¿Acaso no lo sabemos todo?

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Como dice José María Martín Patino en su reciente aportación a este blog, las cosas no son tan simples como nos quieren hacer creer. Nos enfrentamos a problemas muy serios, pero todo el mundo parece saber cómo resolverlos. Y los medios de comunicación no hacen nada para evitar que se propague esta idea equivocada.

Desde hace unos años, con la proliferación de los portales de Internet, los medios han puesto de moda la realización de encuestas abiertas, a las que todo el mundo puede contestar, eligiendo casi siempre entre tres alternativas: Sí, no y no sé. No voy a discutir aquí el hecho evidente de que las preguntas de esas encuestas suelen estar mal planteadas, lo que daría tema para otro artículo. Voy a fijarme solo en los resultados. Quien se moleste en seguirlos, notará que la contestación no sé rara vez pasa del 3%. Aunque algunas de las preguntas tienen miga y tratan de responder a problemas acuciantes de la actualidad, todo el mundo tiene perfectamente claro cómo se deben resolver.

Usualmente, solo los científicos (los que se supone que saben más) suelen contestar no sé a las preguntas que les hacen en los medios. Y a veces esa respuesta levanta las iras de otros, que seguramente saben menos que ellos. El 14 de enero de 2010, La Vanguardia entrevistó a Michael Griffin, director de la NASA de 2005 a 2009. La entrevistadora intentó hacerle dar su opinión sobre una serie de puntos:

  • ¿Hay vida en Marte?

Conozco personas que piensan que sí, pero no sé si es o no correcto.

  • ¿Hay vida fuera de la Tierra?

No sé, yo no tengo respuesta. Prefiero esperar.

  • ¿Cuál es el futuro de la exploración espacial?

No sé, aunque espero que se construya una base en la luna y se envíe una misión tripulada a Marte.

  • ¿Qué piensa del programa SETI, la búsqueda de vida extraterrestre inteligente?

No sé qué decir.

  • ¿Y el calentamiento climático?

No sabemos lo suficiente para que yo me posicione.

Al día siguiente, el mismo periódico publicó una carta de un lector que tildaba a Griffin de escurridizo, porque no quería dar su opinión. Ni por un momento se le ocurrió al lector que es posible no tener opinión sobre una cuestión concreta. Que es posible no saber. Pero claro, la corrección política dominante, ese nuevo dogmatismo, no nos permite mantener la mente abierta, no nos deja decir no sé. Es obligatorio repetir los mantras del pensamiento único, so pena de que nos consideren antisociales y nos critiquen sin misericordia.

Manuel Alfonseca
Universidad Autónoma de Madrid

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