Procés: un pulso desigual

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Me siento impotente y triste. Noto un enojo enorme, rabia, en una palabra. La causa de tanta desazón es la desigualdad que observo en el pulso entre la Generalitat de Catalunya y el Gobierno de España.

La desigualdad a la que me refiero está pasando desapercibida entre los analistas y líderes de opinión. No es la desigualdad que lleva consigo un pulso entre el todo y una de sus partes. Ni la que se aprecia al comparar la envergadura de ambos, se mida como se mida, por PIB, kilómetros cuadrados o número de habitantes. Ni siquiera la desigualdad en la calidad de los argumentos en torno a la democracia, a su ideal y su praxis, que exhiben unos y otros. Nada de todo esto es lo que me desconsuela. La desigualdad que me entristece es muy otra.

La independencia es la promesa de un orden nuevo. Los políticos catalanes “del procés” han creado y vendido con éxito un producto imbatible, para tener a sus pies una ciudadanía anestesiada por lo novedoso: no hay nada más atractivo y apetitoso como una “novedad”, algo que nos permita dejar de lado las cansinas dificultades de temas ya conocidos y todavía sin resolver.

Frente a esta oferta, nada tienen que hacer –esta es la desigualdad que me hiere y entristece– los que proponen evolucionar nuestro orden constitucional, mejorar nuestras instituciones, profundizar nuestros objetivos, pulir nuestros mecanismos por resolver y progresar… Esto no motiva, no despierta pasiones ni alegrías. Esto lo único que hace es mostrarnos lo imperfectos que somos, cuán lejos quedan los objetivos que nos proponemos, lo escasamente imaginativos y resolutivos que somos, a pesar de lo que aparentamos o predicamos.

Más vale el arramblar con todo, empezar desde cero, como si fuéramos inocentes infantes, no vaya a ser que nos veamos frente al espejo como adultos con arrugas y cicatrices, con las dudas y temores de quienes se saben con más errores que aciertos en sus haberes.

Este es el origen de mis sentimientos: ver como vencedora, en este desigual combate, a la mediocridad infantil teñida con aires de superioridad; verte vencida, en resumidas cuentas, por la insignificancia o mezquindad de quien se cree el guapo de la clase, que todo lo puede y hace callar al resto por sus apariencias de fortaleza al contar con un producto efímero pero resultón.

Paz de Torres.

Abogada. Experta en Relaciones Internacionales.

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2 Responses

  1. María Jose de Torres sep 20, 2017 —

    Me ha encantado. Muy equilibrado, realista y motivador.

  2. TimmyDup sep 22, 2017 —

    Hi HI

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