión, bien expuesta en forma y fondo. Osada, elegante, y constructiva. Enhorabuena.

 

Os estoy agradecido por hacérmelo llegar y, también, por el reto intelectual que me ha supuesto. Dado que Niklas Luhmann, Humberto Maturana o Ilya Prigogine fueron autores que frecuenté hace ya un par de décadas, volver a pensar en términos sistémicos me parece fascinante.

 

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(*) Opinamos, al igual que tú, que es lógico que Daniel Innerarity, filósofo, se apoye mayormente en las ciencias humanas. Y es su mérito el haberse introducido en un territorio que le es ajeno, el de las ciencias naturales. Innerarity ha recurrido a ambas fuentes con un único fin: comprender y familiarizarse con las ciencias de la complejidad para, con ello, enriquecer su disciplina, la filosofía política, y proponer una nueva praxis. Sucede que la visión que la sociología tiene de las ciencias de la complejidad representa, a nuestro juicio, una suerte de “derivada segunda” de lo que los científicos duros entienden por complejidad. A lo que, a nuestro entender, hay que añadir la particular interpretación que Innerarity hace de ese componente esencial de la complejidad que es la teoría general de sistemas. Todo ello explica que el pensamiento sistémico no nos parezca el camino más acertado para argumentar, por ejemplo, los procesos soberanistas, vasco y catalán, que son del interés de Daniel Innerarity.

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Con nuestra gratitud a David Corominas, deseamos que sus reflexiones merezcan el interés de los seguidores de este espacio.

Un saludo muy cordial,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net & https://comoelagua.net/

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… los partidos seguían ahí

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Reproducimos a continuación el artículo de opinión de Sofía de Roa publicado hoy, miércoles 14 de octubre, en EL SALTO bajo el título Y cuando llegó la república, los partidos seguían ahí.

Sofía de Roa forma parte desde 2013 del equipo humano que impulsa la Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas. Master en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (2013-2014), su TFM «Democracia interna y partidos: Sistemas de indicadores de calidad» fue publicada por la Editorial Académica Española (Madrid, febrero 2017).

Por ello, aquí y ahora, con la publicación de este brillante artículo, nos complace sobremanera festejar la entrada número 100 de nuestro blog, dedicado a fomentar el desarrollo de los valores democráticos de los ciudadanos. Un espacio donde publicamos nuestros propios trabajos de investigación y en el que contamos con la valiosa participación de firmas tan relevantes como diversas, entre las que, además de la de Sofía de Roa, se encuentran las de José María Martín Patino y Víctor Sampedro, Miguel Ángel Aguilar y José Luis González Quirós, Javier Sada y Ester Crespo, Daniel Innerarity y Manuel Alfonseca, Daniel Jiménez y Juan José Sánchez Arévalo.

Texto completo del artículo de opinión de Sofía de Roa,

publicado hoy en EL SALTO, 14 octubre de 2020, 04:30

Que la monarquía está en crisis es un hecho. Vive el peor momento de su historia reciente y ya no estamos ante una mera hipótesis. La foto del momento que muestra la encuesta publicada por 40dB para la Plataforma de Medios Independientes arroja múltiples datos sobre las creencias y sentimientos de los españoles hacia la Corona. Y también nos indica, por enésima vez, que hay un elefante en la sala y no es el de Botswana.

Sí, los datos son meridianos. Una de las mayores certezas que tenemos permite afirmar que la crisis institucional que atravesamos es real, es grave y más visible como consecuencia de los estragos de la pandemia. Y más aún, sabemos que en este club de instituciones en crisis, a nuestro pesar, la monarquía no está sola. Ojalá la Casa del Rey y su familia fueran una excepción, pero la crisis atraviesa de manera feroz a las principales instituciones del Estado: el Parlamento, el poder judicial, los medios de comunicación o los sindicatos también fomentan, sufren y padecen una fuerte pérdida de confianza y de credibilidad. Y en esta lista, también a nuestro pesar, siempre hay una que se lleva la palma, que resiste con vigor y robustez en la peor posición, muy de lejos, sin despeinarse y, sin embargo, logra pasar desapercibida ante propios y extraños.

No, no nos vamos a llevar ninguna sorpresa. Me refiero a los partidos políticos, esas organizaciones opacas que no se sabe muy bien qué hacen más allá de pensar en las próximas elecciones, permanecer en una campaña electoral constante y trabajar para mantenerse en el poder de turno. Pero parece que no toca hablar de esto o que no hay mucho que decir. O peor, que no hay mucho que hacer. Y es que, ¿son mejores los partidos que la monarquía? A ojos de la ciudadanía, no. Incluso podemos especular con que una parte de ella quisiera su desaparición, de manera tan legítima como de las que desean una república. Y entonces, ¿qué consecuencias tiene que las organizaciones encargadas de garantizar una participación política plural de la ciudadanía estén en una situación peor que la propia Corona?

Las comparaciones son odiosas, pero no deja de llamar la atención el contraste de ver cómo el legítimo y democrático enfado de los representantes públicos ante la falta de ejemplaridad de la monarquía se convierte en condescendencia y resignación cuando se trata de asumir que los partidos no cumplen con su papel constitucional, como si de un determinismo divino se tratara. Y sin comparación, ¿qué responsabilidad tienen ante esta crisis sus aparatos, que de facto canalizan el poder hacia el Estado para que se mejore nuestra maltrecha institucionalidad? En cualquier caso, las personas que prometen la regeneración del Estado, la modernización de la monarquía o, en su defecto, una nueva república, a su vez se alimentan, crecen y se desarrollan dentro de unas estructuras que echan para atrás a la mayoría de los ciudadanos.

El rechazo viene de lejos. Abruma tanto la falta de confianza que inspiran, como la falta de atención a esta cuestión y, aún más, comprobar que poco o menos se hace para paliar esta circunstancia estructural de nuestra democracia. Los partidos son un problema que está en el top tres de las preocupaciones de la mayoría de los españoles desde hace más de una década, llegando en 2020 a un nivel de desapego nunca registrado en el histórico de las encuestas del CIS desde 1985. Sin embargo, esta cuestión no entra dentro de la agenda setting de los medios ni mucho menos dentro del debate político.

Son los partidos los lugares de los que salen casi el 100% de las personas que nos legislan y nos gobiernan. Quienes van a drenar la crisis de las instituciones. Para el caso de la Corona se piden cambios legislativos profundos que permitan desde que el jefe del Estado sea juzgado por sus actos, que la rendición de cuentas se extienda y se normalice también en la casa del Rey, y hasta la convocatoria de un referéndum sobre la forma del Estado. Y hasta ahora, más que trabajo sobre estas propuestas o un debate serio y riguroso en el que se involucre toda la sociedad, desde los partidos, cuáles buitres carroñeros, más bien se empecinan en esforzarse para sacar tajada de la situación. Se encuentran, unos más que otros y con más o menos acierto, a la caza del voto monárquico o republicano. Todo lo demás… ya se verá.

Y el elefante seguirá ahí. La urgente transformación que requieren los partidos culminará cuando se conviertan a ojos de la ciudadanía en unas organizaciones sanas y respirables, que fomenten la participación política, un debate público que no sea una quimera y colaboren en revertir el clima de polarización y crispación al que han contribuido más de lo esperado. Esta transformación fundamental va más allá de las leyes, de los programas y de los cambios en el código ético de turno. Se trata de poner todos los recursos disponibles para engendrar en su interior una cultura democrática que podamos palmar para llegar a confiar de nuevo en los partidos por lo que hacen, y no tanto por lo que dicen que hacen o que van a hacer. Hasta entonces, quizás llegue la III República, pero los partidos y el resto de animales de nuestra particular selva patria seguirán ahí◼︎

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Agradecemos el apoyo que venimos recibiendo de nuestros colaboradores y seguidores, tanto por sus valiosas aportaciones como por sus sugerencias para mejorar permanentemente nuestro trabajo.

Un saludo muy cordial,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net & https://comoelagua.net/

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Reflexionar en tiempos convulsos

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A mediados de enero, vio la luz Una teoría de la democracia compleja. Gobernar en el siglo XXI (Galaxia Gutenberg, 2020) de Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política y autor de referencia de esta asociación. Dos meses después, el 14 de marzo, el Gobierno declaró el estado de alarma con estrictas medidas sociales y económicas para contener la pandemia. Y el 3 de agosto, Juan Carlos I comunicó a su hijo, el rey Felipe VI, su decisión de abandonar España con el fin de evitar que las noticias sobre su fortuna en el extranjero dañaran a la institución monárquica.

En estos tiempos convulsos, en los que la vida colectiva se está viendo agitada, hemos pensado con atención y detenimiento sobre el contenido de este libro. Una obra que, a nuestro juicio, está llamada a provocar nuevos e importantes desarrollos.  El resultado de este detallado análisis lo hemos recogido en Reflexiones sobre una obra seminal, un breve ensayo que hoy presentamos a nuestros seguidores.

Sostiene Innerarity que las categorías hasta ahora empleadas para interpretar el mundo y actuar sobre él se muestran incapaces frente a la complejidad que caracteriza nuestra época. La incorporación de conceptos propios de las ciencias naturales al pensamiento político es el camino elegido por Innerarity para poner al día teorías y sugerir nuevas prácticas.

El ensayo que hoy presentamos contiene dos bloques de propuestas:

  1. Las propuestas incluidas en el primer bloque están relacionadas con determinados aspectos de la complejidad. La interpretación que ofrecemos sobre este concepto central de la ciencia moderna nos conduce a discrepar de Innerarity en asuntos tales como unilateralidad (del proceso soberanista catalán), imposición (del Estado español) y la consiguiente propuesta de bilateralidad.
  2. El segundo bloque ofrece un par de sugerencias para fortalecer la imagen exterior de España (cómo nos perciben desde fuera) así como nuestra propia autoestima. El imprescindible entendimiento entre la esfera pública y la privada, así como el necesario desarrollo de una cultura de mejora institucional permanente en el seno de las organizaciones, son los dos ejes de este segundo grupo de iniciativas inspiradas en las ideas de gobernanza y de la configuración política del futuro desarrolladas por Innerarity.

Es el momento de agradecer al profesor Daniel Innerarity @daniInnerarity su excepcional obra que, si bien nacida en el ámbito académico, no está destinada al autoconsumo de filósofos y politólogos, pues manifiesta una clara intención práctica. Y es también la ocasión para agradecer a Galaxia Gutenberg @G_Gutenberg su magnífica labor editorial.

Para la elaboración de estas  Reflexiones sobre una obra seminal, hemos tenido asimismo en cuenta:

  • Las entrevistas concedidas por Daniel Innerarity a @JosepBofillP (@ciutatnova), Manuel Manchón @mmcias (@cronicaglobal) y Antonio Gª Maldonado @MaldonadoAg (@TheObjective_es) con motivo de la promoción de esta obra, así como la concedida cinco meses después a @justobarranco (@LaVanguardia), coincidiendo con el lanzamiento de su nuevo libro Pandemocracia, también editado por Galaxia Gutenberg,
  • Y diversos artículos de opinión de Innerarity sobre esta temática, aparecidos en los medios de los que es colaborador habitual: @elpais_opinion, @elcorreo_com, @diariovasco y @LaVanguardia

En su versión preprint, estas  Reflexiones sobre una obra seminal merecieron opiniones estimulantes y elogiosas, lo que nos anima y obliga a seguir mejorando. Ahora deseamos que esta edición en nuestro blog despierte asimismo el interés de nuestros seguidores.

Un saludo muy cordial,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

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Tal para cual

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El argumento de este post es muy poco original. Nada que nuestros seguidores ignoren. Lo que contiene esta breve narración es un grito: ¡Basta ya! Si, ya está bien de despotricar contra la clase política, da igual roja que azul. Porque idiotas los hay de todos los colores. Mi grito suena de este modo, tan desenfadado como enfadado me siento. Aquí van 350 palabras mal contadas:

Yo no estuve allí, por eso hablo de oídas. Dicen que hace unos dos mil años, cuando Atenas era una ciudad-estado, se llamaba idiota al ciudadano que velaba por lo suyo y se desentendía de los asuntos de la comunidad. Y también dicen que quienes, además de cuidar de sus bienes, se interesaban por la cosa pública eran conocidos como políticos.

Vamos, que, en la Grecia clásica, el ciudadano libre y con derecho a voto era o bien un ἰδιώτης o bien un πολιτική. No todos, ciertamente, pues esclavos y mujeres no podían votar, aseguran los estudiosos. Pero, como te digo, hablo de oídas pues, aunque hubiera vivido en la cuna de la democracia, no me habría enterado de nada, ya que no me manejo en griego antiguo.

Pasado el tiempo, es decir, ahora mismo sin ir más lejos, nos hemos inventado un deporte que espero no acabe siendo olímpico, y nunca más oportunamente dicho. A este deporte tan nuestro se le suele llamar así: Leña al político que es de goma. Es un deporte tan popular como lo son el fútbol y el baloncesto, bien que no necesita balón alguno; solo vocación. Para jugarlo, basta con ser populista.

Repartimos leña como si los políticos vinieran de Marte; como si no salieran de donde han salido siempre: de entre nosotros, que somos quienes los elegimos. Por esta razón, sin duda de ningún género, un marciano que estuviera de visita por la Tierra no comprendería este deporte tan extendido y popular: “¡Qué raros son estos terrícolas: se autolesionan a leñazos!”.

No le demos más vueltas: hay políticos buenos y políticos malos, como en todo gremio o profesión. Nos ha jodido mayo con las flores, que dicen los castizos. Y es que este juego solo cabe ser entendido en clave de humor, como un entretenimiento, un tema inagotable de chistes conocidos. Porque solo los idiotas de nacimiento pueden practicarlo como un ejercicio de crítica política. Bueno, no solo estos, también quienes necesitan inventarse un culpable para, de este modo, sentirse víctimas y a salvo de ser preguntados por su contribución a la sociedad.

Un saludo muy cordial.

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

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Coronavirus: Golpe de Estado Mundial

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Alfredo J Ramos, amigo nuestro, editor y periodista, creó en 2009 su blog La posada del Sol de Medianoche, donde hasta la fecha ha publicado 2243 entradas.

Alfredo nos envió recientemente un artículo que le había llamado la atención. Nos pedía si podíamos darle nuestra opinión sobre su contenido. El artículo se titula Covid 19: Operación acordeón. Su autor es Jorge Sánchez de Castro @elunicparaiso.

A continuación, reproducimos la opinión que nos ha merecido este interesante trabajo. Creemos que, ambos -el artículo de Sánchez de Castro y nuestra opinión sobre su contenido- pueden merecer la atención de nuestros seguidores. Este es el texto, en estilo telegráfico, que le hicimos llegar a Alfredo.

  1. El artículo es, simplemente, brillante, en fondo y forma, más allá de que se comparta el punto de vista del autor o se disienta de él como nos ocurre a nosotros, en parte.
  2. Se trata, pues, de un artículo para guardar, como hemos hecho, junto con el agradecimiento a ti por habernos puesto en la pista de este trabajo.
  3. ¿En qué estamos de acuerdo con el autor y en qué discrepamos de él? Estamos de acuerdo en que “las grandes corporaciones internacionales, China, EE.UU. …” serán las grandes beneficiadas. Vamos, es que tinto y en el frasco, o como se diga para enfatizar una evidencia.
  4. Estamos en desacuerdo en que el “golpe de Estado mundial” sea el resultado de: 1 la voluntad (querer), 2 los medios (poder) y 3 la capacidad estratégica (saber) de alguien(es) concreto(s), con nombres y apellidos, reunidos durante un tiempo en un lugar determinado.
  5. Precisamente este punto es el que el autor -muestra de su honestidad intelectual- comienza por aclarar: “No pretendo expresar ni siquiera una hipótesis sobre las causas”.
  6. Para ilustrar nuestra opinión sobre las causas que han originado la situación en que nos encontramos, recurrimos a dos pasajes que transcribimos para ti en lo que sigue.
  7. Primer pasaje: “Muchos grandes problemas de la ciencia de hoy parecen estar a la espera de que cierta pregunta obtenga respuesta (…) La pregunta es ésta: ¿Es el azar un producto de nuestra ignorancia o un derecho intrínseco de la naturaleza?” [Wagensberg, Jorge. Ideas sobre la complejidad del Mundo. Barcelona: Tusquets Editores. Marzo 1985, pág. 22].
  8. El Propio Jorge responde algo más adelante: “Sentenciemos solemnemente: sea el azar epistemológico (el azar con minúscula) el nombre que damos a nuestra ignorancia (…) y sea el azar ontológico (el Azar con mayúscula) una entidad metafísica que representa la contingencia pura que actúa ciegamente en el universo. El azar es concepto del conocimiento y el Azar lo es de las cosas y de lo sucesos en sí”. [Ibídem, pág. 67] (Las negritas son nuestras).
  9. Lo anterior apareció editado en marzo de 1985. Un año y nueve meses después, en diciembre de 1986, la misma editorial publicó la obra colectiva Proceso al azar de la que fue editor el propio Jorge Wagensberg. En ella se recoge lo que aconteció en un encuentro celebrado en el Teatro-Museo Dalí de Figueres. El pasaje que sigue -el segundo de los prometidos- contiene la respuesta de Ilya Prigogine a la cuestión que nos ocupa.
  10. Acorralado, primero, por el propio Wagensberg (“¿Debemos, por el contrario, seguir buscando teorías más finas que destierren el azar incluso en tales situaciones?”); después por Salvador Pániker (“¿… admitiría usted que estos puntos de inestabilidad representan una ausencia total de cualquier tipo de ley natural?”) y, por último, por Jordi Flos (“… la emergencia de las innovaciones tiene lugar cuando la información finita no es suficiente para la predicción. Pero ¿por qué no hablar de azar?”), después de tamaño interrogatorio, decimos, el genial Prigogine acaba por confesarlo todo: “… puedo contestar abiertamente a su pregunta. Sí se puede hablar de azar (Azar, con mayúscula, diría Wagensberg); el azar se ha convertido en un elemento fundamental de la dinámica” [AA. VV. Proceso al azar. Barcelona: Tusquets Editores. Diciembre 1986, pp. 190-192].
  11. Primer resumen: ¿Que los chinos se van a quedar con el mundo?: de alguna forma, creemos que será así. ¿Que lo han, imaginado (pensamiento), anunciado (palabra) y ejecutado (obra)? Lo ponemos en duda. Porque la humanidad se comporta como un organismo vivo sujeto a las leyes inexorables de la termodinámica.
  12. Otra forma de concluir, de resumir lo que hemos venido a decir, es esta: Cuando las leyes por las que nos regíamos han quedado arrumbadas en un segundo plano, las sociedades humanas (que son una parte del Universo) pueden comportarse de forma autónoma, impredecible, y no por falta de conocimiento de los analistas, sino porque la naturaleza puede comportase de forma Azarosa.
  13. La gran pregunta ahora es esta: Si los procesos en curso son los que son (escribimos estas ideas confinados en una casa-refugio, como todo bicho viviente), si cuando amaine el temporal nos veremos regidos por un conjunto de leyes (económicas, políticas, sociales) que aún están en el horno, en fin, si esto está siendo y va a resolverse así, entonces, ¿qué importancia tiene que sepamos a ciencia cierta, o no sepamos con certeza, cómo se originó este pandemónium?
  14. Una primera respuesta que se nos alcanza es esta: Si sospechamos o creemos conocer con certeza cómo, cuándo, dónde y quiénes formaron el tornado en cuyo vórtice nos hallamos, entonces, actuaremos de un modo: mirando al pasado.
  15. Si, por el contrario, damos por cierto que ha sido una conjunción de fluctuaciones las que, autónomamente agigantadas, han dado al traste con la Tierra hasta hoy conocida, entonces, actuaremos de otra forma: mirando al futuro.
  16. Lo más probable -conjeturamos nosotros- es que actuemos en lo sucesivo mirando al pasado, es decir, buscando a los ‘culpables’ de nuestros males. Porque los seres humanos somos lo suficientemente orgullosos como para aceptar que no podemos comprender todo cuanto acontece hasta en el último rincón del mundo. Y es que, en verdad, nos seguimos creyendo no una parte de él, sino el mismísimo centro del universo.
  17. Opinamos, en suma, que deberíamos conducir mirando a través del parabrisas, y no por el retrovisor. Sí, deberíamos actuar de este modo, y hacerlo aceptando que el futuro será fruto no solo de nuestras ideas o de nuestras peroratas sino, sobre todo, de nuestros actos. Solo la congruencia entre pensamiento, palabra y obra nos llevará a buen puerto: una sociedad nunca perfecta y siempre en busca de un orden más equitativo.

Un saludo muy cordial.

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

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Coronavirus: doblemente convencidos

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Cambio de paradigma o cambio de época; época de cambios o época de guerras. Llamémoslo como queramos. El caso es que el tsunami poliédrico que nos arrasa (sanitario, político, cultural, social, económico y, por tanto, mediático) puede interpretarse desde muy diferentes ángulos. He aquí dos posibles puntos de vista.

INTERPRETACIÓN 1: UNA TEORÍA EVOLUTIVA (dedicado a Daniel Innerarity)

Estamos instalados en el ojo de un huracán del que no sabemos a ciencia cierta ni cómo se desencadenó ni cómo ni cuándo acabará. El azar (agazapado en épocas deterministas) hoy se ha agigantado. Ha tomado momentáneamente el control de la situación. Ha postergado, mejor: ha arrumbado, a un segundo plano las leyes por las que nos regíamos. Y, en su lugar, ha abierto un abanico de oportunidades en el que cada varilla apunta hacia un posible horizonte nuevamente estable. Esto es todo; ahora no disponemos de otra cosa. Un conjunto de nuevos órdenes mundiales que, en el mejor de los casos, podremos inventariar, algo que hasta ahora nadie ha hecho, que nosotros sepamos. Podremos enumerarlos, eso sí, pero no determinar de antemano cuál de entre ellos acabará por imponerse ni cuándo. Pero de una cosa estamos convencidos: llegaremos a un nuevo puerto -sea este el que fuere- en el que habremos aprendido a navegar por la complejidad. Tal es la situación en que nos hallamos: una época crítica o caótica entre dos épocas estables, la que hemos dejado atrás y la que aún no nos han presentado.

Lecturas sugeridas:

  • Prigogine, Ilya (1983). ¿Tan solo una ilusión? Una exploración del caos al orden. Barcelona: Tusquets Ed.
  • Laszlo, Ervin (1988). Evolución. La gran síntesis. Madrid: Espasa Calpe
  • Wagensberg, Jorge (1985). Ideas sobre la complejidad del mundo. Barcelona: Tusquets Editores
  • Gómez-Pallete, Felipe (1995). La evolución de las organizaciones. Madrid: Editorial Noesis
  • Innerarity, Daniel (2020). Una teoría de la democracia compleja. Barcelona: Galaxia Gutenberg

 

INTERPRETACIÓN 2: FICCIÓN DISTÓPICA (dedicado a Juan G. Tenorio)

En una reciente entrevista, Timothy Garton Ash responde con un “No” tajante a la primera pregunta: “¿Estamos en una guerra?”. El prestigioso historiador y periodista británico, “desborda un ‘cauto optimismo’ en medio de la pandemia al elogiar el enfoque de Ángela Merkel” de la que acaba por decir que “dejó claro que es una situación muy seria, pero sin adoptar una retórica churchiliana”. Pese a todo lo cual añadimos, aquí y ahora, el siguiente pensamiento del que es difícil zafarse. Veamos. Cambiemos en nuestra mente a millones de muertos por miles de fallecidos, refugios antiaéreos por confinamientos domiciliarios, hambruna y estraperlo por desabastecimiento ocasional y picaresca. Reemplacemos la imagen de las fosas comunes en los campos de batalla por morgues improvisadas en las ciudades, hospitales de campaña por hoteles reconvertidos, bombas por coronavirus. Sustituyamos la escena de los cirujanos en las trincheras por la del personal sanitario en UCI desbordadas, los vítores a las tropas vencedoras por los aplausos a las 20:00, la correspondencia escrita, franqueada y censurada por millones de mensajes a la hora. Todo sucede como si los españoles nacidos a partir de los años cuarenta del siglo pasado estuviéramos participando, por primera vez en nuestras vidas, en una situación bélica en toda regla. Es como si los seres humanos interpretáramos cada mañana, sobre el escenario del planeta Tierra, una obra dramática de ficción distópica. También de esto estamos convencidos: cuando hayamos ganado esta III Guerra Mundial, dejaremos de escuchar el silencio ensordecedor que hoy se apodera de aldeas y ciudades.

Lecturas sugeridas:

  • Orwell, George (2009). 1984. Barcelona: Ediciones Destino
  • Huxley, Aldous (2013). Un mundo feliz. Madrid: Editorial Cátedra
  • Bradbury, Ray (1967). Farenheit 451. Barcelona: Plaza & Janés
  • Kafka, Franz (2013). El proceso. Madrid: Alianza Editorial
  • Saramago, José (1996). Ensayo sobre la ceguera. Madrid: Alfaguara

 

Un saludo muy cordial.

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Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

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Coronavirus. Consejos y advertencias

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La Organización Mundial de la Salud ha difundido recientemente un breve documento sobre el COVID-19. Creo que merece la pena ponerlo a disposición de nuestros seguidores. Contiene 14 advertencias y consejos expuestos de forma muy didáctica, que considero de mucha utilidad en estos momentos.

Si estás interesado, aquí puedes descargarte la versión en español que he realizado pro bono.

Un saludo muy cordial.

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net

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Nuevas fuentes de credibilidad

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Acaba de aparecer el número 10 de la Revista Española de la Transparencia que “cuenta con nueve artículos y dos recensiones de libros. Los temas que se abordan en este número están relacionados con las infracciones del derecho de acceso, la transparencia en los parlamentos, la participación ciudadana, la prevención de la corrupción y la protección de datos”.

Nos satisface compartir con nuestros seguidores unos de los artículos incluidos en este número: Nuevas fuentes de credibilidad. Se trata de nuestro más reciente ensayo del que ofrecemos el siguiente extracto:

RESUMEN

La confianza que las instituciones de un país inspiran en la ciudadanía se ha visto dañada en los últimos años, dentro y fuera de España. En el diagnóstico de las causas que nos han llevado a esta situación se abre paso una pregunta: Las fuentes de prestigio y reputación a las que se ha recurrido hasta ahora, ¿siguen siendo las únicas posibles?

En este trabajo se ofrecen nuevas posibilidades, otras fuentes de credibilidad para recuperar el terreno perdido. Estas propuestas vienen a sumarse a los mecanismos generadores de confianza tradicionalmente utilizados y que permanecen vigentes.

Para la adopción de los planteamientos y métodos de trabajo aquí recomendados, resulta imprescindible establecer puentes poco transitados en España: la combinación de categorías -teóricas y prácticas- de las organizaciones de carácter privado con las categorías propias de las organizaciones de carácter público, tanto en su esfera política como en la administrativa.

CONTENIDO

1. Dos estados de ánimo – 2. Confianza, transparencia y credibilidad – 3. Ampliar la mirada – 4. Desarrollo cultural y metodologías mixtas – 5. Conclusiones – Bibliografía.

PALABRAS CLAVE: Transparencia, confianza, credibilidad, cultura organizacional, pensamiento institucional.

CONCLUSIONES

En este trabajo se propone una nueva forma de entender y practicar la transparencia cuando el objetivo de los dirigentes es fortalecer la credibilidad de sus organizaciones y, con ello, la confianza que los diferentes grupos de interés pueden depositar en ellas.

En primer lugar, se ofrece el significado de las tres categorías básicas utilizadas, a saber, confianza, transparencia y credibilidad. Aportamos este esquema por considerarlo necesario para evitar los frecuentes equívocos que produce el uso simplista de los conceptos involucrados.

A continuación, se plantean los dos pilares necesarios para adoptar la nueva forma de entender y practicar la transparencia:

  1. Complementar la disciplina del cumplimiento normativo con la práctica de la mejora institucional permanente. Este primer pilar (no limitarse a cumplir, sino además proponerse mejorar) comporta la necesidad del segundo
  2. Ampliar los contenidos de la comunicación transparente. Además de comunicar los hechos pasados y las situaciones presentes a que obligan las leyes y las normativas vigentes, las organizaciones deberían comunicar, con igual rigor y transparencia, los compromisos de mejora institucional que hayan sido elegidos (qué, cuándo y quién) para el próximo ejercicio.

En tercer lugar, y como consecuencia de lo anterior, se recomienda como imprescindible la adopción de metodologías mixtas basadas en las sinergias entre (a) el pensamiento y las prácticas de las organizaciones de carácter privado (con y sin ánimo de lucro) y (b) el pensamiento y las prácticas de las organizaciones de carácter público (tanto en su esfera política como en la administrativa).

Por último, y con el fin de complementar la argumentación conceptual sobre la que descansa esta propuesta, se ofrece la reseña de un caso de éxito recientemente llevado a cabo por los autores en Colombia.

Deseamos que su contenido sea de vuestro interés. Permanecemos atentos a cuantos comentarios, dudas y sugerencias queráis enviarnos.

Un saludo muy cordial.

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

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Ética empresarial y motivación moral

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Desde su fundación en 2012, la Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas (ACCD) elabora diversos documentos (artículos, libros, etc.) que difundimos entre nuestros seguidores. Es nuestra modesta contribución en favor de una ciudadanía crecientemente ilustrada. También compartimos, con el permiso de sus autores, otros trabajos que, por su interés, creemos sirven a la causa que nos anima.

Los retos a los que se enfrenta la democracia en este cambio de época en que nos encontramos, la credibilidad y reputación de las instituciones, integridad, accountability y transparencia, calidad y cultura organizativa, y la ética de la mejora continua como complemento necesario del mero cumplimiento de leyes y normativas son algunas de las áreas que configuran nuestro campo de preocupaciones.

En esta ocasión me complace dar a conocer la traducción al español que he realizado de un trabajo del profesor Joseph Heath de la Universidad de Toronto. Se trata del artículo Ética empresarial y motivación moral: una perspectiva criminológica, publicado en el Journal of Business Ethics, y cuyo resumen anticipamos aquí:

RESUMEN: La elevada tasa de delitos de cuello blanco genera un clima sombrío en todos los debates sobre ética empresarial. Una importante consecuencia de ello es la creciente relevancia que han adquirido en este ámbito las cuestiones relacionadas con la motivación moral. Por lo general, los temas de ética empresarial que suscitan mayor polémica no giran en torno al contenido de nuestras obligaciones morales, sino más bien en torno a cómo se puede motivar a las personas a hacer lo debido. Este asunto ha sido estudiado en profundidad por los criminólogos, pero los resultados de sus investigaciones han tenido una escasa incidencia en el pensamiento de los expertos en ética empresarial. En este artículo, me propongo demostrar de qué forma la perspectiva criminológica puede ayudar a esclarecer algunos interrogantes habituales en el campo de la ética empresarial. Con ese fin, en primer lugar, explicaré por qué los criminólogos rechazan las tres teorías más extendidas de la psicología intuitiva (folk theories). A continuación, examinaré una teoría más adecuada que toma en cuenta las denominadas «técnicas de neutralización», así como sus implicaciones para la ética empresarial.

Por el indudable interés de su contenido, el rigor y claridad con que está tratado, amén de por su extensión, lo hemos elegido para inaugurar esta nueva iniciativa de la ACCD: poner a disposición de los lectores hispanohablantes textos originales, publicados tanto en inglés como francés, sobre diferentes materias como las anteriormente enumeradas.

Deseamos que esta nueva propuesta de nuestra Asociación merezca su interés.

Un saludo muy cordial,

Paz de Torres

 

Politics by doing

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En el marco del proyecto Acción Democrática para la Paz del Netherlands Institute for Multiparty Democracy de Colombia, proyecto financiado por la UE, tuvimos ocasión de trabajar para los principales partidos y movimientos políticos del país y aplicar la metodología que, de inspiración público/privada, nos fue requerida; una metodología que consta de tres tiempos, a saber:

  • Un tiempo para comprender la realidad de las organizaciones participantes en materia de Transparencia (1800 – 3600)
  • Un segundo tiempo para enriquecer la inteligencia colectiva de los equipos humanos participantes
  • Y, por último, un tiempo para pasar a la acción y resolver colaborativamente los retos estratégicos planteados

Una operación de esta índole implica conjugar los principios y las prácticas de ambos campos de actividad, el público y el privado, para así incidir sobre los tres ámbitos de la cultura organizacional:

  • Sobre su núcleo: las presunciones básicas
  • Sobre los valores que de él emanan
  • Y sobre la parte más visible, los sistemas de dirección

En el trabajo “Metodología para el fortalecimiento de la credibilidad de las organizaciones mediante la gestión de la Transparencia 3600, ahora editado por NIMD | Colombia, ofrecemos una amplia descripción de esta metodología.

Al haberse alcanzado los objetivos que perseguía este proyecto, la idoneidad y eficacia de los planteamientos y métodos aquí ofrecidos quedan avaladas. Un final feliz que descansa sobre la complementariedad de categorías y herramientas público-privadas, con la que nuestra Asociación, una organización de la sociedad civil española, llegó a Colombia a través de la UE.

Estos métodos son un claro ejemplo de lo que nosotros denominamos Politics by doing: la estrategia para evitar reinventarnos cada poco tiempo, tal como se ven abocados a proponer quienes ignoran la necesidad de mejorar día a día, permanentemente, las instituciones de un país.

Un saludo muy cordial,

Paz de Torres

Felipe Gómez-Pallete

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

Predeterminar el resultado

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En El ‘procés’ y la defensa de la complejidad política, Daniel Innerarity –uno de los autores de referencia de esta Asociación– defiende que “todo lo que sea imponer uno de los dos modelos de decisión implica predeterminar el resultado”. Se refiere a estos dos modelos: el de quienes “quisieran en principio poder decidir ellos mismos y [el de los que] quieren que sus decisiones sean integradas en un marco español de decisión”.

Sucede que imponer uno de estos dos modelos no es la única vía para predeterminar el resultado; como vamos a ver, hay otras. Inspirados por este artículo (versión para Cataluña de recientes entrevistas y trabajos dedicados a Euskadi), proponemos tres formas de predeterminar el resultado de los debates. Helas aquí:

 

1. Simplificar el núcleo de la discusión. Esta es la primera, más evidente y eficaz maniobra para predeterminar los resultados: empezar por declarar que “el núcleo de la discusión viene dado por el concepto de derecho a decidir”. A nuestro entender, tomar como punto de partida el así llamado derecho a decidir –como hace Innerarity– supone:

  •  Limitarse a debatir sobre el sujeto de la acción (quienes son los que deciden) y omitir el objeto de la decisión (sobre qué deciden los sujetos). Esta simplificación no es solo gramatical (el verbo decidir es transitivo); es también conceptual pues implica…
  •  …otorgar carta de naturaleza, fundamento, reconocimiento o entidad jurídica al así llamado derecho a decidir en abstracto, desprovisto del objeto de la decisión o, si se prefiere, del complemento directo. A nuestro entender, lo único que por ahora puede asegurarse, sin temor a la equivocación, es que el derecho a decidir es una afortunadísima fórmula de marketing político.

En suma, el asunto que nos ocupa no se merece tan endeble y simplona peana de barro: el derecho a decidir. Pues al apoyarnos sobre este “derecho” se predetermina el resultado de los debates. Y se predetermina, precisa y paradójicamente, por las razones que el propio Innerarity señala: por simplificar la complejidad. Derecho a decidir ¿qué? Dejar en el aire esta pequeña pregunta equivale a someter a la gramática y a la razón a un ingenuo e imposible intento de poda.

 

2. Otra forma de predeterminar los resultados consiste en circunscribir la cuestión catalana a un perímetro y a unas reglas de juego que, a nuestro juicio, constriñen injustificadamente los debates.

  • El ‘procés’ es una partida que no se está jugando únicamente en Cataluña. Pues aceptar este perímetro equivaldría a confundir el campo de juego con los jugadores en el campo o, si se prefiere, supondría confundir el origen de la discusión con los afectados por la misma. Para nuestro autor de referencia el problema viene delimitado del siguiente modo: “En Cataluña [la negrita es nuestra] hay un amplio grupo de ciudadanos que se consideran nación y otro no menos amplio que se identifican también en el marco de España, es decir, unos quisieran en principio poder decidir ellos mismos y otros quieren que sus decisiones sean integradas en un marco español de decisión”. ¿Dónde quedamos en este planteamiento los ciudadanos de otras partes de España que hemos contribuido a la prosperidad de Cataluña trabajando no “en”, pero sí “para” Cataluña? Repetimos: los ciudadanos que sin ser catalanes ni residir en Cataluña hemos hecho también Cataluña, ¿formamos parte o no formamos parte de la discusión?
  • Además, ¿por qué se circunscriben los debates al terreno de la legalidad, el orden público, la democracia, el patriotismo, los sentimientos identitarios, y demás categorías, cuando lo que está también en juego son los derechos económicos, políticos, sociales de todos: catalanes independentistas, catalanes no independentistas, extremeños de Badajoz o cántabros de Santander, sean detractores o defensores de dicho derecho en general o para sus propias comunidades en particular. Que lo que está en cuestión quepa o no quepa en la Constitución de 1978; que determinados episodios constituyan o no un problema de orden público o que las legítimas aspiraciones de unos y otros sean respetuosas o irrespetuosas con los principios democráticos, el sentimiento de identidad o la noción de patriotismo son cuestiones determinantes. Todas ellas lo son, por supuesto. Mas con igual rotundidad hemos de aceptar que olvidarse de los derechos y obligaciones de todos los ciudadanos es una nueva forma de predeterminar el resultado de los debates. Porque la cuestión catalana nunca fue un juego exclusivamente catalán. Aceptar este punto de partida es como quedarse mirando la mano izquierda con la que el prestidigitador nos engatusa mientras hace el truco con su mano derecha.

Simplificar el núcleo de la cuestión (error de formulación) y constreñir su perímetro territorial y temático (error de foco o de contorno) no son las únicas vías para, intencionada o inadvertidamente, predeterminar el resultado de los debates. A estas dos vías se le suma una tercera que podemos formular como error categorial. Consiste en lo siguiente.

 

3. Equiparar categorías que no son equiparables. Innerarity insiste, e insiste bien, en la necesidad de afrontar la complejidad del mundo evitando argumentos simples. Veremos cómo equiparando categorías que no son equiparables se incurre, precisamente, en la simpleza.

  • Innerarity nos habla del conflicto político “que se vive en Cataluña y en relación con España…” [las negritas son nuestras]: He aquí el primer intento de equiparación entre dos entidades que no son equiparables, sobre todo, si nos anima el propósito de diagnosticar dicho conflicto “con toda su complejidad”. Pues incluso la complejidad tiene sus reglas básicas o elementales: entre una parte y el todo que la contiene no pueden establecerse relaciones de equiparación ni de bilateralidad. ¿Deben establecerse relaciones entre una parte y el todo? Por supuesto que sí, pero conceptualmente no cabe hablar de entidades equiparables, ni en la práctica caben establecerse relaciones bilaterales. Cuando, a pesar de todo, se trata la realidad a martillazos (no se hace otra cosa cuando se ignora esta disimilitud básica), lo que se está proponiendo es empezar (o continuar) las relaciones por el lugar a donde se quiere llegar a parar. Por eso, la equiparación entre Cataluña y España, entre Govern de la Generalitat y Gobierno central, es una forma de predeterminar el resultado del procés o, si se prefiere, es una forma de dar continuidad a la estrategia que Jordi Pujol comenzó a dibujar desde el mismo día 8 de mayo de 1980. Es, también, una práctica narrativa que, por boca de analistas y líderes de opinión, deteriora el lenguaje. Igualmente, es una vía populista o hueca de restablecer cauces de comunicación institucional o una fórmula necia, es decir, ignorante de inaugurar una nueva época. Lo que no es, a nuestro juicio, en modo alguno, es un avance. Se trata de una simpleza. Se trata, sí, de un error categorial. Pero no el único. Porque si no es correcto este tipo de equiparación entre elementos de entidad dispar, menos aún lo es la equiparación entre procesos históricos de muy diferente naturaleza. Los elementos ocupan lugar; los procesos, tiempo. Ni unos ni otros admiten atajos si queremos comprender sus respectivas complejidades.
  • Innerarity sitúa el conflicto político catalán en el contexto de los “procesos de integración en Europa, es decir, elaborando un nuevo modelo de co-decisión con el resto de los europeos”. Pero lo cierto es que el proceso de construcción de la UE responde a modelos por completo ajenos a los que han conducido históricamente a la construcción de lo que hoy es España. Quienes (historiadores, expertos comunitarios, etcétera) conocen en profundidad las entrañas de esta disimilitud saben que este intento de equiparación carece de base bien fundada. Y, en cualquier caso, puestos a evocar el proceso de formación de la UE y los modelos de co-decisión como marco de lo que sucede hoy en España, no estaría de más recuperar lo que Jean Monnet no se cansaba de repetir: “Estamos aquí para culminar una obra común (…) no para negociar ventajas, sino para buscar nuestra ventaja en la ventaja común”. En la Ponencia de autogobierno del País Vasco o en la mente de los impulsores del procés, ¿qué obra común se pretende culminar? Hasta el momento, se trata de una pregunta sin respuesta. La realidad histórica que hoy conocemos como Cataluña ni nació en el vacío ni se ha desarrollado aisladamente a lo largo de los siglos. España tampoco. Tanto Cataluña como España (Cataluña incluida) son construcciones históricas que han co-evolucionado. Además, “dentro de 3.000 años España no existirá. Cataluña tampoco”. Pero hay diferentes formas de hacer el camino.

Para comprender la complejidad política es menester dominar las claves de esa categoría –la complejidad– que lucha por abrirse paso entre los estudiosos tanto de las ciencias naturales como de las ciencias sociales. Y comprender la complejidad se reduce a dos cosas: 1) comprender las relaciones entre las partes y el todo que las comprende y 2) comprender los procesos de cambio. Para lo primero es útil acudir a la teoría general de sistemas; para lo segundo, acercarse a las teorías de la evolución y de los cambios sociales. Violar los fundamentos de uno y otro dominio equivale a establecer comparaciones que predeterminan el resultado de los debates.

Es el momento de pedir al mundo del pensamiento y de la acción, a filósofos y analistas, a responsables de la cosa pública y de la economía, que piensen en nosotros, los ciudadanos, deseosos de adquirir conocimientos y sabedores de que esta es la mejor vía para hacer frente a la complejidad y perplejidad cotidianas en que estamos inmersos; a nuestra complejidad y a nuestra perplejidad. Es el momento y el lugar de pedirles que antepongan nuestra suerte a la defensa de sus intereses partidistas y a la de las finalidades de sus grupos académicos, económicos y políticos. Porque los discursos al uso, por boca de los líderes de opinión, de uno y otro campo, parecen construidos, en su fondo y su forma, para consumo propio, antes que para elevar la cultura ciudadana y, así, poder aspirar a una sociedad más equitativa.

“Siempre he sospechado –nos confiesa Innerarity– de quien plantea los problemas y, sobre todo, las soluciones, con excesiva simplicidad”. Compartimos sin reparo este recelo. Un recelo que aquí hacemos extensivo hacia quienes emplean cualquier tipo de simplicidad como vía para predeterminar el resultado: las fórmulas denunciadas por el propio Daniel Innerarity y las tres que hemos expuesto. Por más que el conjunto –su argumentación y la nuestra– pueda constituir una gran y sorprendente paradoja.

El lector que haya llegado hasta aquí y, aun así, mantenga vivo su interés, puede ahora comprobar el tamaño de esta descomunal paradoja. Para ello, basta con leer el artículo que nos ha insprirado esta entrada, El ‘procés’ y la defensa de la complejidad política, a cuyo autor le agradecemos una vez más desde este blog su magisterio y apoyo.

Un saludo muy cordial,

Paz de Torres

Felipe Gómez-Pallete

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

Ilustración: http://agendapublica.elperiodico.com/el-proces-y-la-defensa-de-la-complejidad-politica/

 

Respuesta de Daniel Innerarity

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Nos complace mucho compartir con nuestros seguidores la respuesta que nos envía Daniel Innerarity a la carta abierta recientemente publicada en este mismo blog, con motivo de un artículo suyo publicado en La Vanguardia.

En tiempos como los que corren, de tanta prisa y tanto silencio por respuesta, el sentido de la amistad y la honestidad intelectual del profesor Innerarity destacan sobremanera.

Atentamente,

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas

 

Queridos amigos,

Como bien me conocéis, sabéis que eso de que a uno le contradigan es una manera de tomárselo en serio y os estoy muy agradecido.

Dejadme que os diga de entrada algo sobre el sentido del artículo: era destinado principalmente a mis amigos soberanistas, de quienes deseo que hagan una profunda reflexión y que reconsideren si todo lo hecho ha valido la pena. A algunos de ellos ya les desaconsejé este camino cuando empezó. Esto es clave para entender por qué el artículo subraya unas cosas y pasa de largo por otras, que sea una llamada de atención y no un tratado equilibrado, en cuyo caso hubiera escrito, desde las mismas convicciones, con un enfoque diferente.

He explicado más mi punto de vista en el capítulo titulado “¿Qué hacemos con las naciones?” de mi último libro Política para perplejos y dejadme que me remita a esas páginas para no repetir los argumentos que allí están tratados con más extensión.

Me centraré en vuestras objeciones:

  • Creo que todo este asunto es un fracaso COLECTIVO y en este fracaso hay muchas personas, partidos e instituciones que tienen la responsabilidad.
  • Podríamos discutir de porcentajes (tal vez el criterio de que quien tiene más poder tiene también más responsabilidad) pero tal vez eso no nos lleve muy lejos.
  • En el campo soberanista, como digo en ese artículo, el hecho mismo de meterse en ese proceso me pareció desde el comienzo un error y los actos del 6/7 de septiembre una exclusión injustificable democráticamente.
  • A esa práctica antidemocrática no se le puede justificar apelando a la reiterada negativa del Gobierno español a negociar con lo que, muy erróneamente, consideraron un suflé, pero que no la justifique no quiere decir que no la explique.
  • Por supuesto que esa definición de populismo de Víctor [Lapuente] cuadra bien con ciertos usos del nacionalismo: sin esa simplificación el nacionalismo catalán no hubiera movilizado tanto, pero tampoco C’s hubiera experimentado una subida tan espectacular en las encuestas si no hubiera hecho uso de una simplificación análoga.

Respecto al derecho a decidir (expresión que me gusta poco, por cierto), permitidme que remita a un artículo que publiqué en El Correo hace unos meses. Ahí encontraréis mi planteamiento de reciprocidad y mi principio de que todos los afectados por una decisión deben intervenir en las decisiones (lo que desarrollé con más extensión en el capítulo sobre “autodeterminación transnacional” en mi libro La democracia en Europa). Nada más ajeno a mi pensamiento que un planteamiento sin matices, antagonista. Esto, créeme, me causa no pocos inconvenientes, también entre los que están más cercanos y, en un ambiente ahora enrarecido, desearían planteamientos más rotundos. Como decía Paul Valery, no digo que tengo razón, digo simplemente que soy así…

Gracias por haberme dado esta oportunidad para explicarme mejor, espero.

Un abrazo, Daniel

Recibido: 28 marzo 2018

Ilustración: ‘Collage’ ACCD, a partir de ‘header’ en biografía del autor y “Letras sueltas” (colección particular FGP #20150322)

 

Carta abierta a Daniel Innerarity

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Querido Daniel,

Nos dirigimos a ti con motivo de la reciente publicación en La Vanguardia de tu artículo “Tiempo de reflexión”. Un artículo que situamos en la senda de la entrevista que, hace unas semanas, concediste a Ainhoa Muñoz para El Diario Vasco.

Con la mirada puesta en Cataluña y Euskadi vienes exponiendo tus opiniones sobre la causa nacionalista. Y lo haces –así te defines–  como “ciudadano de una nación sin Estado”. Para nosotros, tus seguidores, eres un reconocido catedrático de filosofía política y social con quien unas veces coincidimos y otras no.

Sucede que, en esta ocasión, las valoraciones que haces sobre la cuestión nacionalista –enmarcadas entre cómo tú te defines y nosotros te vemos– nos han dejado sumidos en un mar de dudas, situación que te pedimos nos ayudes a esclarecer. Una ayuda que valoramos especialmente ahora, cuando la detención del expresidente Carles Puigdemont en Alemania ha elevado de forma considerable la temperatura política.

Hemos resumido en las siguientes tres cuestiones las dudas que tus últimos escritos nos han causado. Esta carta no es para rebatir tus ideas sino para que tus respuestas nos ayuden a averiguar lo que desconocemos. Al respondernos, lo estás haciendo a nuestros seguidores, personas comunes y corrientes que quieren saber y formarse criterio, necesitadas de un lenguaje llano, compatible con el rigor conceptual.

  1. Del procés destacas sus “equivocaciones tácticas y errores estratégicos”, mientras que de los que se oponen a él enfatizas sus “errores y comportamientos antidemocráticos”. ¿Puedes explicarnos por qué asignas los procedimientos antidemocráticos sólo a uno de los dos bloques con que articulas tu razonamiento?
  1. Opinas que “la mayor responsabilidad le corresponde al Estado, que se ha cerrado al diálogo, ha empujado a la mayoría soberanista del Parlament a una carrera desesperada y ha actuado finalmente con una arbitrariedad injustificada”. ¿En qué te basas para establecer, asertiva e inequívocamente, esta relación de causa (Estado) à efecto (mayoría soberanista del Parlament)?
  1. Recientemente, Víctor Lapuente ha definido el populismo en los siguientes términos: “El populismo es un truco. Sencillo, pero de efectos mágicos. El populismo consiste en simplificar una discusión compleja en dos posturas antagónicas”. Y pone como ejemplos los debates que están teniendo lugar sobre estas dos cuestiones: La prisión permanente revisable y las pensiones. La cuestión nacionalista, planteada como enfrentamiento entre dos adversarios, el Estado español y el soberanismo (catalán o vasco, es lo de menos), ¿crees que cabe dentro de esta definición de populismo?

Quizá te ayudemos a responder esta carta si nos permites recordarte dos de los argumentos que te expusimos en nuestra anterior interpelación:

  • Derechos a decidir
  • Bilateralidad y confederalismo

Estos dos argumentos vienen a corresponderse, respectivamente, con las dos miradas que se necesitan para contemplar en relieve la complejidad del mundo actual, a saber: 1) el análisis de los cambios históricos y 2) la consideración del todo y sus partes. Al no encontrar estas dimensiones en tu artículo (que reproducimos íntegramente a continuación) interpretamos tus argumentos como proyectados en una pantalla de cine, en dos dimensiones –el bueno y el malo–, sin perspectiva ni escorzo: argumentos planos.

Claro que la reflexión sobre la cuestión nacionalista es “tan necesaria como difícil”. No te falta razón. En estas estamos. Pensando en nuestros seguidores, intentamos despejar las dudas que tus últimas reflexiones nos han provocado.

Como sabes, esta Asociación –que te considera uno de sus autores de cabecera– es una iniciativa con más 5 años de vida, apartidista y de carácter no lucrativo. Desde el primer momento has elogiado y apoyado nuestro ideario.

Tu respuesta nos ayudará a cumplir con nuestro compromiso con la sociedad: fortalecer a diario –no una vez cada cien años– el tejido institucional (normas y organizaciones) que los ciudadanos hemos ido construyendo a lo largo de la historia con el fin de regular nuestras aspiraciones y conductas. De esta forma podremos conseguir que la necesidad de una estructura institucional robusta, pública y privada, sea una aspiración social compartida e ilusionante.

A la espera de tu respuesta, recibe nuestro más cordial abrazo,

Paz de Torres

Felipe Gómez-Pallete

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

Ilustración: “Otoño familiar”. Colección particular FGP #20101106.

 

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Tiempo de reflexión

Daniel Innerarity

17/03/2018 00:34 | Actualizado a 17/03/2018 04:01

Fuente: http://bit.ly/2HMGMZ6

Escribo este artículo desde mi simpatía con la causa nacional catalana y mi desacuerdo estratégico con el procés. Siempre he pensado que había en él no sólo equivocaciones tácticas, sino también errores de diagnóstico. Desde la perspectiva de quienes lo han liderado (prescindiendo ahora, por tanto, de los errores y comportamientos antidemocráticos de quienes se han opuesto a él), creo que el soberanismo catalán en su conjunto tiene que hacer una profunda reflexión. La mayor responsabilidad le corresponde al Estado, que se ha cerrado al diálogo, ha empujado a la mayoría soberanista del Parlament a una carrera desesperada y ha actuado finalmente con una arbitrariedad injustificada. Pero el nacionalismo catalán tenía que haber ­jugado otras bazas. Después de lo que ha pasado, ¿a quién ha fortalecido y a quién ha debi­litado?

El soberanismo ha cometido un error similar al del Estado: minusvalorar al adversario. El Estado no tiene legitimidad suficiente para imponerse y los nacionalistas no tenían el respaldo necesario (interno e internacional) para llevar a cabo un proceso de estas características. El efecto colateral de la irresponsabilidad del Gobierno español es la desconexión práctica de muchos catalanes que, sin haber conseguido la independencia, han desconectado completamente del proyecto de España, y el efecto colateral del soberanismo es que ha fortalecido las tendencias más reaccionarias del Estado y la sociedad española.

Cuando hablo de renovación conceptual lo digo con un cierto tono pesimista respecto del presente inmediato. Los ciudadanos de una nación sin Estado no tenemos otro remedio que indagar en los huecos que se abren en los sistemas en crisis, adivinar qué juegos sustituirán al viejo sistema de estados soberanos y abrirnos a esas nuevas lógicas. Podemos ser más que un Estado, debemos ir hacia una mayor “no dependencia”, dejar en un segundo plano la batalla por la soberanía formal y darla por una soberanía real, hacia lo que podríamos llamar una independencia de hecho ya que la de derecho no resulta posible, mientras ampliamos el campo de la propia base electoral (sabiendo que esto nos exigirá una formulación un tanto más laxa de nuestra idea de nación), distinguir siempre entre aspiraciones, derechos y oportunidades… En este momento veo que nos vamos enredando en el lenguaje de los héroes y las traiciones, los programas de máximos y los lamentos acerca de lo malo que es el adversario, una batalla que ahora está dominada por los guardianes de las esencias y los melancólicos.

Para las fuerzas soberanistas se abre un tiempo de reflexión en el que tendrán que repensar muchas cosas, no solamente las relativas a su estrategia, sino también al marco conceptual. Me permito sugerirles que piensen menos en el Estado y más en la sociedad. Si partimos de la convicción democrática de que nada puede hacerse en política sin contar con la ­libre adhesión de la gente, examinemos con sinceridad lo que dice la gente. Las pasadas elecciones desinflaron la expectativa de que las fuerzas unionistas despertaran y se configurara una nueva mayoría, pero la mayoría nacionalista resultante sigue siendo exigua para una independencia, pese a que algunos habían puesto sus esperanzas en que la torpe acción del Estado les diera un salto cuantitativo. La realidad sociológica de Catalunya nos ofrece un resultado muy per­sistente cuando se plantean los términos del problema en clave de confrontación. Y al mismo tiempo sigue habiendo una gran mayoría (huérfana en estos momentos) que desearía un avance sustancial en el autogobierno pero sin unilate­ralidad. No soy un ingenuo y comprendo las dificul­tades existentes. No estoy seguro de que una for­mulación ampliamente respaldada en Catalunya fuera a encontrar en España un interlocutor con mejor receptividad que la que tuvo el Estatut, ahora menos que antes. Hemos de reconocer que uno de los efectos colaterales del procés ha sido precisamente la destrucción de la confianza recíproca, el fortalecimiento de las posturas que prefieren la confrontación al diálogo. Pero el nacionalismo haría bien en reflexionar acerca de las opciones que tiene delante y que se han reducido tras el fracaso de la estrategia uni­lateral.

Que algo sea inverosímil en las circunstancias actuales no me impide afirmar que terminaremos tarde o temprano en un proceso de negociación. Tiene que pasar un tiempo para que unos y otros comprendan que tanto la imposición como la unilateralidad son estrategias que no dan más de sí. Ese estancamiento juega a favor del statu quo, por supuesto, pero ahora sabemos que determinadas maneras de ejercer el contrapoder democrático pueden servir incluso de coartada para la regresión.

La única salida del soberanismo es salvaguardar la pluralidad de la ­sociedad, no para que una parte venza a la otra, además de por convicciones democráticas, por un cálculo de utilidad: en una confrontación de mayorías siempre salimos perdiendo. En este sentido me identifico con la tradición republicana en filosofía política: la democracia no es un sistema para permitir el poder de la mayoría sino para impedir la dominación de la mayoría. Y en política conviene no olvidar que nadie tiene asegurado que nunca se convertirá en minoría.

Lo que enseña la teoría de juegos

La teoría de juegos explica cuáles son las intrincadas lógicas que funcionan cuando interactúan diversos agentes en un contexto dinámico. Lo principal es aumentar siempre las propias opciones. En el caso concreto que nos ocupa, los dos grandes actores han ido reduciendo esas opciones; cada paso disminuía el campo de sus posibilidades, hasta el punto de que finalmente ninguno podía hacer otra cosa que lo que hicieron (convocar el referéndum o aplicar el 155). Era un caso típico del célebre “juego del gallina”, en el que gana quien frena más tarde cuando dos coches se dirigen hacia un precipicio. El resultado final es que ambos han perdido, aunque Catalunya en mayor medida.

El resultado de todo ello es que ahora estamos peor que en el punto de partida. El Estado no va a abrir ese cauce y el tensionamiento político tampoco tiene la posibilidad de hacerle desistir. A quienes justificaban continuar el procés en virtud de que el Estado no se avenía a negociar, les preguntaría si ahora consideran más factible una negociación de ningún tipo. La política tiene que tomar siempre en consideración los efectos secundarios de las decisiones, en este caso, el resurgimiento de un nacionalismo español que lo hará todo más difícil y en relación con el cual la simple recuperación de la autonomía parecerá una gran conquista. Esto debía haberse calculado. El hecho de que la represión del Estado me parezca absolutamente injustificable no me impide considerarla como algo que cualquiera podía haber previsto. Una vez más, la teoría de juegos puede enseñarnos hasta qué punto seguir avanzando en la dirección equivocada puede dar lugar a que el adversario se fortalezca.

 

Polonia. Ley de memoria histórica

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Recientemente, los medios españoles y de otros países han atacado con énfasis la aprobación de una ley de memoria histórica en Polonia, que amenaza con multas y cárcel a quienes nieguen la supuesta versión oficial de la historia de las persecuciones contra los judíos durante la segunda guerra mundial. En palabras de un artículo de El País:

El relato oficial de los hechos sostiene que los polacos no tuvieron nada que ver con la persecución de los judíos y se volcaron en intentar salvar el mayor número posible. Los principales historiadores del Holocausto en Polonia aceptan que muchos polacos se jugaron la vida al tratar de ocultarles, pero mantienen que un número terriblemente alto denunciaron o asesinaron a sus vecinos judíos y participaron en pogromos durante y después del conflicto. Sostener esto último se ha convertido en delito en Polonia, penado hasta con tres años de cárcel.

Otros medios españoles, como La Vanguardia y El Mundo han coincidido más o menos con este análisis. Para intentar sacar una imagen más completa de la realidad, me he tomado la molestia de consultar también medios polacos. Lo que he averiguado es esto:

  1. No se trata de una ley nueva, sino de una enmienda a una ley anterior, con un único punto. Las acusaciones de precipitación que se han hecho al parlamento polaco no pueden sostenerse.
  2. La enmienda en cuestión dice que cualquier persona que públicamente y en contra de los hechos atribuya responsabilidad o corresponsabilidad a la nación o al estado polaco por crímenes cometidos por el Tercer Reich alemán, u otros crímenes de lesa humanidad, o crímenes de guerra, estará sujeto a una multa o encarcelamiento de hasta tres años. El mismo castigo afectará a quien “reduzca groseramente la responsabilidad de los verdaderos perpetradores de estos crímenes.”
  3. Después de la aprobación de la enmienda por las dos cámaras del parlamento polaco, la ha firmado el presidente Duda, quien lo ha justificado diciendo que lo que se castiga en dicha enmienda es la atribución de los crímenes de guerra nazis a la nación o al estado polaco. La nación polaca difícilmente puede ser acusada de nada, como cualquier otra nación. En cuanto al estado polaco, durante la segunda guerra mundial no existía, porque Polonia estaba conquistada y dividida territorialmente entre Alemania y la Unión Soviética. Lo que se castiga, por tanto, es que se mienta.
  4. A pesar de todo, el presidente ha enviado la enmienda al tribunal constitucional polaco para que decida si con ella se ha producido una transgresión de la libertad de expresión.

No es verdad, por tanto, lo que dice El País en el párrafo citado más arriba, que se intenta negar que muchos polacos denunciaron a judíos ante el Tercer Reich, lo que los llevó a la muerte. De hecho, el presidente Duda lo ha reconocido. Pero eso es muy diferente a la atribución de la responsabilidad a un estado polaco que entonces no existía, que es lo que prohíbe la enmienda.

Otra cosa es que esta enmienda pueda utilizarse abusivamente. Pero me temo que eso puede ocurrir con cualquier ley de memoria histórica, que no es difícil que se convierta en Ley Mordaza. Polonia no es el primer país que ha hecho una ley semejante.

Manuel Alfonseca

Profesor. Novelista. Divulgador. Dr. Ingeniero de Telecomunicación.

 

Recibido: 8 febrero 2018

Ilustración: Letras sueltas. Colección particular FGP #20150322

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NOTA de la ACCD. De acuerdo con las normas de participación en esta Sección de Perspectiva Críticas, los derechos y la responsabilidad de los contenidos son del autor. La Asociación se honra con dar difusión a las piezas (texto, voz, imagen) que recibimos.

Medios, encuestas y semáforos rojos

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Con el auge de las versiones digitales de los periódicos y las emisoras de radio y televisión en Internet, las encuestas a los lectores han proliferado mucho, pero eso no significa que antes no las hubiera. Simplemente, el número de encuestados era mucho menor. Si ahora los participantes en una encuesta se miden por miles, en los años noventa solían ser cinco o seis, como en esas encuestas que las emisoras siguen haciendo a pie de calle.

El problema con muchas de estas encuestas es que las preguntas que se hacen no siempre tienen sentido, o si lo tienen es más bien como datos para un análisis sociológico sobre los encuestados, que sobre la realidad. Mucha gente confunde lo que realmente pasa con lo que la gente piensa que pasa, cuando las dos cosas no tienen por qué coincidir, y en muchos casos no coinciden.

Normalmente son poco de fiar las encuestas cuyo objetivo consiste en predecir el futuro. Su resultado es en sí poco fiable. Su única utilidad sería analizar qué cree la gente y por qué lo cree, pero ese tipo de análisis rara vez se hace. Veamos algunos ejemplos de preguntas de este tipo:

  • ¿Cree usted que el Barça ganará la Liga de Campeones de este año?
  • ¿Cree usted que Puigdemont volverá a España?
  • ¿Cree usted que la economía mejorará el año que viene?
  • ¿Cree usted que la inteligencia artificial hará perder muchos puestos de trabajo?

Otras veces la encuesta hace preguntas que sí tienen sentido, pero cuya solución no está al alcance de cualquiera. Recuerdo, por ejemplo, que un periódico importante hizo esta pregunta en los años noventa:

  • ¿Qué haría usted para acabar con la guerra civil en Yugoslavia?

La verdad es que, si me hubiesen hecho a mí esa pregunta, habría tenido que contestar no tengo ni idea. Pero los encuestados, que eran gente de la calle, siempre contestaban, siempre tenían algo que decir. Sea cual sea la dificultad de la pregunta, parece que tenemos muchas dificultades para decir no sé.

Creo que el único objetivo de estas encuestas es dar la sensación de que el medio interacciona con la gente, aunque esa interacción no sea casi nunca estadísticamente significativa. Y, claro, es difícil idear una pregunta que tenga sentido para cada día del año.

Una cuestión diferente es la costumbre que han tomado algunos medios de poner nota a personas más o menos famosas, en función de lo que han dicho o hecho. En La Vanguardia, por ejemplo, les ponen un semáforo rojo o verde (lo primero para criticarles, lo segundo para alabarles). Otros medios asignan una mano con el dedo hacia abajo o hacia arriba, para indicar lo mismo. Como estas calificaciones no suelen estar firmadas, deben considerarse parte de la línea editorial del medio.

El problema es el siguiente: especialmente en las calificaciones negativas se nota una tendencia muy preocupante a confundir “no está de acuerdo con mi ideología” con “es digno de crítica”. Así, por ejemplo, en las últimas semanas La Vanguardia ha asignado el semáforo rojo a las siguientes personas:

  • El 27/1/2018 a Milos Zeman, por haber sido reelegido presidente de la República Checa con el 52% de los votos. Usualmente, cuando alguien gana unas elecciones, más aún por mayoría absoluta de votos, se le suele felicitar. Aquí se le critica. ¿Por qué? Porque no piensa de acuerdo con la ideología dominante en Europa. Viene a ser el mismo motivo por el que a Donald Trump le asestan el semáforo rojo cada dos por tres, sólo que en este caso se ha notado más, porque lo que critican, en realidad, no es a él, sino que haya ganado.
  • El 1/2/2018 a Francisco Rubio, presidente del Comité de Competición de fútbol, por abrir expediente a dos jugadores del Barça, cuyo comportamiento fue denunciado por el Espanyol ante la Comisión Antiviolencia. Parece que los jugadores del Barça son intocables para La Vanguardia, pero lo más curioso es que el semáforo sea, no para quien les denuncia, sino para quien acepta la denuncia.

Y, por supuesto, cada vez que alguien dice algo contrario a la ideología dominante (sea contra el aborto, el matrimonio homosexual o los demás temas de moda) se le asigna el semáforo rojo. Parece que, para los medios, cualquier desviación respecto al pensamiento único debe ser criticada. Es extraño, pues se suponía que los medios de comunicación habían sido tradicionalmente los máximos defensores de la libertad de expresión. Pero parece que les domina más, al menos en esta época, la fidelidad a la ideología.

Manuel Alfonseca

Profesor. Novelista. Divulgador. Dr. Ingeniero de Telecomunicación.

Recibido: 2 febrero 2018

Ilustración: Colección particular FGP #4574

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NOTA de la ACCD. De acuerdo con las normas de participación en esta Sección de Perspectiva Críticas, los derechos y la responsabilidad de los contenidos son del autor. La Asociación se honra con dar difusión a las piezas (texto, voz, imagen) que recibimos.

Contradecimos a Daniel Innerarity

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 Estar de acuerdo y discrepar

  • De Daniel Innerarity –uno de los autores de cabecera de esta Asociación– hemos reseñado aquí su visión del cambio (Interpretar bien el mundo) y el error que supone intentar medirlo todo (Una sociedad a la medida). En estos dos asuntos, coincidimos ampliamente con Innerarity.
  • Hoy, no. Hoy le contradecimos; hoy recogemos el guante que nos lanza en El gozo de la curiosidad, una gozada de artículo que, con su permiso, reproducimos íntegramente más abajo.

Tomárselo en serio

  • Daniel Innerarity propone “tomarse el derecho a decidir radicalmente en serio
  • Para nosotros, tomarse esta cuestión en serio exige superar la deliberada confusión que crea el eslogan de marketing político “derecho a decidir”, un eslogan que no responde a la estructura de sujeto, verbo y predicado. ¿Quién decide qué? Decir que los riojanos (sujeto) tenemos derecho a decidir (verbo) sobre el río Ebro (predicado), no es lo mismo que hablar del derecho a decidir de los riojanos. Bien mirado, no es que contradigamos a Innerarity; hablamos de cosas diferentes, al margen del reconocimiento o entidad jurídica que pudiera considerarse de un derecho a decidir en abstracto, asunto este que va más allá de los límites de este post.

Dos derechos a decidir

  • El filósofo Innerarity habla de dos derechos a decidir, el de los nacionalistas y el de los constitucionalistas: “En Euskadi hay ciudadanos que quisieran decidir solos, y también personas que quisieran decidir de acuerdo con un espacio más amplio que coincide con el Estado español”. [La negrita es nuestra].
  • La ACCD entiende que existen asimismo dos derechos a decidir. La discrepancia viene ahora. Para nosotros los dos derechos a decidir son: el de los nacionalistas, sean ciudadanos residentes en Euskadi o no, y el de los constitucionalistas, sean personas residentes en Euskadi o no. Porque la realidad histórica que hoy conocemos como Euskadi ni nació en el vacío ni se ha desarrollado aisladamente a lo largo de los siglos. ¿Dónde quedan los que han trabajado no “en”, pero sí “para” Euskadi? Tanto Euskadi como España (Euskadi incluida) son construcciones históricas que han coevolucionado. Además, “dentro de 3.000 años España no existirá”. Euskadi tampoco. Pero hay diferentes formas de hacer el camino.

Bilateralidad, confederalismo, etc.

  • Daniel Innerarity sostiene que en el fondo “se trata de respetar la voluntad de los vascos en su integridad (la de los soberanistas y la de los unionistas; la de quienes quieren decidir solos y la de quienes quieren hacerlo con otros)”.
  • A nuestro entender se trata de respetar la voluntad de todos los implicados en los procesos de negociación en curso. Pues cualquier modificación del estatus de Euskadi supone una modificación de esa otra construcción histórica que hoy conocemos como España. Todo hace pensar que Innerarity sugiere que una parte pueda decidir sobre el todo. En cualquier proceso de negociación, lo primero es ponerse de acuerdo en el objeto sobre el que se negocia. En los orígenes de lo que hoy es la UE, Jean Monnet no se cansaba de repetirlo: “Estamos aquí para culminar una obra común, les dije [a los sesenta delegados presentes], no para negociar ventajas, sino para buscar nuestra ventaja en la ventaja común”. En la Ponencia de autogobierno del País Vasco ¿qué obra común se pretende culminar?

Filósofos y personas de acción

  • Si puede entenderse que el trabajo de los filósofos consiste en reflexionar sobre lo que los demás damos por sabido, el cometido de las personas de acción es realizar o llevar a efecto lo que los demás dan por hecho.
  • Para llevar a la práctica asuntos tales como codecisión o soberanías compartidas, esta Asociación considera que la Teoría General de Sistemas, la Teoría de la negociación y la Teoría de la decisión son, amén de otros, tres ingredientes imprescindibles que deben entenderse y practicarse con soltura. Pues es lema de esta Asociación “evitar por igual tanto las acciones sin sólido fundamento teórico como las ideas de valor exclusivamente académico”. En esta misma línea, y sobre estos mismos asuntos, le pedimos en su día a Víctor Lapuente que nos ayudara a comprender su propuesta de un Referéndum dual en El orden de los factores.

En definitiva, los puntos de vista que aquí proponemos facilitarían la “cuadratura del círculo”, callejón al que llega el propio Daniel Innerarity siguiendo sus propios pasos. Esperamos que cumpla su parte del trato: “…quería recordar a mis contradictores que sigo contando con vosotros, aunque ya os anuncio que, como de costumbre, no me dejaré vencer sin ofrecer resistencia”.

Un saludo muy cordial,

Paz de Torres

Felipe Gómez-Pallete

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

Ilustración: “Kilometroak, Zubieta 1978”. Colección particular FGP #3501.

 

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El gozo de la curiosidad

Daniel Innerarity

El País Semanal, 17 ENE 2018 – 13:38 CET

http://bit.ly/2Ez5f64

MI QUERIDO CONTRADICTOR: Me dirijo a ti de manera genérica porque no eres alguien concreto sino el representante de ese grupo de personas que me han llevado la contraria a lo largo de mi vida y que me contradirán en el futuro; solo sé que a ti debo la mayor parte de las cosas que conozco pero, sobre todo, que la confianza propia no sea excesiva y esa distancia de seguridad respecto de uno mismo sin la cual nuestra vida sería un tedioso ejercicio de autorratificación.

Los seres humanos necesitamos entornos reconfortantes, no podríamos vivir sin rutinas incuestionadas y tenemos una escasa capacidad para las sorpresas. Ahora bien, más allá de un determinado grado de conformidad, la vida se convierte en una insoportable coreografía de aprobación de lo que somos y de cuanto sabemos. Sería terrible que Nietzsche tuviera razón cuando sostenía que los humanos no hacemos otra cosa que sorprendernos al encontrar cosas que previamente habíamos escondido. La prueba de que es posible hacer verdaderos descubrimientos, de que hay novedad en la historia, sois vosotros y vosotras, quienes nos contradicen.

Los seres humanos necesitamos entornos reconfortantes, no podríamos vivir sin rutinas incuestionadas y tenemos una escasa capacidad para las sorpresas

Si uno es filósofo tiene además, por oficio, una especial adicción a la contrariedad. Por deformación profesional podemos entender bien a qué extraño mecanismo mental se estaba refiriendo Unamuno cuando afirmaba: “No estoy siempre conforme conmigo mismo y suelo estarlo con los que no se conforman conmigo”. Pensar es una estrategia para ir más allá de lo pensado, por otros y por uno mismo, impugnar los prejuicios (sobre todo los propios), imaginar situaciones insólitas, suponer que algo podría ser de otra manera. Para eso necesitamos un interlocutor que nos contradiga y, si no lo tenemos, lo inventamos: la ciencia cultiva la controversia, la refutación y la crítica, el derecho ha establecido procesos contradictorios previos a la determinación de la verdad jurídica y a la democracia le debemos ese hallazgo político prodigioso de que a todo gobierno le corresponde una oposición. Son estrategias que nos salvan de la locura en la que caeríamos, individual y colectivamente, si no tuviéramos nadie alrededor sistemáticamente empeñado en quitarnos la razón.

Si nos fijamos en cómo configuramos nuestros entornos obtendremos mucha información acerca de cómo somos. Hay quien prefiere el coro de aduladores y quien elige la primera línea de combate con el adversario. El equilibrio entre la seguridad y el riesgo, entre la comodidad de la rutina y el gozo de la curiosidad es algo que cada uno debe aprender a orquestar. No existe una fórmula universal para determinar el justo medio entre la convicción y la duda, pero yo he encontrado un remedio casero que no falla nunca: si en un momento dado descubres que eres el más listo del grupo, debes salir corriendo. Lo peor que puede pasarle a uno es tener discípulos dedicados a glosarte, hijos dóciles o seguidores entusiastas. Es mucho más interesante buscar la compañía de alguien diferente, procurar el contraste, dejarse arrastrar por la atracción de la controversia, generar algo que adquiera vida propia.

Aprendemos gracias a quienes nos contradecís y, en el terreno de la convivencia, aprendemos incluso a no irritarnos demasiado por las manías de los demás. El pensamiento, la vida y la democracia os necesitan para mantenerse en pie. Por eso, si uno anda escaso de contradictores es aconsejable que se los vaya procurando. Yo los he tenido y espero seguir teniéndolos en abundancia, en parte por razones estratégicas y en parte por haber dicho y hecho no pocas cosas que merecían la crítica y el reproche.

Mientras preparo mi próxima equivocación, quería recordar a mis contradictores que sigo contando con vosotros, aunque ya os anuncio que, como de costumbre, no me dejaré vencer sin ofrecer resistencia. Forma parte del trato.

 

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