La calidad bien entendida (4)

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No nos engañemos, no existen las panaceas —“Mientras haya vida habrá cáncer; es el precio que pagamos por estar vivos”—, y nuestra propuesta tampoco lo será. Eso sí, creemos que la iniciativa del Sistema de Indicadores de Calidad (SIC) ayudará a mejorar notablemente un elemento tan degradado de la democracia como los partidos políticos y nuestra relación con ellos. Nuestra propuesta aumentará, permitidnos decir de nuevo, nuestra cultura política, camino de una sociedad más equitativa.

En este momento, lo que nos interesa es distinguir entre la publicitada transparencia (de cómo se han hecho o se están haciendo las cosas) y unos indicadores de calidad (de cómo nos proponemos trabajar a partir de mañana). Para ello quizás sea preciso simular el juego de las diferencias, por aquello de intentar ser amenos y constructivos. Vayamos a ello.

La transparencia es una cualidad necesaria, exigible, “para que no duerman tranquilos”, mientras que la calidad es un compromiso con el futuro. La primera supone una zancadilla a la corrupción, una herramienta de apertura —o abrelatas— que no implica necesariamente una mejora —sobre todo si el producto que se descubre ya ha caducado—, ni siquiera garantiza que la evite; encarna un sistema de vigilancia, lo cual significa que no consentimos. Es cierto: no es poco. La calidad debería forjar, puesto que se trata de un compromiso público, un aumento de la confianza que se genera hacia la ciudadanía y, a su vez, un aumento de las expectativas electorales, una mejora sustancial en la forma de trabajar por parte de los partidos políticos. Así pues, la diferencia es notoria: la transparencia es una cualidad (más) que pone trabas a la corrupción pero que no supone necesariamente una mejora, mientras que la calidad es un compromiso que genera confianza e implica, inexorablemente, una mejora.

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¿Eres político o eres un idiota?

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Mucha gente desconoce que la palabra idiota proviene del término griego idiotes, con el que se definía en la Grecia Clásica a quien, a pesar de tener la condición de ciudadano y de reunir una serie de requisitos que le permitían participar en los asuntos públicos, eludía ejercer de forma activa la condición de político para dedicarse exclusivamente a sus asuntos privados. (Y por si no lo saben, político viene de polis, y un político no era otra cosa que un ciudadano, es decir, una persona con derechos políticos, que residía en la polis). Se podría decir, por tanto, que un idiota es el que sigue al pie de la letra el conocido consejo de Franco de hacer como él y no meterse en política. Hoy, muchos años después de la muerte del dictador, seguimos siendo un país de idiotas. Todo un logro que hay que reconocerle al caudillo, entre otros.

Una de las formas más sencillas de reconocer a un idiota es fijarse en  la persona verbal que emplea a la hora de hablar de política. Para un idiota, solo existe la tercera persona, o como mucho la segunda, pero nunca la primera. Todo se reduce, casi siempre, a lamentar “lo que hacen los políticos” o a esperar, si hemos amanecido optimistas, a que “venga alguien honrado, eche a estos sinvergüenzas y lo arregle todo”. Como si el problema político fuera un problema doméstico, por ejemplo la tubería de tu casa que se ha atascado. Y es que el idiota cree que un problema político no es más que otro problema doméstico que hay que dejar en manos de profesionales. Del fontanero político de turno, que ya sabemos que suele cobrar en B.

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La calidad bien entendida (3)

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Hemos dado cuenta ya del significado que adoptamos cuando hablamos de Indicadores de Calidad -ese compromiso con el futuro- y a qué calidad nos referimos -aquella que se define por acumulación de experiencia en ambos sentidos, o sea, los partidos políticos y los ciudadanos-. Prosigamos nuestra peculiar andadura estival acotando aún más esa idea tan peligrosamente escurridiza: calidad. Tres veces nombrada en un mismo párrafo, no es casual.

En Calidad y Cultura Democráticas queremos dejar aún más claro que nos proponemos la mejora de los partidos políticos, convencidos de que es una condición imprescindible para poder superar la crisis en la que evidentemente están sumergidos; en ningún caso su desaparición, lo que consideraríamos un fracaso democrático. Una de las razones del dislate del que somos espectadores y partícipes es el círculo vicioso –tema del que daremos cuenta en el quinto capítulo de esta serie– que se genera con la infidelidad de los electores y la derivada relajación en los compromisos ideológicos de los partidos (Daniel Innerarity, El País 11.08.2013). O, dicho de otro modo, la debilitación de la idea de programa electoral, consecuencia o causa del escepticismo de aquellos a quienes va dirigido.

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La calidad bien entendida (2)

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En la anterior entrada ofrecimos un ejemplo, mitad real, mitad imaginado, de lo que es y cómo se elabora un “indicador de calidad” de un partido político.  En esta segunda entrega de la serie La calidad bien entendida orientamos la atención de nuestros visitantes hacia otro aspecto de la cuestión. Nos referimos a la diferencia que existe entre este tipo de informaciones (indicadores de calidad) y otros símbolos o informaciones que circulan a diario en la sociedad. ¿Qué significados encierra un indicador de calidad hecho público por un partido político? ¿Cómo puede distinguirlos el receptor, el ciudadano, el votante, el lector, el oyente, el peatón –según sea el medio por el que se publicita o difunde el indicador?

Significados implícitos

Recordemos el ejemplo de la semana pasada. Un partido político se propone alcanzar el siguiente objetivo: Pasar en tres años (2013 – 2015) de una situación en la que sus ingresos por cuotas de afiliados suponen el 38% de los gastos de personal, a tener el 45% de estos gastos cubiertos por igual concepto. Lo que significa, en pocas palabras, plantearse un aumento de 7 puntos porcentuales en 3 años.

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La calidad bien entendida (1)

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Esta es la primera de las seis mini entradas que componen la serie La calidad bien entendida. De este modo inauguramos la campaña de divulgación sobre el SIC, el Sistema de Indicadores de Calidad. Se trata de una de las iniciativas que dieron lugar al movimiento por la Calidad y Cultura Democráticas.

Aquí entendemos que la idea y la práctica de “calidad” están indisolublemente unidas al futuro, es decir, a lo que está por venir; no a lo ya ocurrido ni a lo que está sucediendo. Pongamos, como prometimos, un ejemplo para empezar, un ejemplo a caballo entre la realidad y la ficción. Tomemos un partido político que emplea 29.243.694,38 € en gastos de personal en el año 2008 y que, en ese mismo año, ingresa por concepto de cuotas 11.478.518,86 €. Por tanto, para ese partido, en ese año, las cuotas de sus afiliados equivalen al 39 % de los gastos de personal. Aunque aún hoy estas cantidades se encuentran pendientes del informe definitivo del Tribunal de Cuentas, podemos decir que, euro arriba o abajo, reflejan una realidad. A partir de aquí, cambiamos de tercio para pasar al terreno de la ficción.

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La calidad bien entendida (introducción)

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Sistema; indicadores o índices; calidad; partidos, etcétera son términos de amplio espectro. Por eso, estas palabras hacen suponer a quien lee los titulares que ya sabe de qué va la cosa. Y, de esta forma, el lector, en lugar de interpretar el texto que sigue, lo traduce sobre la marcha a su propio idioma, es decir, lo filtra a través de su zona de confort intelectual y, en el mejor de los casos, se queda como estaba, diciendo para sí: ‘en efecto, esto ya lo sabía yo’.

Para evitar correr esta suerte, y sin pretensión alguna de ser originales, pero sí claros, Calidad y Cultura Democráticas desea explicar en esta serie veraniega de relatos breves lo que entendemos por Sistema de Indicadores de Calidad (SIC) y lo que, por el contrario, queda fuera del abanico de nuestras pretensiones:

  • Nos proponemos empezar con un ejemplo, lo más gráfico posible. Hemos elegido para ello un par de cifras más o menos aproximadas: en 2012, el PP gastó unos 130 millones de euros, mientras que sus ingresos por cuotas de afiliados ascendieron a unos 12 millones. ¿Cómo elaborar un indicador de calidad a partir de estos órdenes de magnitud? Éste será el asunto que trataremos en la primera entrega.

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Fomentar la confianza de los ciudadanos

Los ciudadanos y las instituciones políticas convivimos en un territorio del que, por no tener, no teníamos ni mapa. Hasta ayer, jueves 27 de junio de 2013, día en que se hizo público el primer atlas[1]. Un atlas que, entre otras cosas, contiene la relación detallada de las principales organizaciones del mundo que actúan como intermediarias entre las personas y la política.  Aquí resumimos la estructura del novedoso mapa, recordamos la brújula que la Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas viene manejando para moverse por este territorio, y anunciamos la próxima etapa que queremos recorrer, etapa que nos ha servido para dar título a esta nueva entrada: Nos proponemos fomentar la confianza de los ciudadanos en los partidos políticos.

El mapa

Figura 1-El mapaCuando los cauces entre ciudadanos y política están rotos, o no funcionan, o se animan únicamente cada equis años, la sociedad genera, de forma espontánea, vías alternativas de comunicación entre unos y otros. Estos cauces de circulación periférica (o de ‘subpolítica’ según algunos expertos) son ocupados por los actores que actuamos de intermediarios entre la ciudadanía y los diferentes ámbitos políticos.

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Liderazgo y calidad democrática

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Del mismo modo que no podemos escapar de la responsabilidad individual que tenemos sobre nuestra propia democracia, igualmente estoy absolutamente convencido de que hay una estrecha relación entre liderazgo y calidad democrática.

Ambas creencias me mueven a exponer una serie de consideraciones. Son reflexiones que deseo compartir por creerlas especialmente oportunas en estos momentos de crisis e incertidumbre. Una crisis que se hace sentir tanto en el plano económico como en el político; una crisis institucional visible en todos los sectores, desde el educativo al sanitario. Y una crisis que se caracteriza, también, por su prolongada duración.

Que todo ello –amplitud, intensidad y duración de la crisis– esté siendo especialmente grave en el caso de España se debe, en mi opinión, a una marcada falta de liderazgo político.

En apoyo de esta opinión, me gustaría destacar algunas de las principales dimensiones que caracterizan tanto el concepto de liderazgo como la práctica de los líderes generadores de confianza.

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En favor de los partidos

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El objetivo de la Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas no son los colores, rojos o azules, sino la ciudadanía en tanto que copartícipe (concepto clave) de la situación política y económica.

Somos conscientes de que, en plena efervescencia de revueltas y protestas contra “el otro”, levantar la voz para, además, mirarse a sí mismo es un mensaje que se vende mal. Pero creemos en la mirada panorámica que abarca la crítica “al otro” y la mejora de “uno mismo”. Mirar con los dos ojos permite ver el relieve de las cosas y de los hechos. Mirar únicamente con cualesquiera de los dos, es una suerte de ceguera.

Es la forma en que todos hacemos política lo que está en el punto de mira de nuestra asociación, no los líderes y las instituciones, cuyos modelos y modales están fuera de época.

¿Acciones concretas?

Además de animar al diálogo en ccdemocraticas.net; además de reunir para y con la ciudadanía material pedagógico de calidad en materia democrática; además de abrir nuestro portal a otros movimientos que comparten nuestra mirada, además de todo ello, estamos trabajando en la elaboración del sistema de índices de calidad. Una tarea cuya EFM (Estructura de Fines y Medios) definimos así:

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Asociacionismo y sociedad civil

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Recuerdo las viñetas de Mafalda que hacían reflexionar inocentemente sobre la situación del mundo y las personas que en él vivimos, y sobre los problemas sociales cotidianos.

Una niña de clase media acomodada haciendo de voz de la conciencia del ciudadano. Una niña con altos valores de justicia e igualdad, soñadora e idealista, y que aspira, casi sin saberlo,  a una democracia real.

¿Cómo serían ahora las viñetas de Mafalda? Qué valores divulgaría y de qué problemas sociales hablaría..?

Creo que hablaría de cómo el Asociacionismo está promoviendo el cambio social.

El caso es que tenemos en nuestro poder un instrumento valiosísimo de promoción del cambio social, la creación de Asociaciones civiles,  libres y voluntarias de ciudadanos. Las Asociaciones permiten actuar conjuntamente en el espacio público para  influir  en la resolución de problemas muchas veces desatendidos por parte de las instituciones.

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La democracia

libro-la-democraciaComo se destaca en la cubierta de esta edición, la obra de Robert Dahl expone de  forma accesible los siguientes asuntos:

* Los principales elementos que configuran una democracia
* Las instituciones imprescindibles que la sustentan
* Las condiciones económicas y sociales que favorecen su desarrollo
* Los criterios necesarios para evaluarla

Calidad y Cultura Democráticas recomienda este libro por la forma, extremadamente sencilla y didáctica, con que se presenta la complejidad de la democracia, es decir, sus orígenes y posible evolución, y los elementos y relaciones que componen el sistema democrático. Para los politólogos, se trata de una obra clásica y básica; para los ciudadanos deseosos de saber, este texto es una obra pedagógica, porque con su lectura aprendemos y nos educamos.

Para los que deseen conocer, con algo mas de detalle, las razones por las que recomendamos este libro, hemos seleccionado los siguientes pasajes. Sirvan estos fragmentos a modo de reseña, una recensión elaborada después de haber leído el libro ‘con las gafas’ de Calidad y Cultura Democráticas.

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¿Acaso no lo sabemos todo?

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Como dice José María Martín Patino en su reciente aportación a este blog, las cosas no son tan simples como nos quieren hacer creer. Nos enfrentamos a problemas muy serios, pero todo el mundo parece saber cómo resolverlos. Y los medios de comunicación no hacen nada para evitar que se propague esta idea equivocada.

Desde hace unos años, con la proliferación de los portales de Internet, los medios han puesto de moda la realización de encuestas abiertas, a las que todo el mundo puede contestar, eligiendo casi siempre entre tres alternativas: Sí, no y no sé. No voy a discutir aquí el hecho evidente de que las preguntas de esas encuestas suelen estar mal planteadas, lo que daría tema para otro artículo. Voy a fijarme solo en los resultados. Quien se moleste en seguirlos, notará que la contestación no sé rara vez pasa del 3%. Aunque algunas de las preguntas tienen miga y tratan de responder a problemas acuciantes de la actualidad, todo el mundo tiene perfectamente claro cómo se deben resolver.

Usualmente, solo los científicos (los que se supone que saben más) suelen contestar no sé a las preguntas que les hacen en los medios. Y a veces esa respuesta levanta las iras de otros, que seguramente saben menos que ellos. El 14 de enero de 2010, La Vanguardia entrevistó a Michael Griffin, director de la NASA de 2005 a 2009. La entrevistadora intentó hacerle dar su opinión sobre una serie de puntos:

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