La calidad bien entendida (1)

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Esta es la primera de las seis mini entradas que componen la serie La calidad bien entendida. De este modo inauguramos la campaña de divulgación sobre el SIC, el Sistema de Indicadores de Calidad. Se trata de una de las iniciativas que dieron lugar al movimiento por la Calidad y Cultura Democráticas.

Aquí entendemos que la idea y la práctica de “calidad” están indisolublemente unidas al futuro, es decir, a lo que está por venir; no a lo ya ocurrido ni a lo que está sucediendo. Pongamos, como prometimos, un ejemplo para empezar, un ejemplo a caballo entre la realidad y la ficción. Tomemos un partido político que emplea 29.243.694,38 € en gastos de personal en el año 2008 y que, en ese mismo año, ingresa por concepto de cuotas 11.478.518,86 €. Por tanto, para ese partido, en ese año, las cuotas de sus afiliados equivalen al 39 % de los gastos de personal. Aunque aún hoy estas cantidades se encuentran pendientes del informe definitivo del Tribunal de Cuentas, podemos decir que, euro arriba o abajo, reflejan una realidad. A partir de aquí, cambiamos de tercio para pasar al terreno de la ficción.

Supongamos que esa misma formación política incluye en su agenda de planificación estratégica el siguiente análisis: “¿De qué factores (al margen de lo que prometamos en los programas electorales) depende el que la confianza de los ciudadanos en nuestro partido aumente o disminuya?”. Y, puestos a suponer, imaginemos que los estrategas del partido llegan a la conclusión de que uno de los principales factores de confianza ciudadana es, por ejemplo, la parte (pequeña o grande) de los gastos de personal que podría pagarse con las cuotas de sus afiliados: Si una gran parte, mucha confianza; si una parte pequeña, poca confianza .

Contamos con la complicidad de nuestros visitantes, por lo que asimismo damos por supuesto que, a estas alturas del ejemplo, ni la fuente de donde están tomadas estas cantidades declaradas, ni los millones de euros propiamente dichos, ni la ratio imaginada por los estrategas del partido (cuotas de afiliados/gasto de personal), van a ser objeto de discusión. Contamos con que nuestros lectores entenderán todo ello como lo que es: un mero ejemplo, mitad real, mitad imaginado, del que nos servimos para intentar explicarnos con claridad. Pues lo que en verdad queremos someter a debate aquí es la idea que proponemos. Y lo que proponemos es que los partidos adquieran el hábito organizativo de (a) marcarse unos objetivos, a la manera de los imaginados en el gráfico adjunto, (b) anunciarlos dentro y fuera de sus organizaciones y, periódicamente, (c) tomar las medidas que permitan ir afinando el tiro hasta conseguir alcanzar los objetivos deseados. En este contexto, los “indicadores de calidad” no reflejan situaciones pasadas ni presentes, sino que representa un compromiso con el futuro. Y los denominados indicadores ‘de calidad’ porque, en esta jerga,  actuar con calidad equivale a proponerse unos objetivos e ir tomando medidas, con la frecuencia necesaria en cada caso, para alcanzarlos.

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Como es fácil suponer, serán muchas y de muy diferente índole las medidas que los responsables del partido deben idear y poner en marcha para conseguir, año tras año, los objetivos propuestos. Y así será en este campo, citado a modo de ejemplo, como en cualquier otro. Por eso sostenemos que al emprender la senda de la mejora continua, por muy concreto y parcial que sea el punto en que se inicie, se acaba por dar la vuelta a la organización.

Entre las noticias positivas que estos años de crisis y desconcierto han traído consigo destacamos una: la proliferación de organizaciones que, mejor o peor estructuradas, actuamos como intermediarias entre la política y la ciudadanía. Recientemente, dábamos cuenta en este mismo blog del exhaustivo trabajo realizado sobre este asunto por Ester Crespo como proyecto del Máster que cursó en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales. Calidad y Cultura Democráticas se desenvuelve dentro de este prometedor despertar de la así llamada sociedad civil. La forma en que los ciudadanos pueden ubicarnos, con precisión y rapidez, dentro de este vasto panorama es muy sencilla: Es suficiente con que recuerden un par de rasgos definitorios de nuestra personalidad:

  • Actuar con calidad equivale a comprometerse, interna y públicamente, con el futuro, poniendo el foco en aspectos concretos y medibles
  • Actuar con calidad no es equivalente a, ni es incompatible con, la obligada transparencia informativa de las instituciones. Pues mientras la transparencia es una cualidad exigible que dificulta comportamientos corruptos, la calidad es un compromiso deseable que favorece la confianza mutua entre ciudadanos y partidos políticos

En las siguientes cinco entregas seguiremos repasando, sin temor a ser tachados de redundantes, estos y otros aspectos por los que se distingue el Sistema de Indicadores de Calidad.

Saludos cordiales,

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas

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