Contradecimos a Daniel Innerarity

cabecera -1

 Estar de acuerdo y discrepar

  • De Daniel Innerarity –uno de los autores de cabecera de esta Asociación– hemos reseñado aquí su visión del cambio (Interpretar bien el mundo) y el error que supone intentar medirlo todo (Una sociedad a la medida). En estos dos asuntos, coincidimos ampliamente con Innerarity.
  • Hoy, no. Hoy le contradecimos; hoy recogemos el guante que nos lanza en El gozo de la curiosidad, una gozada de artículo que, con su permiso, reproducimos íntegramente más abajo.

Tomárselo en serio

  • Daniel Innerarity propone “tomarse el derecho a decidir radicalmente en serio
  • Para nosotros, tomarse esta cuestión en serio exige superar la deliberada confusión que crea el eslogan de marketing político “derecho a decidir”, un eslogan que no responde a la estructura de sujeto, verbo y predicado. ¿Quién decide qué? Decir que los riojanos (sujeto) tenemos derecho a decidir (verbo) sobre el río Ebro (predicado), no es lo mismo que hablar del derecho a decidir de los riojanos. Bien mirado, no es que contradigamos a Innerarity; hablamos de cosas diferentes, al margen del reconocimiento o entidad jurídica que pudiera considerarse de un derecho a decidir en abstracto, asunto este que va más allá de los límites de este post.

Dos derechos a decidir

  • El filósofo Innerarity habla de dos derechos a decidir, el de los nacionalistas y el de los constitucionalistas: “En Euskadi hay ciudadanos que quisieran decidir solos, y también personas que quisieran decidir de acuerdo con un espacio más amplio que coincide con el Estado español”. [La negrita es nuestra].
  • La ACCD entiende que existen asimismo dos derechos a decidir. La discrepancia viene ahora. Para nosotros los dos derechos a decidir son: el de los nacionalistas, sean ciudadanos residentes en Euskadi o no, y el de los constitucionalistas, sean personas residentes en Euskadi o no. Porque la realidad histórica que hoy conocemos como Euskadi ni nació en el vacío ni se ha desarrollado aisladamente a lo largo de los siglos. ¿Dónde quedan los que han trabajado no “en”, pero sí “para” Euskadi? Tanto Euskadi como España (Euskadi incluida) son construcciones históricas que han coevolucionado. Además, “dentro de 3.000 años España no existirá”. Euskadi tampoco. Pero hay diferentes formas de hacer el camino.

Bilateralidad, confederalismo, etc.

  • Daniel Innerarity sostiene que en el fondo “se trata de respetar la voluntad de los vascos en su integridad (la de los soberanistas y la de los unionistas; la de quienes quieren decidir solos y la de quienes quieren hacerlo con otros)”.
  • A nuestro entender se trata de respetar la voluntad de todos los implicados en los procesos de negociación en curso. Pues cualquier modificación del estatus de Euskadi supone una modificación de esa otra construcción histórica que hoy conocemos como España. Todo hace pensar que Innerarity sugiere que una parte pueda decidir sobre el todo. En cualquier proceso de negociación, lo primero es ponerse de acuerdo en el objeto sobre el que se negocia. En los orígenes de lo que hoy es la UE, Jean Monnet no se cansaba de repetirlo: “Estamos aquí para culminar una obra común, les dije [a los sesenta delegados presentes], no para negociar ventajas, sino para buscar nuestra ventaja en la ventaja común”. En la Ponencia de autogobierno del País Vasco ¿qué obra común se pretende culminar?

Filósofos y personas de acción

  • Si puede entenderse que el trabajo de los filósofos consiste en reflexionar sobre lo que los demás damos por sabido, el cometido de las personas de acción es realizar o llevar a efecto lo que los demás dan por hecho.
  • Para llevar a la práctica asuntos tales como codecisión o soberanías compartidas, esta Asociación considera que la Teoría General de Sistemas, la Teoría de la negociación y la Teoría de la decisión son, amén de otros, tres ingredientes imprescindibles que deben entenderse y practicarse con soltura. Pues es lema de esta Asociación “evitar por igual tanto las acciones sin sólido fundamento teórico como las ideas de valor exclusivamente académico”. En esta misma línea, y sobre estos mismos asuntos, le pedimos en su día a Víctor Lapuente que nos ayudara a comprender su propuesta de un Referéndum dual en El orden de los factores.

En definitiva, los puntos de vista que aquí proponemos facilitarían la “cuadratura del círculo”, callejón al que llega el propio Daniel Innerarity siguiendo sus propios pasos. Esperamos que cumpla su parte del trato: “…quería recordar a mis contradictores que sigo contando con vosotros, aunque ya os anuncio que, como de costumbre, no me dejaré vencer sin ofrecer resistencia”.

Un saludo muy cordial,

Paz de Torres

Felipe Gómez-Pallete

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

Ilustración: “Kilometroak, Zubieta 1978”. Colección particular FGP #3501.

 

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El gozo de la curiosidad

Daniel Innerarity

El País Semanal, 17 ENE 2018 – 13:38 CET

http://bit.ly/2Ez5f64

MI QUERIDO CONTRADICTOR: Me dirijo a ti de manera genérica porque no eres alguien concreto sino el representante de ese grupo de personas que me han llevado la contraria a lo largo de mi vida y que me contradirán en el futuro; solo sé que a ti debo la mayor parte de las cosas que conozco pero, sobre todo, que la confianza propia no sea excesiva y esa distancia de seguridad respecto de uno mismo sin la cual nuestra vida sería un tedioso ejercicio de autorratificación.

Los seres humanos necesitamos entornos reconfortantes, no podríamos vivir sin rutinas incuestionadas y tenemos una escasa capacidad para las sorpresas. Ahora bien, más allá de un determinado grado de conformidad, la vida se convierte en una insoportable coreografía de aprobación de lo que somos y de cuanto sabemos. Sería terrible que Nietzsche tuviera razón cuando sostenía que los humanos no hacemos otra cosa que sorprendernos al encontrar cosas que previamente habíamos escondido. La prueba de que es posible hacer verdaderos descubrimientos, de que hay novedad en la historia, sois vosotros y vosotras, quienes nos contradicen.

Los seres humanos necesitamos entornos reconfortantes, no podríamos vivir sin rutinas incuestionadas y tenemos una escasa capacidad para las sorpresas

Si uno es filósofo tiene además, por oficio, una especial adicción a la contrariedad. Por deformación profesional podemos entender bien a qué extraño mecanismo mental se estaba refiriendo Unamuno cuando afirmaba: “No estoy siempre conforme conmigo mismo y suelo estarlo con los que no se conforman conmigo”. Pensar es una estrategia para ir más allá de lo pensado, por otros y por uno mismo, impugnar los prejuicios (sobre todo los propios), imaginar situaciones insólitas, suponer que algo podría ser de otra manera. Para eso necesitamos un interlocutor que nos contradiga y, si no lo tenemos, lo inventamos: la ciencia cultiva la controversia, la refutación y la crítica, el derecho ha establecido procesos contradictorios previos a la determinación de la verdad jurídica y a la democracia le debemos ese hallazgo político prodigioso de que a todo gobierno le corresponde una oposición. Son estrategias que nos salvan de la locura en la que caeríamos, individual y colectivamente, si no tuviéramos nadie alrededor sistemáticamente empeñado en quitarnos la razón.

Si nos fijamos en cómo configuramos nuestros entornos obtendremos mucha información acerca de cómo somos. Hay quien prefiere el coro de aduladores y quien elige la primera línea de combate con el adversario. El equilibrio entre la seguridad y el riesgo, entre la comodidad de la rutina y el gozo de la curiosidad es algo que cada uno debe aprender a orquestar. No existe una fórmula universal para determinar el justo medio entre la convicción y la duda, pero yo he encontrado un remedio casero que no falla nunca: si en un momento dado descubres que eres el más listo del grupo, debes salir corriendo. Lo peor que puede pasarle a uno es tener discípulos dedicados a glosarte, hijos dóciles o seguidores entusiastas. Es mucho más interesante buscar la compañía de alguien diferente, procurar el contraste, dejarse arrastrar por la atracción de la controversia, generar algo que adquiera vida propia.

Aprendemos gracias a quienes nos contradecís y, en el terreno de la convivencia, aprendemos incluso a no irritarnos demasiado por las manías de los demás. El pensamiento, la vida y la democracia os necesitan para mantenerse en pie. Por eso, si uno anda escaso de contradictores es aconsejable que se los vaya procurando. Yo los he tenido y espero seguir teniéndolos en abundancia, en parte por razones estratégicas y en parte por haber dicho y hecho no pocas cosas que merecían la crítica y el reproche.

Mientras preparo mi próxima equivocación, quería recordar a mis contradictores que sigo contando con vosotros, aunque ya os anuncio que, como de costumbre, no me dejaré vencer sin ofrecer resistencia. Forma parte del trato.

 

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