El ejemplo alemán

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Un editorial de El País del viernes 26 de noviembre de 2021 se titula El ejemplo alemán.

En nuestra opinión, el espejo alemán nos devuelve una imagen diferente de la que se supone pretendía el editorialista. Lo que se nos ofrece como “ejemplo”, para nosotros son serios motivos de preocupación. Pues la comparación entre la agenda progresista del nuevo gobierno de coalición alemán y la del gobierno de coalición de España sirve para resaltar la deriva o desvío de nuestro gobierno respecto del rumbo marcado en 1978, que no es otro que el de permanecer unidos y, por tanto, el de permanecer en primera división como una de las naciones más prósperas del mundo. Veamos:

  1. Mientras el programa del gobierno que lidera el socialdemócrata Olaf Scholz «es el fruto de un proceso negociador de concesiones mutuas extraordinarias motivadas por una visión compartida sobre la necesidad de cerrar una etapa en la historia de Alemania y modernizar el país», los Presupuesto Generales del Estado elaborados por el gobierno encabezado por el ‘socialdemócrata’ Pedro Sánchez no responden a ‘visión compartida’ alguna (al menos, que se conozca) sobre un nuevo modelo de España.
  2. Mientras la «aspiración a un proyecto más integrador figura entre las máximas prioridades del acuerdo [alemán] (…) donde, significativamente, la palabra ‘Europa’ aparece citada en 254 ocasiones, muchas más que ‘Alemania’», en nuestro caso la palabra ‘España’ brilla por su ausencia y las palabras ‘Cataluña’ y ‘País Vasco’ están implícita y ampliamente presentes.

El programa del gobierno de coalición de Scholz ni cuestiona ni deteriora la unidad de la república alemana; nuestros PGE se han aprobado al precio de descoser un poco más las costuras del ordenamiento constitucional vigente.

De nada servirá mañana echar mano del refranero español («De aquellos polvos vienen estos lodos»), cuyo significado, según el Centro Virtual Cervantes, no es otro que este [léase hasta el final]: «La mayor parte de los males que se padecen son la consecuencia de descuidos, errores o desórdenes previos, e incluso de hechos aparentemente poco importantes».

Esto es lo sustancial; lo circunstancial es que El ejemplo alemán sea una muestra más de la asociación simbiótica que mantienen este medio de comunicación y el PSOE de Pedro Sánchez, una vida en común de la que sacan provecho ambas partes.

Atentamente,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net & https://comoelagua.net/

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Corresponsables

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En Ecologismo y guerras culturales, Fernando Vallespín sostiene lo siguiente: “Lo característico de la cuestión ecológica es que aquí todos somos corresponsables, desde la cima del poder hasta el último ciudadano (sic), cuyos hábitos de consumo pueden provocar efectos indeseados”.

En nuestra opinión, al ciudadano que arroja neumáticos al mar o botellas de plástico a la cuneta se le puede llamar incívico e insolidario y se le debe sancionar de acuerdo a derecho. Pero de ahí a señalarle como causante del cambio climático en pie de igualdad con los poderes económicos (“todos somos corresponsables”), hay un largo trecho que los analistas de hoy no tienen empacho en recorrer, llevados en volandas por los últimos y aterradores informes de los expertos del IPCC. Lo que no deja de ser una deriva de tintes populistas.

Según afirman los expertos, los procesos naturales (ciclos de Milutin Milanković, etcétera) no influyen en la actual crisis ecológica de la Tierra, cuya edad se estima cercana a los 4530 millones de años. La crisis está exclusivamente ocasionada, según estos mismos expertos, por la actividad incontrolada del hombre desde los comienzos de la revolución industrial, hace unos 260 años. Es la actividad humana la única responsable. Aceptado: en tan solo el 0,000006 % de los años de la vida del planeta nos lo hemos cargado. Aceptado. Somos los reyes de la creación y sus asesinos. Aceptado. Parafraseando a Pep Guardiola, somos los putos amos del Universo. Volvemos a situarnos en el centro del mundo. Aceptado. Todo lo que ocurre es fruto de nuestras decisiones. Vale.

Pero de ahí a fomentar la mala conciencia de los habitantes del planeta, en tanto que individuos, hay un paso que, por más que tentador, creemos no debe darse. Porque son los poderes económicos de nuestro tiempo (industrial) los causantes del desastre que nos envuelve. En nuestra opinión, haber adquirido hace unos años un vehículo diésel, el más ecológico del mercado, según las autoridades del momento, no nos convierte en copartícipes del actual desaguisado en la misma medida que lo son la industria automovilística y los correspondientes organismos reguladores. Y esto es solo un ejemplo de lo que queremos decir. Basta ya de atenazar, amedrentar, culpabilizar a los individuos, en lugar de poner el principal foco en los poderes económicos. Basta ya. Hablar de corresponsabilidad cuando el peso de unos y otros es tan desigual nos parece un dislate, algo fuera de toda razón.

Y por si este desproporcionado reparto de papeles no fuera poco, en la mencionada columna, su autor insinúa una ecuación que está igualmente de moda: las izquierdas son ecologistas impecables, mientras que las derechas, incluso en contra de sus propios intereses, resultan ser negacionistas implacables. Una moda que, dicho sea de paso, ha crecido sobre una realidad objetiva, a diferencia de otras de parecido tenor (la supuesta superioridad moral de las izquierdas, por ejemplo) sustentadas sobre creencias que no sobre hechos. En cualquier caso, Fernando Vallespín introduce este matiz después de haber enfatizado lo obvio: que el cambio climático no es una cuestión de derechas o de izquierdas. Evidentemente, no es una cuestión de parte, pero igual de evidente resulta el diferente papel que tienen la cima del poder y el ciudadano.

Por último, el hecho de aceptar que el origen de nuestros males nos pertenece solo a nosotros tiene, eso sí, una gran ventaja. Pues así evitamos enfrentarnos a un problema mucho más grave, el que supondría admitir que la actual crisis tiene ciertos desencadenantes exógenos, es decir, fuera de nuestro control, lo que resultaría aterrador. Como cuando en las narraciones de ciencia ficción el presidente de los EE. UU. anuncia al mundo que un asteroide de dimensiones kilométricas se dirige hacia nosotros. Un asteroide que vendría a ser primo hermano del que acabó con los dinosaurios hace unos 70 millones de años, es decir, antes de ayer en el calendario geológico. Que no estemos en un escenario de este tipo supone, sin duda, un gran consuelo, argumento que los negacionistas suelen omitir con esmero.

Este es, en fin, nuestro alegato en favor de una doble corresponsabilidad matizada: corporaciones—individuos y actividad humana—causas naturales.

Atentamente,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net & https://comoelagua.net/

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Ojalá la mesa

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Primero fue la concesión de nueve indultos a sendos condenados en el juicio del procés (causa especial 20907/2017) y, después, la reactivación de la así llamada mesa de diálogo. La prelación con que lo primero se ha diligenciado respecto de lo segundo es síntoma inequívoco de que los indultos no eran objeto de diálogo. Ello supone un planteamiento asimétrico, ventajista o perdedor o como quiera que se prefiera adjetivar esta forma de proceder. Todo depende del punto de vista que se adopte.

De la concesión de los indultos (reversible si el indultado vuelve a delinquir) nos ocupamos en Ojalá los indultos, la anterior entrada de este blog. En lo que sigue ofrecemos nuestra opinión sobre estos tres aspectos de la mesa de diálogo:

  1. ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de «conflicto catalán»?
  2. Dialogar / negociar es siempre un medio; en este caso, ¿para alcanzar qué fin?
  3. Escueto balance de los talentos a ambos lados de la mesa de diálogo

 

1. «Conflicto catalán»

A nuestro juicio, el así llamado conflicto catalán es, por encima de cualquier otra interpretación, un conflicto entre:

  • Los españoles (catalanes incluidos, claro) que, por defender sus derechos como ciudadanos españoles, se oponen a la independencia de Cataluña, y
  • Los españoles (catalanes incluidos, claro) que, por no importarles descender aún más en el ranking internacional (entre los 190 países analizados por el FMI, hemos pasado del puesto 8º al 14º en términos de PIB), son partidarios de la independencia.

Porque esto no va de un conflicto entre catalanes independentistas y catalanes que no lo son. No es (solo) un problema catalán, no; es un problema español por la situación en Cataluña. Pues esto va de los derechos y obligaciones de los titulares de la soberanía popular, esa categoría que una parte de la intelectualidad de nuestros días se afana en diluir.

Las interpretaciones al uso que circulan sobre el así llamado conflicto catalán (enfrentamiento entre las dos mitades de la sociedad catalana; entre la izquierda oficialista y la derecha opositora, etcétera) eluden, omiten o ignoran el fondo de la cuestión tal como nosotros lo entendemos: se trata del conflicto entre quienes defienden el estatuto de derechos legítimamente adquiridos por los ciudadanos españoles (catalanes o no) y los que (asimismo ciudadanos españoles, catalanes o no) defienden la legítima aspiración a la independencia en detrimento de dicho estatuto ciudadano. De esto es de lo que va el «conflicto catalán».

 

2. Medios y fines

Cuando el debate político se ciñe a los recursos que deben emplearse para alcanzar tales o cuales fines, pero estos desaparecen del debate; cuando el acento se pone en los medios (es tiempo para el diálogo y el acercamiento, no para la confrontación) pero el objetivo o meta no forma parte del mensaje, entonces, el discurso político es inane o huero e, incluso, engañoso. Nadie en su sano juicio puede negar la necesidad de dialogar, como tampoco nadie en su sano juicio acepta entablar una negociación sin saber sobre qué.

Hay diálogos que conducen al encuentro, porque arrancan de posturas que, aun diferentes o incluso alejadas y hasta opuestas, son compatibles. Y hay diálogos que, por el contrario, desembocan en un cul de sac. Que es lo que sucede cuando una de las dos partes (A) persigue que la otra parte (B) cambie su esencia (es decir, se convierta en un sujeto político diferente del que es): salvo que A cambie su objetivo o B acepte dejar de ser lo que es, tarde o temprano se llega al final de un callejón sin salida. O dicho en otros términos: “no puedo convencer a nadie de que es racional que se deje matar en mi favor”, como concluye (si bien en otro contexto) Santiago Alba Rico, en su excelente La barca de Descartes . Definitivamente, mientras Sánchez sostenga que “nunca jamás” habrá referéndum y Aragonès mantenga la independencia como meta, el diálogo será un diálogo de besugos o un diàleg de sords, según sea el lado de la mesa en que se siente el negociador.

 

3. Escueto balance de talentos

Los líderes del proceso soberanista catalán han demostrado mejores dotes para la propaganda (dentro y, sobre todo, fuera de España) que la capacidad demostrada por quienes encabezan la oposición a la independencia de Cataluña. Por ejemplo, el Ministerio de Asuntos Exteriores actúa como un elefante frente a la agilidad, ingenio y medios empleados por los independentistas: al story telling de estos, el Ministerio no está sabiendo contraponer una estrategia, sólida y sostenida, de fact checking, distinción empleada por Juan Claudio de Ramón, agudo analista donde los haya.

Pues bien, los líderes independentistas no solo están demostrando tener más oficio para la propaganda que sus oponentes; también, muestran —por la vía de los hechos— mejor preparación para la negociación o, al menos, todo está aconteciendo como si así fuera. Ahora bien, sucede que negociar es una actividad para la que cualquiera se siente preparado. Pero negociar es técnica y es arte. Para negociar eficazmente se requiere estudio, preparación, dotes naturales y cuanta más práctica, mejor; no basta con atreverse sin más, por mor de lo coloquial, familiar y aparentemente trivial que pueda resultar la propia palabra ‘negociar’.

Nos preguntamos cuánto talento y cuánta experiencia acumulada se congregan en cada uno de los dos lados de la mesa de diálogo prevista para mediados de septiembre. A juzgar por los pasos que se han dado hasta ahora (la preparación es tan determinante como el proceso de negociación propiamente dicho), todo parece indicar que las fuerzas no están equilibradas: en el bando de los condenados, hoy indultados, hay mucho más talento que en el de los que dicen negarse en rotundo al referéndum catalán de autodeterminación. Ojalá la mesa sirva para algo más que para aguantar el tipo durante los dos años que, unos y otros, necesitan.

Atentamente,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net & https://comoelagua.net/

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Ojalá los indultos

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Sí, ojalá se den cuanto antes las circunstancias para que puedan ser indultados los condenados por el procés. Porque, sin duda, esta medida de gracia significaría un paso determinante hacia la solución del problema. He aquí una serie de consideraciones sobre este particular.

El proceso soberanista catalán, como origen y marco de los anunciados indultos, no es un asunto que concierna a la sociedad catalana en tanto que española (destinataria, por ejemplo, del editorial de hoy, domingo 30 de mayo de 2021 de El País) sino a la sociedad española (la catalana incluida) en tanto que demos titular de la soberanía  popular.

Contraponer «Cataluña» con «España» es una forma, sutil pero torpe, de predeterminar la solución del problema. Pues «la sociedad catalana» y la «sociedad española» no son dos categorías equiparables por cuanto la segunda contiene a la primera.

Por otra parte, la argumentación política (porque, en efecto, es el momento de la política) de la que vienen dando cuenta los medios de comunicación («la venganza no es un valor constitucional», «hay un tiempo para el castigo y un tiempo para la concordia”, etcétera) se fundamenta en valores inestimables pero ajenos a la idea y la práctica de un Estado de derecho.

Las vías de solución no deben articularse en forma de procrastinación. Esto no es política decente, a menos que la propuesta que se esté ofreciendo se anuncie abiertamente como tal, es decir, como patada hacia adelante.

Si hay algo incompatible con la política es el embuste. Y mentir es, también, no anticipar las propuestas para cuando la situación que hoy nos tortura vuelva a darse. Porque los beneficiarios de las medidas de gracia —que no se han distinguido por su lealtad institucional— demuestran tener la férrea voluntad de ser leales consigo mismos.

Con independencia de si el arrepentimiento es o no es un requisito legal para la concesión del indulto, lo que verdaderamente importa es la respuesta a esta pregunta: ¿Cuál es la propuesta para hacer frente al problema que la actual “solución” va a producir? La concesión del indulto debería llevar incorporada una respuesta a esta pregunta.

Según las últimas noticias, las cauciones que a este respecto se propone tomar el Gobierno son de este tenor: «La medida de gracia será limitada y reversible: se anulará si los presos vuelven a violar la ley». Ojalá no se trate de una estrategia de procrastinación y, en verdad, los indultos —si así se concedieran— ayuden a la solución del problema. La falta de credibilidad que inspira el ejecutivo nos dificulta sentirnos optimistas.

Atentamente,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

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Democracia, monarquía y periodismo (2)

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Una plataforma de medios independientes compuesta por 16 cabeceras promovió la realización de una encuesta sobre la monarquía española. El trabajo fue llevado a cabo en octubre de 2020 por 40dB, agencia de investigación fundada por Belén Barreiro, expresidenta del CIS (2008 – 2010). Los resultados de la encuesta dieron lugar a un debate organizado por diario Público, uno de los 16 medios impulsores de la mencionada iniciativa. El moderador de este debate, Víctor Sampedro, nos invitó a participar ya que, en su criterio,  nuestra asociación (Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas) “tiene mucho que aportar y nos ayudaría a rehuir el sectarismo y el doctrinarismo”.

La democracia, casa común de monarquía y periodismo fue el título elegido para nuestra contribución que, en forma de artículo, se publicó el pasado 23 de marzo. Este es el resumen de lo entonces escrito:

  • La confianza que los ciudadanos dicen tener hoy en la monarquía y el periodismo es poca o muy poca.
  • Aumentar la confianza en una y en otro ya no depende solo de los datos que suelen publicitarse en los portales de transparencia al uso: además de justificar que cumplimos hemos de demostrar que mejoramos.
  • La ciudadanía ya no vincula el futuro de la monarquía al connatural mecanismo hereditario sino al funcionamiento moderno de la organización que la sustenta.
  • La ciudadanía espera del periodismo español que,
    • como estructura de contrapoder, denuncie no solo comportamientos irregulares de los miembros de la familia real, sino también el modo anacrónico con que la institución interpreta y practica la transparencia y la rendición de cuentas
    • como estructura de mediación, se distinga por hacer pedagogía del populismo, ideología que mantiene a la monarquía en el centro de sus preocupaciones.

En lo que sigue ofrecemos una adenda a este artículo. La hemos escrito a partir del medio centenar de valoraciones recibidas por correo electrónico, de desigual extensión y signo.

La presente adenda está dedicada a:

  1. Situar las medidas de mejora institucional permanente en el lado poco sexi de la gestión de lo común, lejos de la atmósfera glamurosa que se respira en la alta política.
  2. Recordar que la confianza no es la única fuerza que explica la atracción entre personas e instituciones. Existe una segunda fuerza fundamental de la naturaleza humana que, al igual que la confianza, nos aglutina o nos desvincula según esté o no presente.
  3. Advertir que la recuperación de la confianza mediante la mejora institucional permanente no es un asunto simple; requiere una mirada larga e íntima, a largo plazo y esencial.
  4. Subrayar la necesidad de comprender el populismo, tarea en la que los medios de comunicación deberían desempeñar un papel destacado.
  1. En el lado poco sexi de lo común

 La confianza se basa en el conocimiento que se adquiere sobre el comportamiento del otro. Yo me fío de ti porque sé de tu trayectoria pasada, porque sé de tu situación actual y porque me das a conocer regularmente no sólo lo que te propones hacer, sino también y, sobre todo, porque me dices en qué medida te comprometes en adelante a mejorar permanentemente tu comportamiento y revitalizar periódicamente tus valores. Confiar es conocer (de dónde vienes y a dónde vas). Conocer es confiar (porque sé de ti).

En la práctica, esto se traduce en asuntos tales como la administración transparente de las cosas, accountability, rendición de cuentas, compliance y otros por el estilo, todos ellos bastante poco glamurosos. Sí, esto es así, sobre todo, en comparación con esta otra fuerza fundamental de la naturaleza humana a la que nos referimos seguidamente.

  1. Una segunda fuerza mucho más emotiva, menos racional

 Yo puedo confiar en ti, pero puedo no sentirme atraído o seducido por ti. Para adherirnos al otro, nos ha de gustar o entusiasmar. Confianza y emoción son dos impulsos relacionados entre sí, pero que conviene no mezclar. Igual que no debe confundirse (permítasenos la metáfora) la gravedad de Newton con el electromagnetismo de Maxwell, dos de las cuatro fuerzas fundamentales de la Naturaleza.

Entre las fuerzas fundamentales de la naturaleza … humana, cabe distinguir, por una parte, la confianza, que, como veíamos, es como la fuerza que aglutina y se apoya en el conocimiento. Y, por otra parte, la emoción, que es la que nos transporta, atrae y atrapa o, en caso de no darse, nos deja indiferentes. Son fuerzas distintas, si bien relacionadas entre sí: yo puedo sentirme atraído, por ejemplo, por un determinado partido político o una persona, y, sin embargo, desconfiar de ellos.

Esta distinción también arroja luz sobre muy otras cuestiones. Así, la diferencia entre confiar y sentirse atraído puede utilizarse para comprender estos dos ámbitos de la gestión de la cosa pública: la esfera política, donde se dirime qué proponer y no tanto cómo llevarlo a la práctica, y la esfera de la administración, donde, por el contrario, el cómo (hacer las cosas) le gana la partida al qué (cosas a hacer).

Sucede que quienes habitan en el mundo de la alta política se refieren al otro como un lugar burocrático y un tanto aburrido, olvidando quizás que la «dimensión prosaica de la democracia [su infraestructura burocrática] es fundamental y en ella se decide la calidad de nuestra democracia»[i].

Que la mejora institucional permanente sea aburrida y burocrática no evita su condición de imprescindible, por cuanto necesaria hoy para recuperar la credibilidad perdida. Porque hay ciertas verdades que no se pueden infringir impunemente. En cierto modo, cabe aplicar a nuestra argumentación una de esas verdades destacadas por Manuel Azaña en su discurso de reconciliación del 18 de julio de 1938, a saber:  «no puede fiarse nada a la indisciplina ni al arbitrio personal, ni confiarse nada a la improvisación (…) cuando la improvisación se confunde con el arbitrismo, se cosechan tonterías, novatadas y fracasos».

Posiblemente, establecer una estrategia —ni arbitraria ni improvisada— para incorporar la cultura y la práctica de la mejora institucional permanente en la organización que sustenta la institución monárquica resulte una tarea mucho menos atractiva que la de debatir sobre los problemas que tiene la monarquía en diferentes planos: en el generacional (apenas es reconocida por las nuevas generaciones); en el ideológico (está fuertemente vinculada a las derechas) y en el territorial: Cataluña y Euskadi son comunidades mayormente republicanas. Lo primero puede ser menos apasionante que lo segundo si así se juzga, mas en modo alguno se trata de un reto menor. Veamos.

  1. La mirada larga e íntima del monarca

Sostenemos que la aplicación de los métodos y protocolos de mejora institucional permanente en el seno de una organización humana —y Zarzuela no puede entenderse como una excepción—resultaría una quimera sin antes haber imaginado y preparado algo de mucho más hondo calado.

Coherencia es la palabra que hilvana nuestro argumento: coherencia entre los sistemas que operan en una organización y los valores compartidos por sus miembros; coherencia entre estos valores compartidos y las presunciones básicas que constituyen el núcleo cultural de la organización[ii] y, también, coherencia entre este conjunto de creencias profundas y la razón de ser de la institución, en este caso, de la institución monárquica: la monarquía parlamentaria como factor de integración en el tiempo y en el espacio.

Pues bien, pretender modernizar los sistemas de dirección existentes (con métodos y protocolos de mejora institucional permanente) en una organización humana sin actuar previa, delicada y concienzudamente sobre los niveles (valores compartidos y presunciones básicas) que animan su visión y misión no es una buena idea: equivaldría a empezar la casa por el tejado.

No parece la vía legislativa (una eventual ley de la Corona) el camino más adecuado para llevar a la práctica una estrategia de esta índole. Porque los cambios culturales no se imponen por ley, ni son posibles de hoy para mañana, ni caben ser concebidos como una operación de ingeniería organizacional. Los cambios culturales se cultivan, no se disponen.

Por eso, cuando hablamos de que el futuro de la institución monárquica pasa (no solo, pero sí ineludiblemente) por ganarse la confianza de la ciudadanía gracias a su compromiso público de mejora institucional permanente, lo que estamos imaginando es esa mirada larga y, a la vez, íntima, es decir, latiente (que no latente) en el corazón del monarca. Que ello pueda acabar dándose o no, es algo que no sabemos; que se intentó (sin éxito) por vez primera a mediados de 1990, sí.

  1. Populismo y responsabilidad de los medios de comunicación

Hemos de comprender el populismo. «El liberalismo —nos advierte Daniel Innerarity—no está acertando a comprender a qué tipo de demandas responde el populismo y se consuela pensando que la extravagancia de alguna de sus peticiones o la incompetencia de ciertos de sus líderes le permite descalificarlo en su conjunto». Esta deriva numantina no es, en modo alguno, inteligente.

Debemos comprender el populismo porque, siendo «la ideología ascendente del siglo XXI»[iii], la monarquía ocupa un lugar central en sus metas, sean estas la independencia (nacionalpopulismos), la república (populismo de izquierdas) o el mantenimiento del statu quo (populismo de derechas).

Debemos comprender el populismo para poder imaginar alternativas que permitan ensanchar el escaso —por no decir nulo— fundamento institucional de su pensamiento. Y sin pensamiento institucional[iv] no hay posibilidad de embarcarse en la empresa que supone desarrollar la mejora permanente como seña de identidad de nuestro país, empresa cuyo liderazgo bien podría asumir nuestra monarquía.

Por esto y para esto debemos, sí, comprender el populismo. Y los medios de comunicación, como estructura de mediación, es decir, en su función de formar la opinión de una ciudadanía ilustrada, han de desempeñar un papel protagonista en ello. Y, así, dejar atrás su condición de cooperadores necesarios del actual deterioro de la monarquía, al no haber sabido, querido o podido ejercer su papel como estructura de contrapoder.

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Hasta aquí la adenda a un artículo del que nuestros lectores destacaron, entre otras cosas, estos dos rasgos: la amplia diversidad de temas tratados y el escaso desarrollo de algunos de ellos sobre los que les habría interesado profundizar.

El papel de las redes sociales como factor de desintermediación comunicativa y, también, como ¿creadoras o catalizadoras? de los populismos de uno y otro signo; los elementos constitutivos del pensamiento sistémico o la importancia de los liderazgos son algunos de los asuntos que siguen quedándose en nuestro tintero. Y que esperamos poder abordar en sucesivas entradas.

De momento, deseamos que esta adenda merezca el mismo interés por parte de nuestros seguidores que el artículo original.

Atentamente,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net & https://comoelagua.net/

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

 

[i] Daniel Innerarity, Una teoría de la democracia compleja (Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2020), 183.

[ii] Edgar H. Schein, Organizational culture and leadership (San Francisco: Jossey-Bass Inc., 1985), 13-21.

[iii] Pierre Rosanvallon, El siglo del populismo (Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2020), 18.

[iv] Hugh Heclo. Pensar institucionalmente. (Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, 2010).

Populismos

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Pierre Rosanvallon (73) es profesor de historia moderna en el Colegio de Francia y director de estudios en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (EHESS). En enero del año pasado, Éditions du Seuil publicó su libro, «Le siècle du populisme»; apenas ocho meses después, apareció traducido al español por Irene Agoff, en Galaxia Gutenberg.

El 11 de febrero de 2021, Antonio R. Rubio Plo, profesor de Historia del pensamiento político y social contemporáneos y de Relaciones Internacionales, publicó en Revista de Libros una reseña de la obra de Rosanvallon bajo el título «El siglo del populismo. Crítica de la emoción populista». De esta reseña destacamos a continuación diez pasajes [las negritas son nuestras]. Como colofón a esta decena de citas, formulamos las preguntas que esta recopilación nos suscitó.

  1. «Según Rosanvallon, el gran teórico del populismo actual es el argentino Ernesto Laclau (1935-2014), secundado por su compañera Chantal Mouffe. Laclau dejó siempre muy claro que el populismo no es una ninguna ideología sino un modo de construcción de lo político, una forma de movilización de “los de abajo”. El populismo pretende abarcar el conjunto de las demandas sociales, aunque necesita además de un factor aglutinante: la búsqueda de un enemigo común, un “ellos” frente a un “nosotros”».
  1. «La acusación siempre es la misma: los de arriba se caracterizan por su distanciamiento, desprecio o falta de empatía hacia los de abajo. En consecuencia, el populismo les hace objeto de una completa descalificación moral».
  1. Entre los rasgos distintivos del populismo, Rasanvallon enumera:
  • «El culto al referéndum»
  • «Las críticas al poder judicial»
  • «La ascensión (…) del líder que se considera a sí mismo un pueblo»
  • «El rechazo del librecambismo y la globalización»
  1. «Se podría sintetizar el concepto de populismo afirmando que es un régimen de pasiones y emociones».
  1. «Todos ellos [Jorge Eliecer Gaitán, Juan Domingo Perón, Kirchner, Chávez, Maduro o Correa entre otros populistas latinoamericanos] cuestionan la democracia representativa, a la que consideran minimalista, y aspiran a perpetuarse en el poder…»
  1. «La crítica del populismo ocupa la tercera parte de la obra, en la que el autor va rebatiendo los múltiples dogmas de esta ideología. Para empezar, la pretensión de que el referéndum equivale a la perfecta democracia».
  1. «Según Rosanvallon, el populismo es la manifestación de una democracia polarizada cuyo único horizonte es la búsqueda de la unanimidad, el asentimiento de las bases, camino hacia un voto asambleario. La democracia podría ir desapareciendo gradualmente a no ser que el tribunal constitucional y las instituciones independientes consigan revertir la situación».
  1. «El nuevo régimen habla de una refundación de la democracia y llegado el caso, impulsará una asamblea constituyente».
  1. «… los opositores políticos [de los populistas] son acusados de inmorales (…) porque presentan resistencia a los gobernantes que supuestamente encarnan la autenticidad y la virtud del pueblo».

Antonio Rubio concluye su reseña con el siguiente párrafo:

10. «El siglo del populismo subraya la idea de que la democracia es una suma de modalidades imperfectas y un sistema experimental. El populismo no ha surgido de modo automático, sino que, en muchos casos, ha sido una reacción contra una clase política encerrada en sí misma. Frente a las soluciones extraordinarias y “milagrosas” del populismo, la democracia representativa tiene que ser más activa y participativa. Pierre Rosanvallon da al respecto una certera definición de la democracia: “es el régimen que no se cansa de preguntarse por él mismo”. Por tanto, el conformismo, en que viven instalados muchos partidos tradicionales, supone un riesgo para la democracia».

La décima cita supone una seria advertencia que hacemos nuestra sin reservas de ningún tipo. Porque todo lo aquí resumido (nuestra particular selección de la excelente reseña del profesor Antonio Rubio) nos resulta muy familiar, muy cercano en el tiempo y en el espacio, aquí y ahora.

¿Hasta qué punto el estudio de esta obra de Rosanvallon trajo a la memoria del profesor Rubio la existencia de Podemos y la figura de su líder, Pablo Iglesias? Y mientras elaboraba su reseña, ¿no le vino a la mente este fenómeno populista de izquierdas? ¿Y qué decir del otro extremo del espectro? A nosotros, la lectura de la reseña nos ha recordado, casi línea por línea, tantos y tantos titulares de prensa de la actualidad.

Por eso, la advertencia final de Antonio Rubio nos parece muy oportuna. Deseamos que nuestros seguidores, lejos de permanecer indiferentes, se hagan estas mismas preguntas dirigidas a uno u otro extremo del espectro ideológico, pues se trata de un fenómeno «presente a derecha e izquierda». Si nos creemos que «sociedad civil» es algo más que un socorrido constructo, pongámonos en movimiento. Aprendamos a construir y defender argumentos, no para acabar con los populismos, sino para rebatir sus presupuestos en beneficio de lo común y, sobre todo, para fortalecer la democracia.

Atentamente,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

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EL PCE ante el asalto al Capitolio

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El pasado jueves 7 de enero, el Partido Comunista de España hizo público un Comunicado sobre los hechos que tuvieron lugar la víspera en Washington D. C., capital de los EE. UU., concretamente en el Capitolio, edificio donde tiene su sede el Congreso, órgano bicameral (Cámara de representantes y Senado) que es el depositario del poder legislativo de la nación.

Estos acontecimientos y el escenario en que se desarrollaron forman ya parte no solo de la historia de un país que nació demócrata, sino también de la historia de la democracia como sistema político.

La lectura de este comunicado nos produjo las reflexiones que resumimos en lo que sigue, dentro de los límites habituales de este blog.

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 Una cosa es la denuncia de los hechos, a la que solo un insensato se negaría a sumarse.

Otra cosa son los ideales o buenos deseos para seguir construyendo un mundo mejor, que animan a los autores del Comunicado y que compartimos globalmente.

Y una tercera cosa -tan diferente de las dos anteriores como estas lo son entre sí- son las presunciones básicas (culturales) que subyacen bajo la literalidad del texto y que se deducen del tono de superioridad moral utilizado, un tono propio de quienes creen no haber errado nunca.

Opinamos que este análisis de los insólitos hechos sería mucho más luminoso y certero si, en lugar de aprovechar las circunstancias para identificar al enemigo con la ultraderecha, denunciara los populismos que alimentan los extremos de uno y otro signo.

Así mismo, entendemos que poner el foco en Trump y sus seguidores violentos como origen y causa de este tipo de sucesos tiene difícil acomodo en las ciencias sociales y políticas. Como acertadamente acaba de señalar Juan Luis Cebrián: «Trump no es tanto la causa del deterioro político y moral de la sociedad que preside como su consecuencia». Si la República Federal de Alemania (desde Adenauer a Merkel) no hubiera sabido asumir el papel de la sociedad alemana como crisol del movimiento nazi, hoy estaría en la cuneta de la Historia, en lugar de liderar la UE.

En resumen, no creemos que sea el momento de hacer llamamientos de parte (partidistas) sino de invocar la unión frente al enemigo común, que no es sino el deterioro de la actividad política como reflejo del deterioro social.

En definitiva, el comunicado se estructura en torno a cuatro ejes: (1) Denunciar los hechos, (2) defender ideales, (3) identificarse con el bien para combatir el mal, dando por supuesto que este es nuestro enemigo político y, consecuentemente, (4) proponer planes partidistas. De ellos, compartimos los dos primeros, no así los dos últimos.

«En cualquier caso, estamos viviendo un momento crítico, es decir, un cambio profundo y de consecuencias importantes, un cambio de época. Es un placer y un lujo compartirlo con alguien como tú». Con estas palabras finalizamos la nota que enviamos al amigo, afín al PCE, que nos facilitó el texto del Comunicado nada más hacerse público.

Esta entrada ha sido elaborada a partir de aquella nota. Esperamos que merezca el interés de nuestros seguidores y que, como a nuestro amigo, invite a la reflexión.

Atentamente,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

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Zarzuela: pasado, presente y futuro

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Firmado por Raúl Piña y con ilustración de Jorge Arévalo, El Mundo ha publicado el artículo titulado Zarzuela, un búnker en el momento más difícil para el Rey. Su lectura (domingo 20 diciembre – 06:32) nos ha sugerido la presenta entrada.

Diversos expertos consultados por el periodista recuerdan “las medidas que tomó Felipe VI, como la normativa sobre regalos a favor de los miembros de la Familia Real o un código de conducta del personal que trabaja en La Zarzuela”. Estas medidas -añaden- «[s]e celebraron mucho, pero la sociedad demanda algo más. Hay un déficit de transparencia y comunicación. La sociedad ha evolucionado y no se tolera una desconexión con la realidad y la ciudadanía».

«La estrategia [de La Zarzuela] -interpreta Raúl Piña- es lanzar un mensaje de futuro, hacia delante y no hacia el pasado, al que prefieren dar carpetazo».

Ahora bien, si la implementación de esta estrategia va a consistir en «mostrar de manera pública el compromiso de la heredera [la princesa Leonor] y, por ende, de la institución», entonces, en nuestra opinión, la crisis de la monarquía parlamentaria como forma de Estado podría encaminarse de manera irreversible hacia su final: “Delenda est Monarchia. Si no, al tiempo”, según la proverbial expresión de Ortega y Gasset.

Porque la ciudadanía ya no vincula el futuro de la institución monárquica al connatural mecanismo hereditario sino al funcionamiento moderno de la organización que la sustenta. Por ello, si se aspira a que la percepción que la ciudadanía tenga de la institución sea de modernidad y de futuro, la solución pasa obligatoriamente, no por la heredera, sino por cómo la organización, es decir, la Casa del Rey, haga público su compromiso con los modernos mecanismos de mejora institucional permanente. Para más información, clicar aquí (5096 palabras).

Confiarlo todo a la exposición pública de la heredera es una medida insuficiente y no prioritaria en estos momentos. Para más información, ofrecemos dos enlaces a trabajos realizados sobre Una teoría de la democracia compleja. Gobernar en el siglo XXI (Galaxia Gutenberg, 2020): Reflexionar en tiempos convulsos (539 palabras) y  “Gobierno para el futuro” (pp. 17-22; 2756 palabras).

Los máximos responsables de la organización -el círculo de colaboradores más cercanos que rodea a Felipe VI- están demostrando poco interés por indagar en las nuevas fuentes de credibilidad, las que garantizan que la percepción de la institución vuelva a ser positiva. Poco interés, sí, ¿o acaso desconocimiento? De ahí, nuestro pesimismo, contrario en esta ocasión al espíritu que nos caracteriza.

Una forma de superar esta mirada preocupada es ahondar en el poder metafórico de los puentes, lo que será objeto de nuestra próxima entrada, elaborada con motivo de una reciente Tribuna de Antonio Caño en El País.

Hasta entonces, enviamos nuestro más cordial saludo a los seguidores que nos apoyan,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net & https://comoelagua.net/

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Daniel Innerarity, más de un mes después

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El sábado 12 de septiembre, dimos a conocer en este blog un resumen de las  reflexiones que nos había sugerido el estudio de la reciente obra de Daniel Innerarity Una teoría de la democracia compleja. Gobernar en el siglo XXI (Galaxia Gutenberg, 2020).

El trabajo completo, titulado Reflexiones sobre una obra seminal, lo distribuimos a través del correo electrónico de la Asociación. Recibimos algo más de medio centenar de respuestas. Hoy publicamos los comentarios que nos remitió David Corominas (Ph. D. en Geografía Económica por Leeds University y experto en Comunicación), quien nos ha autorizado a compartir sus ideas con nuestros seguidores.

Con ello contribuimos a ampliar el conocimiento colectivo del pensamiento del profesor Innerarity, al mismo tiempo que —fieles a nuestra visión— fomentamos el desarrollo de los valores democráticos de los ciudadanos.

En lo que sigue, reproducimos —en cursiva— el texto que recibimos de David Corominas con fecha 29 de octubre, titulado «Daniel Innerarity, más de un mes después». Sus comentarios, desprovistos de citas concretas, no pretenden constituir una nota académica. Están redactados en estilo telegráfico y agrupados en nueve puntos expuestos sin un orden determinado. (En el octavo hemos añadido una breve nota aclaratoria sobre la duda que nos manifiesta). Helos aquí:

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  1. Me ha gustado la propuesta global (Innerarity + la vuestra). Soy firme partidario de romper visiones dogmáticas / fundamentalistas / esquemáticas / maniqueas / dicotómicas de la realidad que vivimos. Sobre todo, de algo que en broma llamo la falacia dialéctica de lo social —público privado— sobre la que se han construido propuestas políticas mutuamente excluyentes. (Lo califico de broma porque sería muy poco riguroso si le diera categoría analítica a mi falacia).

 

  1. Creo, además, que sumar una aproximación histórica ofrecería una interesante evidencia del error común de pensar [Estado = Público] y [Empresa = Privado] y, a su vez, dotar a cada binomio de un valor moral X en función de la posición identitaria del observador
  • Empresa= Privado = Virtud (neoliberalismo)
  • Estado = Público = Virtud (neosocialdemocracia)

 

  1. La gobernanza es un término bien lábil que puede servir para un roto y un descosido, soy muy cauto con su empleo. A primeros 90 me adentré en su estudio por cuestiones doctorales. Llegué a publicar un pequeño texto con el cátedro y amigo Luis Enrique Alonso sobre la “gobernanza glocal” (1994). Mis colegas me criticaron mucho por el uso de ambos términos “gobernanza” y “glocal”. Es verdad que entonces estaba muy influido por la literatura anglosajona, viviendo y trabajando en Inglaterra no podía ser de otra manera. También me influía el teatro de Shakespeare y el rugby de Yorkshire

 

  1. Buscar fórmulas para un orden social crecientemente equitativo no puede ser excusa para ignorar la etiología de nuestro presente, lo que queremos mejorar, aquello que se muestra con fallas en muchos aspectos, la equidad, uno de ellos. La variable tiempo no debe ser coartada de anclajes arcádicos pretéritos. Como siempre dice mi suegro (cátedro de la UCM, un titán de la Hª Antigua en nuestro país: Domingo Plácido se llama) la Historia es un extraño lugar. Entender los procesos sobre la variable tiempo, debe ayudarnos a comprender, incluso para el paradigma sistémico, que las realidades humanas NO están predeterminadas y que las relaciones de interacción social están siempre “re-ordenando el orden social”. Y lo digo sin necesidad de adscribirme a una formulación materialista-histórica, pero sí alejándome de interpretaciones estructuralistas que renuncian a la historia para comprender lo social (Saussure, Levi-Strauss, Althusser…)

 

  1. La realidad humana, afortunadamente es plural, polivariable, archidiversa, y por qué no decirlo: proto azarosa. La complejidad nos ha acompañado a lo largo del devenir humano. Si bien es cierto que ahora, desde hace varias décadas, el planeta tierra o mejor dicho sus habitantes: nosotros, funcionamos como una gran tribu, un gran sistema hiperconectado donde lo que queda fuera es pura anécdota. Por primera vez en términos históricos nos vemos obligados a gestionar la información que nos rodea con mecanismos altamente sofisticados (y no hablo de tecnología necesariamente). La resolución de problemas micro y macro así nos compele.

 

  1. En ningún caso creo que el dilema que tenemos frente a nosotros sea dicotómico: Libertad vs Seguridad (¿Occidente vs Oriente?) o Casta/1% vs subalternos/99%. Negar estas dicotomías, a mi entender, no excluye la existencia de estas problemáticas en lo concreto: cómo la libertad, cómo la seguridad, cómo las oligarquías (quién, dónde, cuánto) cómo los subalterno (ídem)

 

  1. El ejemplo de Nueva Zelanda es harto interesante. Es una nación estado   muy aislada del “mundanal ruido” (su éxito en la gestión de la covid da muestras de ello). Son pocos habitantes sobre un territorio amplio. Juegan al rugby que asustan (es chiste…pero cierto). El orden social crecientemente equitativo que están construyendo se ha beneficiado también, según palabras de un investigador de Auckland, de la ausencia o mejor dicho han sabido evitar la influencia de ciertos venenos epocales: “en mi país hemos logrado que los negocios mediáticos de R. Murdoch no hayan entrado y cuajado, Esto ha facilitado mucho que tengamos un debate político sereno de ideas, sin populismos y estridencias extremas de diferente signo”. Importante reflexión que leí en algún medio, tras el éxito del partido laborista neozelandés. No es anecdótico, me parece.

 

  1. Hay una cosa que no termino de comprender en vuestro texto. ¿Por qué subrayáis a Innerarity que sus referencias son del ámbito de las ciencias sociales y no de las ciencias naturales? La democracia es un hecho social (político, institucional, económico) es lógico que tire de referencias de ese territorio siendo él filósofo, ¿no? Y lo dice un geógrafo de formación, una disciplina intelectual cuyo ADN es el diálogo constante entre las ciencias naturales (geología, geomorfología, climatología, edafología, etc.) y las ciencias sociales (sociología, economía, demografía, etc.) (*)

 

  1. En resumen, opino que vuestro trabajo es una excelente reflexión, bien expuesta en forma y fondo. Osada, elegante, y constructiva. Enhorabuena.

 

Os estoy agradecido por hacérmelo llegar y, también, por el reto intelectual que me ha supuesto. Dado que Niklas Luhmann, Humberto Maturana o Ilya Prigogine fueron autores que frecuenté hace ya un par de décadas, volver a pensar en términos sistémicos me parece fascinante.

 

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(*) Opinamos, al igual que tú, que es lógico que Daniel Innerarity, filósofo, se apoye mayormente en las ciencias humanas. Y es su mérito el haberse introducido en un territorio que le es ajeno, el de las ciencias naturales. Innerarity ha recurrido a ambas fuentes con un único fin: comprender y familiarizarse con las ciencias de la complejidad para, con ello, enriquecer su disciplina, la filosofía política, y proponer una nueva praxis. Sucede que la visión que la sociología tiene de las ciencias de la complejidad representa, a nuestro juicio, una suerte de “derivada segunda” de lo que los científicos duros entienden por complejidad. A lo que, a nuestro entender, hay que añadir la particular interpretación que Innerarity hace de ese componente esencial de la complejidad que es la teoría general de sistemas. Todo ello explica que el pensamiento sistémico no nos parezca el camino más acertado para argumentar, por ejemplo, los procesos soberanistas, vasco y catalán, que son del interés de Daniel Innerarity.

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Con nuestra gratitud a David Corominas, deseamos que sus reflexiones merezcan el interés de los seguidores de este espacio.

Un saludo muy cordial,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

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… los partidos seguían ahí

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Reproducimos a continuación el artículo de opinión de Sofía de Roa publicado hoy, miércoles 14 de octubre, en EL SALTO bajo el título Y cuando llegó la república, los partidos seguían ahí.

Sofía de Roa forma parte desde 2013 del equipo humano que impulsa la Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas. Master en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (2013-2014), su TFM «Democracia interna y partidos: Sistemas de indicadores de calidad» fue publicada por la Editorial Académica Española (Madrid, febrero 2017).

Por ello, aquí y ahora, con la publicación de este brillante artículo, nos complace sobremanera festejar la entrada número 100 de nuestro blog, dedicado a fomentar el desarrollo de los valores democráticos de los ciudadanos. Un espacio donde publicamos nuestros propios trabajos de investigación y en el que contamos con la valiosa participación de firmas tan relevantes como diversas, entre las que, además de la de Sofía de Roa, se encuentran las de José María Martín Patino y Víctor Sampedro, Miguel Ángel Aguilar y José Luis González Quirós, Javier Sada y Ester Crespo, Daniel Innerarity y Manuel Alfonseca, Daniel Jiménez y Juan José Sánchez Arévalo.

Texto completo del artículo de opinión de Sofía de Roa,

publicado hoy en EL SALTO, 14 octubre de 2020, 04:30

Que la monarquía está en crisis es un hecho. Vive el peor momento de su historia reciente y ya no estamos ante una mera hipótesis. La foto del momento que muestra la encuesta publicada por 40dB para la Plataforma de Medios Independientes arroja múltiples datos sobre las creencias y sentimientos de los españoles hacia la Corona. Y también nos indica, por enésima vez, que hay un elefante en la sala y no es el de Botswana.

Sí, los datos son meridianos. Una de las mayores certezas que tenemos permite afirmar que la crisis institucional que atravesamos es real, es grave y más visible como consecuencia de los estragos de la pandemia. Y más aún, sabemos que en este club de instituciones en crisis, a nuestro pesar, la monarquía no está sola. Ojalá la Casa del Rey y su familia fueran una excepción, pero la crisis atraviesa de manera feroz a las principales instituciones del Estado: el Parlamento, el poder judicial, los medios de comunicación o los sindicatos también fomentan, sufren y padecen una fuerte pérdida de confianza y de credibilidad. Y en esta lista, también a nuestro pesar, siempre hay una que se lleva la palma, que resiste con vigor y robustez en la peor posición, muy de lejos, sin despeinarse y, sin embargo, logra pasar desapercibida ante propios y extraños.

No, no nos vamos a llevar ninguna sorpresa. Me refiero a los partidos políticos, esas organizaciones opacas que no se sabe muy bien qué hacen más allá de pensar en las próximas elecciones, permanecer en una campaña electoral constante y trabajar para mantenerse en el poder de turno. Pero parece que no toca hablar de esto o que no hay mucho que decir. O peor, que no hay mucho que hacer. Y es que, ¿son mejores los partidos que la monarquía? A ojos de la ciudadanía, no. Incluso podemos especular con que una parte de ella quisiera su desaparición, de manera tan legítima como de las que desean una república. Y entonces, ¿qué consecuencias tiene que las organizaciones encargadas de garantizar una participación política plural de la ciudadanía estén en una situación peor que la propia Corona?

Las comparaciones son odiosas, pero no deja de llamar la atención el contraste de ver cómo el legítimo y democrático enfado de los representantes públicos ante la falta de ejemplaridad de la monarquía se convierte en condescendencia y resignación cuando se trata de asumir que los partidos no cumplen con su papel constitucional, como si de un determinismo divino se tratara. Y sin comparación, ¿qué responsabilidad tienen ante esta crisis sus aparatos, que de facto canalizan el poder hacia el Estado para que se mejore nuestra maltrecha institucionalidad? En cualquier caso, las personas que prometen la regeneración del Estado, la modernización de la monarquía o, en su defecto, una nueva república, a su vez se alimentan, crecen y se desarrollan dentro de unas estructuras que echan para atrás a la mayoría de los ciudadanos.

El rechazo viene de lejos. Abruma tanto la falta de confianza que inspiran, como la falta de atención a esta cuestión y, aún más, comprobar que poco o menos se hace para paliar esta circunstancia estructural de nuestra democracia. Los partidos son un problema que está en el top tres de las preocupaciones de la mayoría de los españoles desde hace más de una década, llegando en 2020 a un nivel de desapego nunca registrado en el histórico de las encuestas del CIS desde 1985. Sin embargo, esta cuestión no entra dentro de la agenda setting de los medios ni mucho menos dentro del debate político.

Son los partidos los lugares de los que salen casi el 100% de las personas que nos legislan y nos gobiernan. Quienes van a drenar la crisis de las instituciones. Para el caso de la Corona se piden cambios legislativos profundos que permitan desde que el jefe del Estado sea juzgado por sus actos, que la rendición de cuentas se extienda y se normalice también en la casa del Rey, y hasta la convocatoria de un referéndum sobre la forma del Estado. Y hasta ahora, más que trabajo sobre estas propuestas o un debate serio y riguroso en el que se involucre toda la sociedad, desde los partidos, cuáles buitres carroñeros, más bien se empecinan en esforzarse para sacar tajada de la situación. Se encuentran, unos más que otros y con más o menos acierto, a la caza del voto monárquico o republicano. Todo lo demás… ya se verá.

Y el elefante seguirá ahí. La urgente transformación que requieren los partidos culminará cuando se conviertan a ojos de la ciudadanía en unas organizaciones sanas y respirables, que fomenten la participación política, un debate público que no sea una quimera y colaboren en revertir el clima de polarización y crispación al que han contribuido más de lo esperado. Esta transformación fundamental va más allá de las leyes, de los programas y de los cambios en el código ético de turno. Se trata de poner todos los recursos disponibles para engendrar en su interior una cultura democrática que podamos palmar para llegar a confiar de nuevo en los partidos por lo que hacen, y no tanto por lo que dicen que hacen o que van a hacer. Hasta entonces, quizás llegue la III República, pero los partidos y el resto de animales de nuestra particular selva patria seguirán ahí◼︎

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Agradecemos el apoyo que venimos recibiendo de nuestros colaboradores y seguidores, tanto por sus valiosas aportaciones como por sus sugerencias para mejorar permanentemente nuestro trabajo.

Un saludo muy cordial,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

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Reflexionar en tiempos convulsos

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A mediados de enero, vio la luz Una teoría de la democracia compleja. Gobernar en el siglo XXI (Galaxia Gutenberg, 2020) de Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía Política y autor de referencia de esta asociación. Dos meses después, el 14 de marzo, el Gobierno declaró el estado de alarma con estrictas medidas sociales y económicas para contener la pandemia. Y el 3 de agosto, Juan Carlos I comunicó a su hijo, el rey Felipe VI, su decisión de abandonar España con el fin de evitar que las noticias sobre su fortuna en el extranjero dañaran a la institución monárquica.

En estos tiempos convulsos, en los que la vida colectiva se está viendo agitada, hemos pensado con atención y detenimiento sobre el contenido de este libro. Una obra que, a nuestro juicio, está llamada a provocar nuevos e importantes desarrollos.  El resultado de este detallado análisis lo hemos recogido en Reflexiones sobre una obra seminal, un breve ensayo que hoy presentamos a nuestros seguidores.

Sostiene Innerarity que las categorías hasta ahora empleadas para interpretar el mundo y actuar sobre él se muestran incapaces frente a la complejidad que caracteriza nuestra época. La incorporación de conceptos propios de las ciencias naturales al pensamiento político es el camino elegido por Innerarity para poner al día teorías y sugerir nuevas prácticas.

El ensayo que hoy presentamos contiene dos bloques de propuestas:

  1. Las propuestas incluidas en el primer bloque están relacionadas con determinados aspectos de la complejidad. La interpretación que ofrecemos sobre este concepto central de la ciencia moderna nos conduce a discrepar de Innerarity en asuntos tales como unilateralidad (del proceso soberanista catalán), imposición (del Estado español) y la consiguiente propuesta de bilateralidad.
  2. El segundo bloque ofrece un par de sugerencias para fortalecer la imagen exterior de España (cómo nos perciben desde fuera) así como nuestra propia autoestima. El imprescindible entendimiento entre la esfera pública y la privada, así como el necesario desarrollo de una cultura de mejora institucional permanente en el seno de las organizaciones, son los dos ejes de este segundo grupo de iniciativas inspiradas en las ideas de gobernanza y de la configuración política del futuro desarrolladas por Innerarity.

Es el momento de agradecer al profesor Daniel Innerarity @daniInnerarity su excepcional obra que, si bien nacida en el ámbito académico, no está destinada al autoconsumo de filósofos y politólogos, pues manifiesta una clara intención práctica. Y es también la ocasión para agradecer a Galaxia Gutenberg @G_Gutenberg su magnífica labor editorial.

Para la elaboración de estas  Reflexiones sobre una obra seminal, hemos tenido asimismo en cuenta:

  • Las entrevistas concedidas por Daniel Innerarity a @JosepBofillP (@ciutatnova), Manuel Manchón @mmcias (@cronicaglobal) y Antonio Gª Maldonado @MaldonadoAg (@TheObjective_es) con motivo de la promoción de esta obra, así como la concedida cinco meses después a @justobarranco (@LaVanguardia), coincidiendo con el lanzamiento de su nuevo libro Pandemocracia, también editado por Galaxia Gutenberg,
  • Y diversos artículos de opinión de Innerarity sobre esta temática, aparecidos en los medios de los que es colaborador habitual: @elpais_opinion, @elcorreo_com, @diariovasco y @LaVanguardia

En su versión preprint, estas  Reflexiones sobre una obra seminal merecieron opiniones estimulantes y elogiosas, lo que nos anima y obliga a seguir mejorando. Ahora deseamos que esta edición en nuestro blog despierte asimismo el interés de nuestros seguidores.

Un saludo muy cordial,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net & https://comoelagua.net/

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Tal para cual

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El argumento de este post es muy poco original. Nada que nuestros seguidores ignoren. Lo que contiene esta breve narración es un grito: ¡Basta ya! Si, ya está bien de despotricar contra la clase política, da igual roja que azul. Porque idiotas los hay de todos los colores. Mi grito suena de este modo, tan desenfadado como enfadado me siento. Aquí van 350 palabras mal contadas:

Yo no estuve allí, por eso hablo de oídas. Dicen que hace unos dos mil años, cuando Atenas era una ciudad-estado, se llamaba idiota al ciudadano que velaba por lo suyo y se desentendía de los asuntos de la comunidad. Y también dicen que quienes, además de cuidar de sus bienes, se interesaban por la cosa pública eran conocidos como políticos.

Vamos, que, en la Grecia clásica, el ciudadano libre y con derecho a voto era o bien un ἰδιώτης o bien un πολιτική. No todos, ciertamente, pues esclavos y mujeres no podían votar, aseguran los estudiosos. Pero, como te digo, hablo de oídas pues, aunque hubiera vivido en la cuna de la democracia, no me habría enterado de nada, ya que no me manejo en griego antiguo.

Pasado el tiempo, es decir, ahora mismo sin ir más lejos, nos hemos inventado un deporte que espero no acabe siendo olímpico, y nunca más oportunamente dicho. A este deporte tan nuestro se le suele llamar así: Leña al político que es de goma. Es un deporte tan popular como lo son el fútbol y el baloncesto, bien que no necesita balón alguno; solo vocación. Para jugarlo, basta con ser populista.

Repartimos leña como si los políticos vinieran de Marte; como si no salieran de donde han salido siempre: de entre nosotros, que somos quienes los elegimos. Por esta razón, sin duda de ningún género, un marciano que estuviera de visita por la Tierra no comprendería este deporte tan extendido y popular: “¡Qué raros son estos terrícolas: se autolesionan a leñazos!”.

No le demos más vueltas: hay políticos buenos y políticos malos, como en todo gremio o profesión. Nos ha jodido mayo con las flores, que dicen los castizos. Y es que este juego solo cabe ser entendido en clave de humor, como un entretenimiento, un tema inagotable de chistes conocidos. Porque solo los idiotas de nacimiento pueden practicarlo como un ejercicio de crítica política. Bueno, no solo estos, también quienes necesitan inventarse un culpable para, de este modo, sentirse víctimas y a salvo de ser preguntados por su contribución a la sociedad.

Un saludo muy cordial.

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

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Coronavirus: Golpe de Estado Mundial

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Alfredo J Ramos, amigo nuestro, editor y periodista, creó en 2009 su blog La posada del Sol de Medianoche, donde hasta la fecha ha publicado 2243 entradas.

Alfredo nos envió recientemente un artículo que le había llamado la atención. Nos pedía si podíamos darle nuestra opinión sobre su contenido. El artículo se titula Covid 19: Operación acordeón. Su autor es Jorge Sánchez de Castro @elunicparaiso.

A continuación, reproducimos la opinión que nos ha merecido este interesante trabajo. Creemos que, ambos -el artículo de Sánchez de Castro y nuestra opinión sobre su contenido- pueden merecer la atención de nuestros seguidores. Este es el texto, en estilo telegráfico, que le hicimos llegar a Alfredo.

  1. El artículo es, simplemente, brillante, en fondo y forma, más allá de que se comparta el punto de vista del autor o se disienta de él como nos ocurre a nosotros, en parte.
  2. Se trata, pues, de un artículo para guardar, como hemos hecho, junto con el agradecimiento a ti por habernos puesto en la pista de este trabajo.
  3. ¿En qué estamos de acuerdo con el autor y en qué discrepamos de él? Estamos de acuerdo en que “las grandes corporaciones internacionales, China, EE.UU. …” serán las grandes beneficiadas. Vamos, es que tinto y en el frasco, o como se diga para enfatizar una evidencia.
  4. Estamos en desacuerdo en que el “golpe de Estado mundial” sea el resultado de: 1 la voluntad (querer), 2 los medios (poder) y 3 la capacidad estratégica (saber) de alguien(es) concreto(s), con nombres y apellidos, reunidos durante un tiempo en un lugar determinado.
  5. Precisamente este punto es el que el autor -muestra de su honestidad intelectual- comienza por aclarar: “No pretendo expresar ni siquiera una hipótesis sobre las causas”.
  6. Para ilustrar nuestra opinión sobre las causas que han originado la situación en que nos encontramos, recurrimos a dos pasajes que transcribimos para ti en lo que sigue.
  7. Primer pasaje: “Muchos grandes problemas de la ciencia de hoy parecen estar a la espera de que cierta pregunta obtenga respuesta (…) La pregunta es ésta: ¿Es el azar un producto de nuestra ignorancia o un derecho intrínseco de la naturaleza?” [Wagensberg, Jorge. Ideas sobre la complejidad del Mundo. Barcelona: Tusquets Editores. Marzo 1985, pág. 22].
  8. El Propio Jorge responde algo más adelante: “Sentenciemos solemnemente: sea el azar epistemológico (el azar con minúscula) el nombre que damos a nuestra ignorancia (…) y sea el azar ontológico (el Azar con mayúscula) una entidad metafísica que representa la contingencia pura que actúa ciegamente en el universo. El azar es concepto del conocimiento y el Azar lo es de las cosas y de lo sucesos en sí”. [Ibídem, pág. 67] (Las negritas son nuestras).
  9. Lo anterior apareció editado en marzo de 1985. Un año y nueve meses después, en diciembre de 1986, la misma editorial publicó la obra colectiva Proceso al azar de la que fue editor el propio Jorge Wagensberg. En ella se recoge lo que aconteció en un encuentro celebrado en el Teatro-Museo Dalí de Figueres. El pasaje que sigue -el segundo de los prometidos- contiene la respuesta de Ilya Prigogine a la cuestión que nos ocupa.
  10. Acorralado, primero, por el propio Wagensberg (“¿Debemos, por el contrario, seguir buscando teorías más finas que destierren el azar incluso en tales situaciones?”); después por Salvador Pániker (“¿… admitiría usted que estos puntos de inestabilidad representan una ausencia total de cualquier tipo de ley natural?”) y, por último, por Jordi Flos (“… la emergencia de las innovaciones tiene lugar cuando la información finita no es suficiente para la predicción. Pero ¿por qué no hablar de azar?”), después de tamaño interrogatorio, decimos, el genial Prigogine acaba por confesarlo todo: “… puedo contestar abiertamente a su pregunta. Sí se puede hablar de azar (Azar, con mayúscula, diría Wagensberg); el azar se ha convertido en un elemento fundamental de la dinámica” [AA. VV. Proceso al azar. Barcelona: Tusquets Editores. Diciembre 1986, pp. 190-192].
  11. Primer resumen: ¿Que los chinos se van a quedar con el mundo?: de alguna forma, creemos que será así. ¿Que lo han, imaginado (pensamiento), anunciado (palabra) y ejecutado (obra)? Lo ponemos en duda. Porque la humanidad se comporta como un organismo vivo sujeto a las leyes inexorables de la termodinámica.
  12. Otra forma de concluir, de resumir lo que hemos venido a decir, es esta: Cuando las leyes por las que nos regíamos han quedado arrumbadas en un segundo plano, las sociedades humanas (que son una parte del Universo) pueden comportarse de forma autónoma, impredecible, y no por falta de conocimiento de los analistas, sino porque la naturaleza puede comportase de forma Azarosa.
  13. La gran pregunta ahora es esta: Si los procesos en curso son los que son (escribimos estas ideas confinados en una casa-refugio, como todo bicho viviente), si cuando amaine el temporal nos veremos regidos por un conjunto de leyes (económicas, políticas, sociales) que aún están en el horno, en fin, si esto está siendo y va a resolverse así, entonces, ¿qué importancia tiene que sepamos a ciencia cierta, o no sepamos con certeza, cómo se originó este pandemónium?
  14. Una primera respuesta que se nos alcanza es esta: Si sospechamos o creemos conocer con certeza cómo, cuándo, dónde y quiénes formaron el tornado en cuyo vórtice nos hallamos, entonces, actuaremos de un modo: mirando al pasado.
  15. Si, por el contrario, damos por cierto que ha sido una conjunción de fluctuaciones las que, autónomamente agigantadas, han dado al traste con la Tierra hasta hoy conocida, entonces, actuaremos de otra forma: mirando al futuro.
  16. Lo más probable -conjeturamos nosotros- es que actuemos en lo sucesivo mirando al pasado, es decir, buscando a los ‘culpables’ de nuestros males. Porque los seres humanos somos lo suficientemente orgullosos como para aceptar que no podemos comprender todo cuanto acontece hasta en el último rincón del mundo. Y es que, en verdad, nos seguimos creyendo no una parte de él, sino el mismísimo centro del universo.
  17. Opinamos, en suma, que deberíamos conducir mirando a través del parabrisas, y no por el retrovisor. Sí, deberíamos actuar de este modo, y hacerlo aceptando que el futuro será fruto no solo de nuestras ideas o de nuestras peroratas sino, sobre todo, de nuestros actos. Solo la congruencia entre pensamiento, palabra y obra nos llevará a buen puerto: una sociedad nunca perfecta y siempre en busca de un orden más equitativo.

Un saludo muy cordial.

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

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Coronavirus: doblemente convencidos

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Cambio de paradigma o cambio de época; época de cambios o época de guerras. Llamémoslo como queramos. El caso es que el tsunami poliédrico que nos arrasa (sanitario, político, cultural, social, económico y, por tanto, mediático) puede interpretarse desde muy diferentes ángulos. He aquí dos posibles puntos de vista.

INTERPRETACIÓN 1: UNA TEORÍA EVOLUTIVA (dedicado a Daniel Innerarity)

Estamos instalados en el ojo de un huracán del que no sabemos a ciencia cierta ni cómo se desencadenó ni cómo ni cuándo acabará. El azar (agazapado en épocas deterministas) hoy se ha agigantado. Ha tomado momentáneamente el control de la situación. Ha postergado, mejor: ha arrumbado, a un segundo plano las leyes por las que nos regíamos. Y, en su lugar, ha abierto un abanico de oportunidades en el que cada varilla apunta hacia un posible horizonte nuevamente estable. Esto es todo; ahora no disponemos de otra cosa. Un conjunto de nuevos órdenes mundiales que, en el mejor de los casos, podremos inventariar, algo que hasta ahora nadie ha hecho, que nosotros sepamos. Podremos enumerarlos, eso sí, pero no determinar de antemano cuál de entre ellos acabará por imponerse ni cuándo. Pero de una cosa estamos convencidos: llegaremos a un nuevo puerto -sea este el que fuere- en el que habremos aprendido a navegar por la complejidad. Tal es la situación en que nos hallamos: una época crítica o caótica entre dos épocas estables, la que hemos dejado atrás y la que aún no nos han presentado.

Lecturas sugeridas:

  • Prigogine, Ilya (1983). ¿Tan solo una ilusión? Una exploración del caos al orden. Barcelona: Tusquets Ed.
  • Laszlo, Ervin (1988). Evolución. La gran síntesis. Madrid: Espasa Calpe
  • Wagensberg, Jorge (1985). Ideas sobre la complejidad del mundo. Barcelona: Tusquets Editores
  • Gómez-Pallete, Felipe (1995). La evolución de las organizaciones. Madrid: Editorial Noesis
  • Innerarity, Daniel (2020). Una teoría de la democracia compleja. Barcelona: Galaxia Gutenberg

 

INTERPRETACIÓN 2: FICCIÓN DISTÓPICA (dedicado a Juan G. Tenorio)

En una reciente entrevista, Timothy Garton Ash responde con un “No” tajante a la primera pregunta: “¿Estamos en una guerra?”. El prestigioso historiador y periodista británico, “desborda un ‘cauto optimismo’ en medio de la pandemia al elogiar el enfoque de Ángela Merkel” de la que acaba por decir que “dejó claro que es una situación muy seria, pero sin adoptar una retórica churchiliana”. Pese a todo lo cual añadimos, aquí y ahora, el siguiente pensamiento del que es difícil zafarse. Veamos. Cambiemos en nuestra mente a millones de muertos por miles de fallecidos, refugios antiaéreos por confinamientos domiciliarios, hambruna y estraperlo por desabastecimiento ocasional y picaresca. Reemplacemos la imagen de las fosas comunes en los campos de batalla por morgues improvisadas en las ciudades, hospitales de campaña por hoteles reconvertidos, bombas por coronavirus. Sustituyamos la escena de los cirujanos en las trincheras por la del personal sanitario en UCI desbordadas, los vítores a las tropas vencedoras por los aplausos a las 20:00, la correspondencia escrita, franqueada y censurada por millones de mensajes a la hora. Todo sucede como si los españoles nacidos a partir de los años cuarenta del siglo pasado estuviéramos participando, por primera vez en nuestras vidas, en una situación bélica en toda regla. Es como si los seres humanos interpretáramos cada mañana, sobre el escenario del planeta Tierra, una obra dramática de ficción distópica. También de esto estamos convencidos: cuando hayamos ganado esta III Guerra Mundial, dejaremos de escuchar el silencio ensordecedor que hoy se apodera de aldeas y ciudades.

Lecturas sugeridas:

  • Orwell, George (2009). 1984. Barcelona: Ediciones Destino
  • Huxley, Aldous (2013). Un mundo feliz. Madrid: Editorial Cátedra
  • Bradbury, Ray (1967). Farenheit 451. Barcelona: Plaza & Janés
  • Kafka, Franz (2013). El proceso. Madrid: Alianza Editorial
  • Saramago, José (1996). Ensayo sobre la ceguera. Madrid: Alfaguara

 

Un saludo muy cordial.

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

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Coronavirus. Consejos y advertencias

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La Organización Mundial de la Salud ha difundido recientemente un breve documento sobre el COVID-19. Creo que merece la pena ponerlo a disposición de nuestros seguidores. Contiene 14 advertencias y consejos expuestos de forma muy didáctica, que considero de mucha utilidad en estos momentos.

Si estás interesado, aquí puedes descargarte la versión en español que he realizado pro bono.

Un saludo muy cordial.

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net

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Nuevas fuentes de credibilidad

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Acaba de aparecer el número 10 de la Revista Española de la Transparencia que “cuenta con nueve artículos y dos recensiones de libros. Los temas que se abordan en este número están relacionados con las infracciones del derecho de acceso, la transparencia en los parlamentos, la participación ciudadana, la prevención de la corrupción y la protección de datos”.

Nos satisface compartir con nuestros seguidores unos de los artículos incluidos en este número: Nuevas fuentes de credibilidad. Se trata de nuestro más reciente ensayo del que ofrecemos el siguiente extracto:

RESUMEN

La confianza que las instituciones de un país inspiran en la ciudadanía se ha visto dañada en los últimos años, dentro y fuera de España. En el diagnóstico de las causas que nos han llevado a esta situación se abre paso una pregunta: Las fuentes de prestigio y reputación a las que se ha recurrido hasta ahora, ¿siguen siendo las únicas posibles?

En este trabajo se ofrecen nuevas posibilidades, otras fuentes de credibilidad para recuperar el terreno perdido. Estas propuestas vienen a sumarse a los mecanismos generadores de confianza tradicionalmente utilizados y que permanecen vigentes.

Para la adopción de los planteamientos y métodos de trabajo aquí recomendados, resulta imprescindible establecer puentes poco transitados en España: la combinación de categorías -teóricas y prácticas- de las organizaciones de carácter privado con las categorías propias de las organizaciones de carácter público, tanto en su esfera política como en la administrativa.

CONTENIDO

1. Dos estados de ánimo – 2. Confianza, transparencia y credibilidad – 3. Ampliar la mirada – 4. Desarrollo cultural y metodologías mixtas – 5. Conclusiones – Bibliografía.

PALABRAS CLAVE: Transparencia, confianza, credibilidad, cultura organizacional, pensamiento institucional.

CONCLUSIONES

En este trabajo se propone una nueva forma de entender y practicar la transparencia cuando el objetivo de los dirigentes es fortalecer la credibilidad de sus organizaciones y, con ello, la confianza que los diferentes grupos de interés pueden depositar en ellas.

En primer lugar, se ofrece el significado de las tres categorías básicas utilizadas, a saber, confianza, transparencia y credibilidad. Aportamos este esquema por considerarlo necesario para evitar los frecuentes equívocos que produce el uso simplista de los conceptos involucrados.

A continuación, se plantean los dos pilares necesarios para adoptar la nueva forma de entender y practicar la transparencia:

  1. Complementar la disciplina del cumplimiento normativo con la práctica de la mejora institucional permanente. Este primer pilar (no limitarse a cumplir, sino además proponerse mejorar) comporta la necesidad del segundo
  2. Ampliar los contenidos de la comunicación transparente. Además de comunicar los hechos pasados y las situaciones presentes a que obligan las leyes y las normativas vigentes, las organizaciones deberían comunicar, con igual rigor y transparencia, los compromisos de mejora institucional que hayan sido elegidos (qué, cuándo y quién) para el próximo ejercicio.

En tercer lugar, y como consecuencia de lo anterior, se recomienda como imprescindible la adopción de metodologías mixtas basadas en las sinergias entre (a) el pensamiento y las prácticas de las organizaciones de carácter privado (con y sin ánimo de lucro) y (b) el pensamiento y las prácticas de las organizaciones de carácter público (tanto en su esfera política como en la administrativa).

Por último, y con el fin de complementar la argumentación conceptual sobre la que descansa esta propuesta, se ofrece la reseña de un caso de éxito recientemente llevado a cabo por los autores en Colombia.

Deseamos que su contenido sea de vuestro interés. Permanecemos atentos a cuantos comentarios, dudas y sugerencias queráis enviarnos.

Un saludo muy cordial.

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

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