Liderazgo y calidad democrática

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Del mismo modo que no podemos escapar de la responsabilidad individual que tenemos sobre nuestra propia democracia, igualmente estoy absolutamente convencido de que hay una estrecha relación entre liderazgo y calidad democrática.

Ambas creencias me mueven a exponer una serie de consideraciones. Son reflexiones que deseo compartir por creerlas especialmente oportunas en estos momentos de crisis e incertidumbre. Una crisis que se hace sentir tanto en el plano económico como en el político; una crisis institucional visible en todos los sectores, desde el educativo al sanitario. Y una crisis que se caracteriza, también, por su prolongada duración.

Que todo ello –amplitud, intensidad y duración de la crisis– esté siendo especialmente grave en el caso de España se debe, en mi opinión, a una marcada falta de liderazgo político.

En apoyo de esta opinión, me gustaría destacar algunas de las principales dimensiones que caracterizan tanto el concepto de liderazgo como la práctica de los líderes generadores de confianza.

La primera es la capacidad para interpretar el mundo en que operamos. Según Peter Drucker, ‘’los tiempos de crisis son tiempos de peligro [y] para un líder, el mayor peligro de todos es no entender, o no querer ver, La Realidad del Entorno’’.

En la memoria de todos está la demora con que –por incapacidad o por voluntad– se denunció el así llamado estallido de la crisis en España. El hecho es que hace seis años se cometieron tres errores básicos (de entendimiento de la situación, de plazos y de costes) cuyos efectos todavía hoy estamos padeciendo.

El segundo pilar fundamental de lo que constituye la esencia del liderazgo es la capacidad para concentrarse en lo realmente importante. Esta capacidad para enfocar lo esencial y evitar lo accesorio quedó acuñada, desde los tiempos del presidente Clinton, con la conocida expresión ‘es la economía, estúpido’.

Este afortunado eslogan tiene su inmediata traducción al asunto que nos ocupa: ‘Son los votantes, estúpido’; no los votos. Pues el líder político que merece tal nombre se concentra en las necesidades de sus representados, no en el número de votos que le va a permitir seguir valiéndose del escaño.

En tercer lugar, no hay liderazgo ni líder que merezcan ser designados como tales si no se encuentran, en su formulación y en su práctica cotidiana, íntimamente unidos a la formación continua. Pues un líder se distingue no sólo por su decidido empeño en la educación de sí mismo, sino también por la forma en que impulsa y garantiza las condiciones que favorecen la formación permanente de los ciudadanos.

Este escenario únicamente es posible en el seno de una sociedad que considera la educación como un asunto de Estado, fuera de la disputa política. Cuando no es así, es decir, cuando el espacio donde se elabora el futuro de una sociedad –el espacio educativo– está sometido a los vaivenes de la política, ni la cultura del liderazgo ni los líderes prosperan. Ahora podríamos preguntarnos si actualmente  los dirigentes de nuestro país fomentan la formación y la cultura democrática de forma tal que los ciudadanos juzguemos  con mayor fundamento sus decisiones. Mucho me temo que nada más lejos de la realidad.

Finalmente, en cuarto lugar, considero que la fortaleza del liderazgo en no importa qué tipo de sociedad –empresa, organización no lucrativa, unidad familiar o país– está determinada por la confianza que inspiren los líderes. Y ésta, la confianza, entendida como sinónimo de liderazgo, no es posible si el líder no es capaz de escuchar, de entender y atender las necesidades (no los deseos) de quienes conforman la organización que lidera.

Sabido es que los líderes peor valorados en las encuestas son los líderes políticos. En mi opinión, la razón que mejor explica estos pobres resultados es su absoluta incapacidad para generar un mínimo de confianza. Los líderes políticos, simplemente, no son creíbles. Por su escasa preparación para interpretar el mundo; por su desacierto en distinguir lo importante de lo accesorio; por su desprecio de la educación, como valor común y espacio donde fabricamos nuestro futuro, y por último, mas no por ello menos importante, por su escasa, si no nula, capacidad de escucha.

No sé cuando terminaremos esta difícil travesía en la que estamos embarcados. De lo que sí estoy plenamente convencido es de que cuando lleguemos al final de túnel y comencemos un nuevo ciclo, una nueva raza de líderes y una ciudadanía más comprometida serán la mejor garantía para evitar errores ya conocidos y hasta entonces conviene no olvidarnos de que todo lo que suceda en nuestra sociedad tendrá mucho que ver con el Liderazgo ó la falta del mismo.

Javier Sada
Fundador del Foro de Liderazgo Club 21

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5 Responses

  1. Juan A. Corbalán jun 07, 2013 —

    Querido Javier:
    Sólo unos pequeños detalles a tu texto. Efectivamenteel retraso en reconocer y actuar contra la crisis pudo ser el detonante, pero la dinámica pòlítica y social que se instauró muchos años antes no tenía otro final que el estallido de una burbuja financiera que en España se hizo trágica en el caso de la construcción, pero que en realidad afectaba a muchos más ámbitos de nuestro espectro productivo. Muchos sabían cual iba a ser el trágico final, pero no pensaron en los demás, sólo en sí mismos.
    naturalmente que la acción política debe estar cimentada en la práctica y la experiencia en cada uno de los campos, pero a su vez debe estar inspirada en un riguroso compromiso ético con esa realidad que mencionas, que en difinitiva no es más que la sociedad. Todos nos debemos a ella pero un político, o determinados financieros más. El voto debe ser el resultado, nunca el fín en sí mismo.
    El compromiso de cada uno con los demás y elegir el camino del bien común es lo único que puede generar confianza. Si no es así la confianza, nunca será correspondida
    Quizás esa confianza se buscó sin duda, pero muchos sabían que iban a traicionarla.
    Un abrazo
    Juan

  2. Santiago Casado jun 14, 2013 —

    Querido Javier,
    Comparto tus reflexiones y solo quiero hacer unos comentarios referente a la formación, confianza y credibilidad de nuestros líderes políticos, más que de los financieros, máximos responsables de nuestra ya larga crisis, destacando entre ellos fundamentalmente los que siendo políticos se han creído financieros.
    Y voy a enfatizar en el liderazgo de la clase política mas que en la otra por el privilegio de “inmune” que esta clase se ha autoasignado y que mientras siga vigente a muchos de nosotros nos va a costar trabajo ganarnos su confianza y menos aun, su credibilidad.
    La formación y experiencia del líder político actual debería estar basada en resultados exitosos contrastados en su rodar profesional y no solo político, con skills adaptados a nuestro tiempos (no conozco ningún líder/directivo de una mediana y gran empresa privada en España que no hable al menos dos idiomas), y tan importante como lo anterior con valores éticos y morales. Así se podrá escuchar, entender y atender a las necesidades de la toda la ciudadanía. Así se podrá servir y no servirse. Así se generará confianza. Así se anticiparan las crisis con seguro menores impactos en la sociedad.
    Tu énfasis en la educaron de la ciudadanía es vital para nuestra sociedad y la necesidad de un pacto de estado en esta sentido es en mi entender prioritario. Los vaivenes que mencionas son una gran lacra democrática.
    Un abrazo
    Santiago

  3. ramon jun 17, 2013 —

    Estoy de acuerdo en como describes las capacidades y actuaciones de un autentico líder: comprensión del entorno, capacidad analítica, formación continuada, generador de confianza. Posiblemente se podrían agregar algunas más, como fidelidad a sus principios, honradez, valentía, y seguro que si sigo pensando, se me ocurriría algunas otras más. Intento buscar en el entorno político actual, y no encuentro a nadie.

    Yo creo que la crisis en la que estamos inmersos, todos hemos sido responsables en mayor o menos medida. Pero, ojo, podría haber sido mucho menor si los líderes políticos de turno hubieran interactuado a tiempo, para evitar el crack. La crisis no se generó de la noche a la mañana. Antes de la negación, del presidente del gobierno anterior, hubo otras muchas más declaraciones de otros “lideres” políticos y financieros que, de la misma forma, negaban con rotundidad la existencia de la burbuja inmobiliaria. Claramente nos les interesaba. Tenían que negar la evidencia en defensa de sus propios intereses.

    Conclusión final: con la explosión de la burbuja inmobiliaria comienza la crisis económica y se airea toda la basura oculta en nuestro sistema democrático: corrupción, nepotismo, negación de la evidencia, despilfarro, etc., con independencia de la pertenencia de los dirigentes a un partido político o a otro.

    La ciudadanía, al margen de asumir el coste (recortes) impuesto por la UE, ha descubierto la incapacidad de sus líderes para afrontar la situación y los desmesurados gastos estructurales del Estado. La situación no es muy halagüeña: déficit brutal, líderes ineficaces, economía especulativa, cifras de paro nunca conocidas, jóvenes titulados expatriados, huidas de capitales a otros países más seguros, desmantelamiento del tejido industrial, etc. España, pierde el tren de los países avanzados y se convierte en un pais de ancianos y lugar de vacaciones para los demás ciudadanos de la UE.

    Ante tal situación, ¿Qué es lo que nosotros podemos hacer? ¿Cómo podemos interactuar para que el sistema cambie y se adapte a las necesidades actuales de la sociedad? ¿Cómo podemos hacer que los líderes se ocupen de los ciudadanos y no de sus intereses de partido o de otra índole?

    Solo con el voto lo veo muy difícil.

    Cuando lleguemos al final del túnel espero, primero que podamos verlo y segundo, tener motivos para celebrarlo.

    Un abrazo
    Ramon

  4. Luis Echevarria jun 18, 2013 —

    Me parece Javier que tu comentario sobre liderazgo es muy acertado y yo te voy a dar mi opinión sobre las diferentes clase de líderes que hemos soportado(y seguimos en gran parte soportando)durante este largo proceso de crisis que nos rodea.En primer lugar hemos padecido(no solo en España)unos líderes sin formación y con pocos principios que se han visto totalmente superados por una situacion que no entendían ni sabían manejar.En segundo lugar están los listos que han proporcionado argumentos y estrategias a los ignorantes anteriores(aquí se podrían incluir pensadores políticos,escuelas de negocios,consultores estratégicos …… y muchos otros).Estos personajes han proporcionado vías de negocio a banqueros y empresarios aunque al final,muchas de estas vías,han explotado en la cara de los negocios(no en su propia cara ya que muchos de ellos todavía están en sus puestos y tratando de vendernos que ellos nos salvarán haciendo lo contrario de lo hicieron antes).Par no alargar mas mi comentario,también pienso que,esa información/formación tan necesaria,no ha fluido con libertad en la Sociedad,y quizás sea por intereses oscuros que se nos escapan cada día mas(a pesar de que tenemos más datos cada día).Saludos

  5. Santi Rueda jun 20, 2013 —

    Cuatro pilares que me han hecho pensar, y mucho. Creo que sólo tendremos buenos líderes políticos, si tenemos presentes estos cuatro pilares en el día a día.
    Cada uno en su medida, y en su ámbito. Si la sociedad es mejor, más formada, con unos principios (universalmente reconocidos) bien asentados, los buenos políticos vendrán solos. Serán consecuencia de.

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