Corresponsables

En Ecologismo y guerras culturales, Fernando Vallespín sostiene lo siguiente: «Lo característico de la cuestión ecológica es que aquí todos somos corresponsables, desde la cima del poder hasta el último ciudadano (sic), cuyos hábitos de consumo pueden provocar efectos indeseados».

En nuestra opinión, al ciudadano que arroja neumáticos al mar o botellas de plástico a la cuneta se le puede llamar incívico e insolidario y se le debe sancionar de acuerdo a derecho. Pero de ahí a señalarle como causante del cambio climático en pie de igualdad con los poderes económicos (“todos somos corresponsables”), hay un largo trecho que los analistas de hoy no tienen empacho en recorrer, llevados en volandas por los últimos y aterradores informes de los expertos del IPCC. Lo que no deja de ser una deriva de tintes populistas.

Según afirman los expertos, los procesos naturales (ciclos de Milutin Milanković, etcétera) no influyen en la actual crisis ecológica de la Tierra, cuya edad se estima cercana a los 4530 millones de años. La crisis está exclusivamente ocasionada, según estos mismos expertos, por la actividad incontrolada del hombre desde los comienzos de la revolución industrial, hace unos 260 años. Es la actividad humana la única responsable. Aceptado: en tan solo el 0,000006 % de los años de la vida del planeta nos lo hemos cargado. Aceptado. Somos los reyes de la creación y sus asesinos. Aceptado. Parafraseando a Pep Guardiola, somos los putos amos del Universo. Volvemos a situarnos en el centro del mundo. Aceptado. Todo lo que ocurre es fruto de nuestras decisiones. Vale.

Pero de ahí a fomentar la mala conciencia de los habitantes del planeta, en tanto que individuos, hay un paso que, por más que tentador, creemos no debe darse. Porque son los poderes económicos de nuestro tiempo (industrial) los causantes del desastre que nos envuelve. En nuestra opinión, haber adquirido hace unos años un vehículo diésel, el más ecológico del mercado, según las autoridades del momento, no nos convierte en copartícipes del actual desaguisado en la misma medida que lo son la industria automovilística y los correspondientes organismos reguladores. Y esto es solo un ejemplo de lo que queremos decir. Basta ya de atenazar, amedrentar, culpabilizar a los individuos, en lugar de poner el principal foco en los poderes económicos. Basta ya. Hablar de corresponsabilidad cuando el peso de unos y otros es tan desigual nos parece un dislate, algo fuera de toda razón.

Y por si este desproporcionado reparto de papeles no fuera poco, en la mencionada columna, su autor insinúa una ecuación que está igualmente de moda: las izquierdas son ecologistas impecables, mientras que las derechas, incluso en contra de sus propios intereses, resultan ser negacionistas implacables. Una moda que, dicho sea de paso, ha crecido sobre una realidad objetiva, a diferencia de otras de parecido tenor (la supuesta superioridad moral de las izquierdas, por ejemplo) sustentadas sobre creencias que no sobre hechos. En cualquier caso, Fernando Vallespín introduce este matiz después de haber enfatizado lo obvio: que el cambio climático no es una cuestión de derechas o de izquierdas. Evidentemente, no es una cuestión de parte, pero igual de evidente resulta el diferente papel que tienen la cima del poder y el ciudadano.

Por último, el hecho de aceptar que el origen de nuestros males nos pertenece solo a nosotros tiene, eso sí, una gran ventaja. Pues así evitamos enfrentarnos a un problema mucho más grave, el que supondría admitir que la actual crisis tiene ciertos desencadenantes exógenos, es decir, fuera de nuestro control, lo que resultaría aterrador. Como cuando en las narraciones de ciencia ficción el presidente de los EE. UU. anuncia al mundo que un asteroide de dimensiones kilométricas se dirige hacia nosotros. Un asteroide que vendría a ser primo hermano del que acabó con los dinosaurios hace unos 70 millones de años, es decir, antes de ayer en el calendario geológico. Que no estemos en un escenario de este tipo supone, sin duda, un gran consuelo, argumento que los negacionistas suelen omitir con esmero.

Este es, en fin, nuestro alegato en favor de una doble corresponsabilidad matizada: corporaciones—individuos y actividad humana—causas naturales.

Atentamente,

Felipe Gómez-Pallete felipe.gpalleterivas@ccdemocraticas.net

Paz de Torres paz@ccdemocraticas.net & https://comoelagua.net/

Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas.

 

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